El chiki-chiki y el arte contemporáneo
01.04.08 @ 12:48:17. Archivado en arte
He Observado, no sin cierta diversión, como ciertos politólogos han tratado de comparar la elección política de José Luis Rodríguez Zapatero con la otra social de Roberto Chikilicuatre también elegido por los ciudadanos para que nos representé en Eurovisión, y, como no hay dos sin tres, me acuerdo también de la elección religiosa de monseñor Rouco Varela por las mismas fechas como presidente de la Conferencia Episcopal, y así reparo en lo absurdo de las comparaciones, que casi siempre acaban siendo odiosas. No, no es esto. Al César lo que es del César, al Dios lo que es Dios, y a Roberto Chikilicuatre toda su parte conceptual de arte.
Ahora que para ciudadanos todo vale en arte, desde la escombrera de las ruinas de un edificio urbano hasta la excavación de un túnel en el Jardín del Malecón, ¿Por qué negarle a Roberto Chikilicuatre el carácter de artista contemporáneo? ¿Acaso la peformance de Roberto hubiera desentonado en el proyecto de arte contemporáneo “Estratos” que ahora finaliza en la moderna ciudad de Murcia? ¿Si cualquiera se puede emocionar viendo unos escombros, por qué no lo puede hacer otro bailando el chiki-chiki? Esto podría ser un motivo de reflexión y de discusión, al fin y al cabo esa es la finalidad del arte. Aunque previamente tendríamos qué convenir que es el arte, para preguntarnos después, ¿De qué hablamos de arte cuando hablamos de arte?
El mundo del arte ha dado muchas vueltas desde las vanguardias y aquellas tendencias provocadoras que comenzaron allá por 1915 con los dadaístas dirigidos por Tristan Tzara o el surrealismo en 1924 capitaneado por André Bretón. Y todos sus movimientos contraculturales que le precedieron. Y después de muchas vueltas ahora parece que dirigidos por unos cuantos popes culturales, ciertas galerías, unos pocos comisarios y otros pocos críticos de arte internacionales regresamos a aquellos años. Por ejemplo en la Bienal del Whitney de Nueva York muchos trabajos recuperan el espíritu de Duchamp. O mismamente en la Tate Modern se exponen obras de Man Ray, Francis Picabia y Marcel Duchamp, bajo el título de “El momento en que el arte cambió para siempre”.
Ya ven nada nuevo bajo el sol, regresamos a la idea, al concepto.
El concepto, en la reciente muestra denominada “Estratos” podría ser La montaña de escombros de Lara Almarcegui, que no me llegó a seducir, con la única montaña que me emocioné fue con la mágica de Mann. Y la idea podría ser la de los franceses Abraham Poincheval y Laurent Tixador que pasaron 20 días bajo tierra construyendo un túnel, aunque a más de uno le he oído decir que por la noche salían al exterior y hasta que les traían el menú de algún estupendo restaurante. Esta anécdota me recuerda a “El artista del hambre” de Franz Kafka, en ese relato se narra el negocio de moda que suponía entonces organizar exhibiciones de ayunadores. La misión del artista consistía en estar días y días sin comer en una jaula que era visitada por la ciudadanía, incluso a veces de noche, hasta que iba pasando la moda, e incluso los vigilantes nocturnos se relajaban y se daban al juego de las cartas olvidando su cometido, claro que como el artista era muy digno entonces se ponía a cantar para que los vigilantes no pensaran que estaba haciendo truco y que se estaba comiendo algún chusco que bajo manga le habían pasado por entre las rejas. Aquella moda de los ayunadores pasó, sin embargo como la moda siempre es pasajera ahora regresa otra ola de eso que llaman arte bajo los efectos de la contemporaneidad. Me sigo quedando con aquella ready made de 1917 que se conoce por La fuente, que no era otra cosa que un urinario, sobre esa obra escribió Duchamp: “Si el señor Mutt hizo o no con sus manos la fuente no tiene importancia. Él la eligió. Él tomó un objeto ordinario y lo sitúo de tal manera que su significado cotidiano desaparece bajo un nuevo nombre y un nuevo punto de vista, creando un nuevo significado para este objeto”.
De manera que volviendo al chiki-chiki y al arte contemporáneo de cada día, eso mismo es lo que hace un tal David Fernández al representar en esa peformance al personaje Roberto Chkilicuatre, entre el significante y el significado. No, no tengo nada en contra del urinario del señor Mutt, que presentó Duchamp, y mucho menos de eso que ahora llaman arte contemporáneo, pero puesto a elegir, para miccionar o jiñar, discúlpenme la castiza expresión, prefiero la obra del Sr. Roca, en la que cada día me siento yo a pensar un rato.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/155185
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Patricio Peñalver
autor
Contacto








