Desde que se anunciara el proyecto del mirador del palmeral (en Elche), las críticas y objeciones han llegado incluso desde Washington*. Pero nada se ha dicho de las consecuencias que implicaría la ejecución de ese proyecto en la vida de la sociedad ilicitana, pese a que ello es determinante para adoptar una decisión prudente y acertada; y no ya para llevar adelante el proyecto o no, sino antes aún, a la hora de plantearlo o no.
Aunque los riesgos y los múltiples efectos adversos que provoca la imprevisión de consecuencias y el bajo nivel tecnológico en el diseño, construcción y gestión del sistema viario, junto con las falacias de la pseudociencia y las creencias de legos atrevidos, es la principal advertencia del sector científico y técnico sobre ese sistema y sus fenómenos, no parece que sea suficiente para modificar criterios y costumbres poco objetivas, muy arriesgadas, bastante irracionales y nada tecnológicas.
El proyecto del mirador lleva aparejado peatonalizar el Paseo de la Estación, lo cual tiene consecuencias físicas y funcionales significativas que hay que prever. Basta una mirada al tráfico y al plano de la ciudad para ver que el Pº de la Estación es la única vía que enlaza en el sentido Norte el tráfico que va desde centro y el barrio de la Zapatillera hacia la Avenida; si se cierra el Pº de la Estación todos ésos vehículos tendrán que irse por una de las rutas siguientes: a) por Traspalacio, Puente de Altamira y Vicente Blasco Ibañez, para girar a su derecha por Marqués de Asprillas y acceder a la Avenida; b) o por las calles del barrio de la Zapatillera para tomar Candalix que les conduce hasta el Hogar del Pensionista accediendo a la Avenida por ese punto. Eso siempre y cuando el nuevo diseño del Pº de la Estación permita esta ruta, si no sólo tendrán la primera o seguir por Juan Carlos I hasta Plaza de Benidorm y girar por el Pº del Tratat de Elx para acceder a la Avenida junto a la Estación de Autobuses.
Pero si se cierra el Pº de la Estación también en el sentido Sur, todo el tráfico que ahora va desde la Avenida hacia el centro, el barrio de la Zapatillera y el Puente de Altamira, tendrá que ir por la única ruta que existe en ese sentido en ése lado del río, que es la formada por Ntra. Sra., de la Cabeza, Puerta de Alicante, Puente Ortices, Plaza de la Constitución, Almorida, Filet de Fora y Fray Luis de León; ruta que no ostenta las características físicas y funcionales para ser una vía de distribución, pero que, al no existir alternativa en condiciones, está prestando ese servicio, y obviamente con todos los inconvenientes que se derivan de ello. Si se aumenta la carga de tráfico aumentarán los inconvenientes que ya se sufren en esa ruta.
También se eliminarán las plazas de estacionamiento en superficie en el Pº de la Estación, y con ello se provoca una cadena de efectos adversos largos de exponer, pero que, en definitiva, encarecen el transporte, disminuyen la funcionalidad (la cantidad y la calidad del servicio que tiene que prestar el sistema viario a las personas y a las actividades socioeconómicas), y se aumenta la inseguridad vial irremisiblemente (más siniestros y más víctimas).
Las consecuencias previsibles de cortar el Pº de la Estación al tráfico rodado para hacer el mirador, implica perder en funcionalidad, en seguridad, en comodidad, en economía y en fluidez, dado que se aumentan los atascos y los microatascos, se disminuye la velocidad media y se aumenta la distancia a recorrer para ir al mismo destino, se aumenta el tiempo necesario para efectuar el transporte, se aumenta el consumo de combustibles, se aumenta el consumo de recursos naturales (necesarios para reponer los materiales de desgaste de los vehículos), se aumenta la contaminación, se aumentan los costes del transporte, se aumenta el riesgo y consecuentemente los siniestros y las víctimas, y otros efectos adversos relacionados y derivados que afectan a la calidad de vida y a la economía.
Y todo ello innecesaria e improductivamente, porque a la funcionalidad y a la seguridad del sistema viario ilicitano no les conviene nada que esa vía se cierre al tráfico; por lo tanto, tampoco les conviene a los vecinos y a la sociedad ilicitana, que son los que sufrirán y pagarán las consecuencias del cierre del Pº de la Estación, como sufren y pagan las consecuencias de todas las actuaciones que se llevan a cabo sobre el sistema y el tráfico viario con bajo o nulo nivel tecnológico y sin prever las consecuencias para las personas y la sociedad.
* Polución arquitectónica, Tomás Soler, Diario La Verdad, 2/11/2008.
Viernes, 1 de junio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
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