Como el poeta Pablo Neruda confesaba en sus memorias todo lo que había vivido, yo también confieso que durante los últimos cuarenta años he escuchado más de cuatrocientas y picos conversaciones, que en ocasiones se mutaban en discusiones, acerca de las bondades y los defectos entre los murcianos y cartageneros, que se piropeaban con los adjetivos de barrigasverdes y aladroques, en su versión más fina y educada, y no he llegado nunca a ninguna conclusión concluyente.
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Feria de Murcia 2009
De lo qué la vida es una tómbola de luz y de color, que les decía ayer mismo, no tengo ninguna duda. Un servidor por lo mismo podía haber sido un enviado especial de cualquier estúpida guerra, sin embargo por azar, aquí me tienen al otro lado, en la parte festera, en la paz, asistiendo a las kábilas y mesnadas que personifican la convivencia entre moros y cristianos, desde la fundación de Medina Mursiya, dicen que por el año 825 por el Emir Adderramán II hasta la reconquista cristiana allá por el 1243.
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Feria de Murcia 2009
Las músicas de la feria ya están sonando y girando como un carrusel, unas a otras se suceden armoniosamente, como en un mar de olas pausadas con los folklores del Festival Internacional en el Mediterráneo, y con sus ritmos tradiciones nos incitan a bailar al compás de otros ritmos, a soñar que por momentos, un suponer, estamos en la India o en Armenia. Más de 11 grupos folklóricos de cuatro continentes danzan por las calles de Murcia.
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Feria de Murcia 2009
En la fiesta sí que somos atípicos, a los murcianos no hay quién nos gane en lo que a festejos se refiere, ni crisis que le resista a la hora de echar un rato de parranda, Después de dos meses de vacaciones, aquí la rentrée la iniciamos con un pedazo de feria. Y con música para todos. No hay más que ir a los huertos, para ver que están a reventar.
Lo que de a uno lo lleven al huerto nunca está demás, aunque sea con insanas intenciones. El dilema empieza cuando te llevan a los huertos y tienes que elegir en que lugar aposentas tus reales, pues anda que no hay donde elegir, entre las dos zonas: una más moderna y otra tradicional.
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Feria de Murcia 2009
Menos mal que no llegué a la clausura de la feria del ganado, en un mercedes blanco como creo que cantaba Kilo Veneno o Los Pata Negra, pues menudo estaba el patio en el recinto de La Azacaya. ¡Menudo gentío!
El caso es que iba yo con mucha ilusión a la anunciada carrera de burros, con la misma intensidad como va el filósofo Fernando Savater al hipódromo de Lasarte, y, a pesar de llegar con la carrera ya empezada, el asunto mereció la pena. Competían los asnos de de dos en dos, en un ambiente muy divertido, dándole un par de vueltas a un recinto vallado. Ya venía uno con el encargo, por parte de un colega de la parte de Bilbao, de apostar por el 7, sin embargo no se admitían apuestas. Menos mal, el 7 de nombre Cristina corría contra el número 5 llamado Laura. Pues nada más dar la voz de salida, el 7 parecía ir de paseo pastoril, y el número 5 lo dobló al trote. Peor fue lo número 21 de nombre Loli que nada más dar la voz de ya: se quedó parada, más atascada que una mula y no hubo manera de que se moviera, facilitándole el éxito al 21 anunciado como marica.
Conducía la velada, micrófono en mano el director de la Feria, Santiago Lidón con aplomo y mucho humor, que anunciaba a los siguientes participantes: 25 Puri, de cuerpo muy pequeño contra 24 Paloma, de contextura muy grande. Ganaba Paloma y una señora le indicaba a su marido: “Ver, ya te lo decía yo, burro grande, ande o no ande. Las carreras se sucedían, unas a otras,, hasta que una señora le decía a su hijo, que disfrutaba comiéndose una panocha asada: Vega, vamos nene, no vamos a estar toda la tarde viendo correr burros”.. La carrera había concluido con gran éxito de público, y al final ganó Mónica.
Pero, ¡Cá!, por no quedaba por ver cosas y animales, entre la multitud de personas que iban de un lado para otro mirando, ora a las cuadras de vacas, ora a la cuadras de caballos y yeguas, como si cantaran“mi jaca galopa el viento, cuando pasa caminito de Jérez”. Concluía la Feria con una enorme afluencia de visitantes, y en eso que me tropezaba con don Tomás Fuertes, que me expresaba: “Está muy bien esto de poder ver las cosas autóctonas de nuestra Región, aunque sea un vez al año”. Pues vaya que sí, ¡Menudo gentío!
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Feria de Murcia 2009
En cada ciudad, en cada pueblo, siempre hay unos rincones o unas plazas que tienen por antonomasia la calificación de lugares emblemáticos, y que suelen ser de visita obligada para los foráneos que la visitan. Pues, hablando de plazas, sin más, me voy a referir a la de las Flores y a la de Santa Catalina, en las que los extranjeros que las disfrutan por vez primera pierden al momento su condición de forasteros y se sienten al instante como en su propia casa.
A estas plazas céntricas, rodeadas de un sinfín de bares y cafeterías, acuden cientos de lugareños cada día con la ilusión renovada de hacer más llevadera la jornada. Por estas plazas, situadas junto a la calle de Las Mulas, la calle en la que hay mas bares por metros cuadrados del mundo, se palpa la idiosincrasia de nuestras gentes, alegres y hospitalarias,
A estas plazas, por las que ya han pasado varias generaciones, también acuden los murcianos cuando regresan de la diáspora. Ahora recuerdo una de las noches de la finiquitada Semana del Cine Español en Murcia, abolida por desgracia, que tanto nos proyectaba al exterior. En esa noche se homenajeaba al gran actor Paco Rabal, y, menuda noche, ¡Jo qué noche!, entre amigos. Gran noche en la que nos dieron literalmente las del rosario de la aurora, tanto que a esa hora matutina hasta se le acercó la sacristana de la iglesia a Paco como si lo conociera de toda la vida. Esa era la gran virtud de Paco: todo el mundo lo saludaba y él les hablaba como si fueran de su misma familia. Aquella mañana, después de la luenga madrugada de copas y charlas, Paco se quería comer un bocata de anchoas, y no se comió uno sino dos, en el bar El Fénix, sentado en un barril de cerveza y disfrutando como si fuera un adolescente. Del bar Fénix pasamos al bar La Tapa y más cañas con la tapa por excelencia: La marinera, y más cháchara y más plática de toros, de flamenco, de lo divino y lo humano, hasta que se marchó a las 11 a una sesión de fotografías que le quería hacer una francesa. Paco era ese hombre de Murcia que no cesaba de vender lo nuestro por derredor del mundo mundial.
Bueno, antes de concluir tendremos que aclarar que no estamos de coña marinera, cuando hablamos de cañas y matrimonios. Para los no versados, la marinera es una tapa en la que sobre una rosquilla se pone un poco de ensaladilla y una anchoa, así como el matrimonio es la combinación de una anchoa y un boquerón en vinagre. Nada mejor para acompañar a estas tapas, que unas cañas. Ya lo cantaba el gran Emilio Chicheri, padre de muchos de los rockeros de la Región, que como Silvio para Sevilla es lo mismo Chicheri para Murcia, que ahora tiene nuevo disco: La Fuerza del rock, con su grupo Acequia. Ya lo canta: “En Murcia hace mucho calor/ la cerveza sube bien/ y yo cuando estoy con una murciana/ me sube otra cosa también. Entre cañas y marineras, que les aproveche.
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Encontrar un atisbo de sombra en Murcia, a cierta horas de la tarde, es una gran tarea de carácter morrocotudo, más o menos como la de salir con el candil encendido, a plena luz del día, a buscar la verdad, como dicen que le gustaba a Diógenes.
Encontrar una sombra, o la sombra de un árbol, o aunque sea la sombra de uno mismo, durante el transito por ciertas plazas de Murcia, encementadas y alicatadas hasta los dientes y sin vegetación, que más del gusto mediterráneo parecen de estética nórdica, es algo así como toparse de frente con el vellocino de oro. Esas plazas merecerían un estudio por el taller de arquitectura sostenible y tal. Hay más de una plaza, en la que a uno le gustaría ser ese Usain Bolt que ha pulverizado el récord mundial de los 100 metros lisos.
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Ahora, al compás del tórrido ambiente, recordaba con la precisión de un reloj suizo todos los detalles de la loca escapada de aquel verano de su adolescencia, a las playas de Benidorm, en busca del vellocino de oro que por simbolizaban los gozosos cuerpos de las suecas.
¡Ah, las suecas! Por aquel entonces, ya hacia un par de años que Julio Iglesias había ganado el famoso festival de la localidad costera con La vida sigue igual, y él seguía escuchando cada verano el mismo soniquete: ¡Ah, las suecas!, qué sí las suecas practicaban el amor libre, qué sí las suecas paseaban y tomaban el sol sin la parte arriaba del bikini, y qué sí las suecas cuando las mirabas se hacían las suecas.
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Ahora que el maremágnum de noticias nos ha recordado que el hombre había pisado la luna un julio de hace cuarenta años, después de la tempestad informativa, y ya con la calma en el ánimo, he podido recordar que diantres hacia yo en noche tan memorable; Y me veo ávido de aventuras, en la imaginación de las imágenes, mirando aquel satélite, seguro que absorto y con los ojos saliéndose de la orbita ante aquel televisor en blanco y negro, al tanto que posiblemente estuviera alucinando, viendo aquel alucinaje, por primera vez.
Aquel flamante televisor Iberia, comprado a mil y un plazos, se había convertido en las aventuras de mis noches de aquel verano, que yo disfrutaba como una estupenda luna de miel. Aquella noche memorable que fue anunciada a bombo y platillo como un acontecimiento que iba a cambiar el mundo no me la quería perder por nada del otro mundo que yo ya conocía, aunque me costara una bronca.
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Si los termómetros callejeros marcan 45 o 47 grados y usted siente en su cuerpo gentil una sensación térmica, no crea que los registradores del tiempo se han estropeado, o lo que es peor, ni se le ocurra pensar que está loco. No, es el tiempo el que está ido.
Aunque puede que a su paso, sí no ha tenido más remedio que abandonar el dulce hogar, incluso para aliviar su desasosiego se encuentre a un negacionista del cambio climático, que le indique que el efecto invernadero es un invento moderno, siempre hay un alma caritativa dispuesta a darle un sermoncito.
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Las serpientes informativas como culebrones, son como las bicicletas para el verano. Así que por mucho que uno eche a correr, no se libra de los tópicos y los tipismos, ni pegando saltos. A mí los topicazos no me gustan de ninguna de las maneras, sin embargo hay algunos tipismos que me resultan tan consustánciales al mes de julio, como las chicharras por la mañana y los grillos estivales por la noche, o como el tour, especialmente
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Posiblemente para la gran mayoría de nuestros ciudadanos, sin distinción de clases, puede que la siesta sea una de nuestras costumbres mejor valoradas. No tengo estadísticas al respecto, ni creo que nadie nos pueda decir quien fue su inventor. Algunos, incluso, se han atrevido a proclamarla como deporte nacional. De lo que no cabe ninguna duda, es que esta típica costumbre es muy halagada por los extranjeros que la conocen por primera vez.
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