El punto final del Festival Punto Aparte
15.06.08 @ 12:53:15. Archivado en arte
Desde el primer punto de arranque de estas líneas ya les tengo que decir de antemano que la tercera edición del Festival Punto Aparte, que nos llegó otra vez como agua de mayo, tiene ya su punto final, en estas primeras jornadas calientes de junio en las que las cabezas principian a ponerse un pelín alocadas y jaraneras con la calor. Punto y aparte.
La tercera edición del Festival Punto Aparte, que dirige Jorge Martínez, nos brinda una propuesta interdisciplinar en la que el teatro, la danza, la música, el cine, la fotografía y el debate, tratan de aguijonear o de inquietar nuestra atención con la noble intención excitar nuestro ánimo desde una perspectiva diferente, que nos lleve a reflexionar más allá de los espectáculos ruidosos que no nos dejan ver la hojas del bosque. Punto y aparte.
El Festival Punto Aparte, nos presenta unos planteamientos muy distintos a los de la cultura dominante y prepotente de masas: la de consumo, la de usar y tirar, con unos eventos evasivos que solo buscan la complacencia y el entretenimiento. Punto y seguido. Lo cual no quiere decir que los diez proyectos del programa de este Festival, al ser radicalmente opuestos, a lo políticamente correcto, sean aburridos. Más bien todo lo contrario, al gusto. Punto y aparte.
Llegados a este punto, hay que decir que tanto los programadores, como los espectadores, que quedan atrapados en las exigencias del sistema, se oponen a mostrar en los circuitos convencionales este tipo de espectáculos artísticos que plantean propuestas alternativas con nuevos o diferentes lenguajes de expresión y de interpretación, a su vez emergentes, reivindicativos e incomodos con lo ya establecido. Claro que a punto fijo no hay más ciego que el que no quiere ver o sordos que no quieran oír cuando se ponen las orejeras. En este punto neurálgico diré, por si alguien aún no lo sabe, que el lema de la presente edición es la subversión. Punto y aparte.
El punto de arranque de la presente edición se puso en marcha el pasado 22 de mayo con el preestreno de la película La hija del capitán de José Luis García Sánchez, con un gran guión de Rafael Azcona, basada en la trilogía Martes de Carnaval de Valle-Inclán, que creo que datada en el 27. Punto y seguido. Valle-Inclán debería de ser un gran subversivo porque como se le ocurre a uno narrar las costumbres de la arrogancia, el despotismo y el desafuero del directorio militar, durante la época del rey Alfonso XIII. ¡Menudo punto! Sin embargo vayamos punto a punto. La película La hija del capitán es maravillosa. Está narrada con un nuevo lenguaje fílmico con todo lo mejor de la técnica del cine americano. La presentó magistralmente, junto al director, el profesor y director teatral César Oliva que tanto sabe de estos asuntos como de otros menesteres. Cuando en la pantalla apareció el fin los numerosos espectadores aplaudieron y felicitaron efusivamente al director. Esta película también debe de ser subversiva, ya que sorprende que preparada para TVE este ente aún no tenga ni fecha para su programación, que yo sepa. Punto y aparte.
Sin embargo, desde mi punto de vista, como no solo del arte vive hombre, para celebrarlo nos fuimos al Trapería 30, que regenta Antonio Jesús Gras que antes de fraile fue monaguillo y poeta, y comenzamos a cenar estupendamente. Entre viandas, todo estaba en su punto, y tragos, la conversación llegaría después a su punto culminante. Le pregunté a José Luis por el actor Juan Diego que está en la cinta sen-sa-cio-nal, uno de nuestros grandes. Continuamos hablando de nuestro amigo Antonio Gamero, ánimo maestro, todo un secundario de lujo, que siempre le da categoría de protagonista a sus personajes. ¡Menuda persona y personaje! Y en ese punto de ebullición, con los postres y las copas, recordé la otra conversación que había mantenido con José Luis allá por el año 1985, en torno a la dificultad de adaptar las grandes novelas al cine. En aquella ocasión compartía tertulia con nosotros la actriz Aitana Sánchez-Gijón que exponía su opinión con mucho énfasis y saber. Punto y seguido. Y a mí se iba escuchando la prosodia de Aitana el punto al cielo. Puntos suspensivos. Cuando todo parecía estar o yo imaginaba que todo estaba a punto de caramelo. Punto y aparte.
Precisamente el punto final del Festival Punto Aparte, giraba en torno a las actividades de la parroquia de san Carlos Borromeo de Entrevías, en la que ya desde los años 80 oficiaba con los más pobres, Enrique de Castro, el llamado cura rojo, punto y coma; en la que dicen que no toman la comunión con hostias, que lo hacen con galletas o rosquillas, y en la que los fieles suelen leer juntos la Biblia y el Corán. Al parecer, según dicen el obispo, quiere que este centro pase a Caritas. De esos puntos espirituales, creo, que iba hablar el cura Javier Baeza. Yo de esto no digo nada: punto en boca. Punto y final.
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Patricio Peñalver
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