Los ángeles de Salzillo
10.04.09 @ 18:44:28. Archivado en sobre lo cotidiano
En plena apoteosis de la semana de la Pasión, de forma instantánea me acuerdo de otra pasión, la de San Mateo, que con ser la misma, puede parecer diferente. De manera nítida me llegan las imágenes nítidas de la reconstrucción bíblica de la vida de Jesús, desde su nacimiento hasta la resurrección que realizó Pier Paolo Pasolini en 1964, un año después de haber sido condenado a 4 meses por sus posiciones anticlericales.
El evangelio según San Mateo, de Pasolini, puede que sea una de las películas más interesante, sino la más, de cuantas nos han contado la vicisitudes de la vida de Jesús. Y no sé porqué la vi., o la visualicé, como se dice ahora, hace ya unas cuantas semanas cuando se estaba produciendo la gran metamorfosis de los campos de este rincón del Sur y las flores rosas y blancas de los almendros se abrían como melvas anunciando la pasión de la primavera del sureste.
Esta mirada sobre la película de Pasolini sobre Cristo, con su música de Bach, Mozart, Prokofiev y Webern, me llevó a otras primaveras, incluso a la del 1981 en la que escuché la pasión de San Mateo de Bach en el Teatro de Romea, cuando ese emblemático local era eso y mucho más. Y de repente se me fue el santo al cielo, cuando recordé las palabras bíblicas de San Mateo: “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No podéis servir a Dios y a la riqueza”. Me temo que algunos penitentes no le prestarán mucho interés a estas palabras, especialmente a los que les gusta juzgar y no ser juzgados. A éstos, San Mateo le recuerda: “¿Por qué te pones a mirar la paja en el ojo de tu hermano y no te fijas en la viga que tienes en el tuyo?”. Con una nueva mirada contemplé la película, en la que otra vez me inquietaron los silencios expectantes, los primeros planos y las secuencias que cuentan acerca del evangelio, con una sencillez que por momentos se tornan en una estética sublime.
Ahora en plena apoteosis de la semana de Pasión, me acuerdo de esas representaciones bíblicas que Salzillo recoge en la procesión del viernes Santo en Murcia. Y de pronto me veo como un niño de 8 años al que de pronto se le viene encima el paso de La Oración del Huerto, que parece que se va caer, pero no, al final llegan los costaleros que estaban repartiendo caramelos a diestro y a siniestro. En ese pensar, unas imágenes encadenan a las otras, y ahora me veo en la juventud tardía aguantando la madrugada del jueves santo, de garito en garito, para poder ver los primeros rayos de la luz proyectados sobre la virgen. Y de esas imágenes retrocedo a los desfiles bíblico-pasionales del viernes santo en Lorca en una primavera del 1976: soy cabo primero y me mandan de servicio de vigilancia con una patrulla al meollo de la procesión y me encuentro entre dos bandos: los azules y los blancos que no se andan con chiquitas en sus reivindicaciones, hasta que un capitán de paisano me reconoce y me dice: “Yo que tú, hoy, me iría a un chiringuito de la carretera de Águilas”. Pues ni una palabra más, mi capitán.
Estas y otras imágenes, de manera especial las infantiles, son las que conforman la educación sentimental que tenemos sobre la semana santa, cada cual a su manera. Una semana de Pasión religiosa a la que le sigue otra semana de fiestas primaverales que como una explosión floral, nunca deja de ser una menarquía, como un canto a la huerta. Y halando de la huerta, me encuentro con un texto de Juan Chavas escrito para un homenaje que le dan a Miguel Hernández en el palacio municipal de la Hababa en 1943, que dice del poeta universal: “Tenía un rostro de ángel de Salzillo, porque los ángeles de Salzillo tienen el rostro huertano de los adolescentes de Murcia y de la huerta alicantina de su Orihuela…” Y es aquí, que de nuevo, a punto de terminar este artículo, la música de Miles Davis en su sensacional Sketches of Spain, con su saeta, me lleva en volandas a recordar la apoteosis de la pasión cuando estaba a punto de saber si los ángeles de Salzillo, tienen o no sexo.
Comentarios:
Un abrazo
Vte. Sobrino
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Patricio Peñalver
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