No hay elección, o nos dejamos de mitos y creencias fabulosas, de las falacias de la pseudociencia y las chapuzas de la pseudotécnica; y nos atenemos a los hechos, al logos, a la ciencia y a la técnica, admitiendo que el sistema viario es un sistema tecnológico complejo y difícil y el principal sistema de transporte de la Humanidad, sin el cual no puede sobrevivir y menos aún progresar; o no hay modo humano de atajar y resolver los fenómenos adversos del sistema, que son muchos, complejos y diversos.
Y son efectos adversos innecesarios para el transporte, que tienen nefastas consecuencias humanas, sociales y económicas. Sus costes sociales son muy difíciles de calcular por su cantidad, complejidad y heterogeneidad, pero su cuantía se mide en términos porcentuales del PIB (sólo la siniestralidad puede superar el 2% fácilmente), que se sustrae de la tasa del crecimiento económico y de la renta disponible por los ciudadanos. Lo que en épocas como esta remarca la importancia humana, social y económica de la funcionalidad y la seguridad del sistema viario; no en vano su lugar en la jerarquía funcional de la sociedad es idéntico al de nuestro sistema de circulación sanguínea, y su mal funcionamiento nos producen efectos igual de funestos.
Tras décadas de ceguera hoy sabemos y está demostrado que el sistema viario se ha hecho apresuradamente y con bajo nivel tecnológico, o sea, con pocos conocimientos, casi sin teoría y con poca técnica. Se ha planificado, construido y gestionado durante el siglo XX sin estudiar ni resolver los problemas técnicos de su seguridad y funcionalidad, y aunque se ha mejorado mucho en las últimas décadas, ése, y no otro, es el origen de los fenómenos adversos que produce el sistema, incluidas su siniestralidad y sus terribles consecuencias.
También está demostrado que las infraestructuras viarias son elementos tecnológicos muy determinantes de la seguridad y del servicio que presta el sistema, y que la acción tecnológica en las infraestructuras mejora el servicio y la seguridad de modo determinante y eficiente. Y con ello no sólo se evitan fenómenos adversos sino también sus nefastas consecuencias humanas, sociales y económicas.
Como dijo Pascual Palazzo en 1937, no existe otro modo de evitar siniestros y víctimas que hacerlos improbables, pero no improbables para peatones y conductores inexistentes y perfectos, sino para los peatones y conductores tal cual son y se comportan en la vida diaria. Vamos a tener que aprender ergonomía por necesidad, pero no genérica, sino Ergonomía Viaria con mayúsculas, porque mejorando tecnológicamente la seguridad física y funcional del sistema adaptándolo a las condiciones y cualidades humanas para controlar el movimiento y sobrevivir cuando falla, es como se logra la improbabilidad que evita y disminuye la siniestralidad y las víctimas.
Lo que más está matando y lesionando son las márgenes de las carreteras, o sea, las medianas, arcenes, bermas, cunetas, taludes y barreras, en donde pierden la vida y se lesionan gravemente las personas que se salen de la vía, porque ésos elementos viarios no ostentan las condiciones de seguridad que se saben y se han demostrado que evitan muertes y lesiones. Y para mejorar la seguridad de las márgenes basta con aplicar con generosidad y racionalidad la Norma 3.1-IC y la Norma 5.2-IC y otras ordenes complementarias de la Dirección General de Carreteras sobre elementos franqueables en las márgenes y sobre barreras de contención, para lograr más seguridad de verdad con un muy rentable beneficio humano, social y económico.
Hay más medidas para aplicar en las vías existentes que logran mejorar la seguridad de verdad, y no hay que esperar a que vengan de fuera a decirnos cómo lograrlo, en España tenemos suficiente tecnología (conocimientos, teoría y técnica) para mejorar de verdad la seguridad y la funcionalidad de las vías existentes. Tecnología que hay transferir a marchas forzadas a las Administraciones viarias, especialmente a las que tienen a su cargo la red secundaria y local, que es la mayor parte de la red y la más peligrosa con notable diferencia, y sin olvidar la zona urbana, pues la media europea de los muertos urbanos ya supera el 35% del total de los muertos por tráfico.
Finalizo con unas palabras de Sandro Rocci, que refrendo y hago mías porque son necesarias, y no hay más para elegir:
“En los apartados anteriores espero haber dejado sentadas las bases de un nuevo paradigma, aunque nada tiene de revolucionario: la aplicación de criterios concretos de “la seguridad ante todo” al diseño de las carreteras… No hace falta para ello desarrollar una nueva normativa: una juiciosa aplicación de la existente, trascendiendo su literalidad, sería suficiente. Es, más bien, una cuestión de actitud: de aceptar [la responsabilidad humana, social y económica que implica la tarea, es] un compromiso necesario para la seguridad de los ciudadanos.”
Martes, 14 de febrero
José Donís Català
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Antonio García Fuentes
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Paulino Toribio
José Lozano Galera
Chris Gonzalez -Mora
Padre Fortea
Juan Carrasco de las Heras
Julián Moreno Mestre| Febrero 2012 | ||||||
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