Educación, fracasos y métodos
25.01.08 @ 23:36:33. Archivado en Artículos
Esto también tiene relación con lo que sucede en las calles y en las carreteras.
El fracaso escolar que está azotando a la sociedad española es público y notorio; y en el ámbito internacional, el nivel de nuestros alumnos ya va en la cola; y esto no es lo peor, que aún está por venir.
A finales del pasado año, el periodista, escritor y académico cartagenero Arturo Pérez-Reverte, en un arranque de rabia por esta ruina social, económica, cultural y humana, publicaba Permitidme tutearos, imbéciles, artículo en el que no dejó títere con cabeza entre los responsables políticos de la catástrofe. Pero una vez deja de hervir la sangre, hay que ver las raíces del problema, la causa final, o sea, qué es lo que hace que la realidad tienda a ser la que está siendo.
No pocos maestros de Primaria con muchos años de oficio, que han conocido épocas más floridas, sienten vergüenza por el nivel con el que salen sus alumnos para Secundaria, ámbito en el que el fracaso escolar ya se manifiesta a todas luces y sin piedad.
Pero es que en las reuniones de padres de Bachillerato y Formación Profesional, muchos quedan atónitos ante las quejas de los tutores por el bajo rendimiento de los alumnos, debido, principalmente, a la apatía y a problemas graves con la comprensión lectora.
Y las quejas entre el profesorado universitario por el bajo nivel de los nuevos alumnos ya ni se comentan, eso es lo que hay y lo que toca.
La situación no sólo está pervertida, es perversa, porque la cantidad de suspensos puede tender a mantenerse, pero es a costa de bajar el nivel de enseñanza, pues, aún sin querer, es una consecuencia natural y casi involuntaria intentando paliar la catástrofe. Pero con ello sólo se logra realimentar el problema, degradando aún más una situación que en sí misma ya es una ruina, y cuyas consecuencias más graves aún están por llegar, con un coste difícil de describir y cuantificar por su cantidad, complejidad y heterogeneidad, pero que será muy relevante para la sociedad española; y pagarlo, lo que se dice pagarlo, no dude que lo vamos a pagar.
El asunto es complejo, pero las deficiencias en la comprensión lectora es una de las claves, pues con ella van aparejadas las dificultades para entender las materias y comprender el mundo; y sin comprender lo que se lee, la novela más apasionante puede convertirse en una tortura; con ello, la apatía, las dificultades para poder estudiar, el poco interés y la falta de curiosidad, vienen servidas como consecuencias inherentes.
En esas condiciones no es de extrañar que la atención de los chicos pronto sea absorbida por otros asuntos y medios que les reportan menor dificultad y sufrimiento.
Está claro que las dificultades en la comprensión lectora tienen su origen en los primeros niveles de enseñanza, y que se arrastra por todos los niveles, que no logran compensarla. Así, no hay duda de que los métodos de enseñanza no están funcionando, porque lo están demostrando los hechos, los resultados.
Desde luego, los políticos españoles tienen que ponerse las pilas, tienen el deber y la responsabilidad política, ética, moral, material y social de abordar esta ruina para la sociedad española, dejándose de las muchas cosas que han hecho tan torpe e irresponsablemente con este importante asunto, que tiene unas consecuencias que abarcan desde la calidad de vida, al progreso humano, cultural y socioeconómico, pasando por cuestiones de estricta supervivencia.
«Si una generación dejase de estudiar, la humanidad actual, en sus nueve décimas partes, moriría fulminantemente. El número de hombres que hoy viven solos pueden subsistir merced a la técnica superior de aprovechamiento del planeta que las ciencias hacen posible. Las técnicas se pueden enseñar mecánicamente. Pero las técnicas viven del saber, y si éste no se puede enseñar, llegará una hora en que también las técnicas sucumbirán» (José Ortega y Gasset).
Pero no se puede olvidar que los métodos de enseñanza se encuentran entre las causas finales de esta catástrofe; métodos que son producto del pensar y decir de aquellos que se han atribuido el saber en ciencias y técnicas de la educación.
Y los mismos que nos han conducido a esta ruina, no pueden decir ahora cuáles son los métodos que nos pueden ir sacando del agujero, porque no tienen ni legitimidad ni autoridad, su incompetencia en la materia está más que demostrada, sería el colmo que aquellos que nos han causado el problema por su falta de saber, nos vengan a decir ahora cuál es la solución.
Para resolver este problema, los políticos tienen que atenerse al sentido común y a la prudencia, tendrán que considerar y decidir el traspasar las facultades académicas y formativas en ciencias y técnicas de la educación, a quienes pueden administrarlas con más saber, con más responsabilidad y con más prudencia, porque en esto no sirven ni promesas ni componendas: o se sabe, o no se sabe, esa es la cuestión.
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