El sábado 6 de octubre, la carretera que une Elche y Santa Pola, la CV865, añadía otro nombre a su ya larga lista de vidas segadas, fue otra muerte anunciada como lo han sido tantas.
Los muertos acumulados allí año tras año, es suficiente para que su titular hubiera mejorado su seguridad hace años, por simple respeto a la vida de las personas que transitan por ella, por una elemental consideración al prójimo.
Sin embargo, pese a que esos bordillos son la antitesis del concepto de seguridad pasiva y de todo lo que se sabe acerca de ella, y de las consideraciones científicas y técnicas sobre lo que es la seguridad en las carreteras, año tras año, muerto tras muerto, se mantienen en los arcenes amenazando la vida humana que se mueva a su alrededor.
Entre todos los tipos de accidente que se producen en las carreteras españolas, la salida de la vía es el enemigo público número uno, pues sigue siendo el que más vidas se cobra.
Ese tipo de accidente mata en España casi el doble que las colisiones frontales: los muertos que produce superan a la suma de los que resultan por colisiones frontales y frontolaterales.
Como es sabido, aún no se ha podido investigar las causas de los accidentes para poder saberlas con acierto, y en ello se incluyen las causas de las salidas de la vía. Hablar de ellas es, por tanto, entrar en especulaciones que no conducen a ninguna conclusión valida: y en tráfico sólo sirve la verdad, porque los muertos son de verdad.
La siniestralidad viaria es el primer problema de seguridad pública entre todos los fenómenos violentos que amenazan a la población del planeta, en todas partes mata y hiere con más frecuencia y cantidad que guerras, terrorismo, delincuencia, catástrofes naturales, accidentes domésticos y otros fenómenos violentos. La siniestralidad laboral no alcanza las proporciones de la viaria, pero no es asunto que pueda dejarse de la mano.
Además del drama humano, que ya es, el coste económico de la siniestralidad viaria es astronómico, aunque no se contempla en las cuentas de la Sociedad porque el modelo contable empleado no lo incluye, pero su coste sí sale de los bolsillos de los ciudadanos; igual ocurre con el coste social de la siniestralidad laboral. De modo que la siniestralidad que se produce en un país o en una ciudad empobrece inexorablemente a sus ciudadanos, y encima les encarece el seguro de los vehículos, porque también se fija en función de los índices locales de la siniestralidad.
Podrá decirse más alto, más amplio y con más detalles y matices, pero no más claro. Y aclarando diferencias, las palabras de Martín también son aplicables a España.
A PROPÓSITO DE LA SEGURIDAD VIAL EN LA ARGENTINA.
Respecto de la responsabilidad del Estado y de los concesionarios viales.
A tenor de los graves y reiterados accidentes de tránsito con lamentables saldos de personas muertas y lesionadas, y más aún teniendo en cuenta la “Semana Mundial para la Seguridad Vial” instituida por la ONU del 23 al 29 de Abril de 2007, y la decisión del Gobierno Nacional de declarar al año en curso como “Año de la Seguridad Vial” en nuestro país, conviene que hagamos un breve repaso de las obligaciones que, en la temática del tránsito, prevención y seguridad vial en calles y carreteras, debe cumplir el Estado (Nacional, Provincial o Municipal), organismos autárquicos competentes (Dirección Nacional o Provinciales de Vialidad, Secretaría de Transporte, Comisión Nacional de Regulación del Transporte, Órgano de Control de Concesiones Viales, Superintendencia de Seguros, etc.) o en su caso, los concesionarios de peaje:
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Nota preliminar
Rescatado del olvido, este trabajo es una comunicación al V Congreso Internacional de Derecho de Circulación celebrado en Madrid en 1963, que además fue publicado en la Revista de Derecho Español y Americano, nº 4 (abril-junio) de 1964. Trata de la perspectiva jurídica sobre un asunto que en la actualidad viene adquiriendo relevancia por muchos motivos, sobre todo por la necesidad material y social de que la Administración ejerza sus competencias y facultades para la funcionalidad y la seguridad del tráfico en las infraestructuras viarias (dicho sea, lo mismo que en 1963).
Su autor, Miguel López-Muñiz Goñi, no precisa presentación en el ámbito del Derecho y menos aún en el de la Accidentología. Esto no es, por tanto, ni un prólogo ni nada que se le parezca, es una simple nota recordando el contexto en el que se escribió este trabajo, sin olvidar algunos rasgos que definen a su autor, y algunos hechos que se han producido en los 44 años que han transcurrido desde que se escribió, estamos en abril de 2007.
Este artículo se publicó en la revista Carreteras, nº 131, Madrid, 2004. Se escribió principalmente para investigadores y técnicos, aunque también se pensó en los profanos que podían tener interés en este asunto, de ahí que en él se mencionan algunas cosas que para el primer ámbito eran innecesarias.
Tan sólo una advertencia preliminar, que físicamente la velocidad no sea causa o agente hacedor de accidentes, no significa que pueda irse a la velocidad que plazca, sino a la velocidad que el sistema viario puede mantener en equilibrio en cada lugar y momento, lo cual no depende solamente de los conductores, como se indica en el texto.
Pese a que muchos siguen pronunciándose rotundamente sobre las causas de la siniestralidad viaria con creencias y suposiciones, sin reparar en la poca consistencia de sus afirmaciones, porque esas causas aún no se han investigado como hay que hacerlo para saberlas con acierto, los hechos también siguen mostrando cuál es la realidad viaria. Porque la realidad es tozuda y se muestra como es, por muchos que sean los que se empeñen en afirmar otra cosa.
Cuando se repiten y concentran fenómenos físicos violentos (accidentes y víctimas) en un punto o tramo viario (punto negro), es porque sus causas finales son defectos en las condiciones de los elementos artificiales estáticos, o sea, fallos en las condiciones de la vía, en su entorno, en los objetos que se instalan en ella, en la señalización, en el balizamiento, en el alumbrado, en las normas de circulación, etc.
Nota. Es un apartado de las conclusiones del I Congreso Internacional de Accidentología Vial, celebrado en España en 2005.
Políticas de seguridad vial: ¿cuáles son sus fundamentos?
La mesa que daba respuesta a la cuestión, debatía sobre al carnet por puntos que se va a implantar próximamente en España. Fue imposible acotar el grado de certeza de las opiniones que se expusieron, tanto por los miembros de la mesa como por los asistentes, y fueron muchas. No hubo modo de concluir sobre la efectividad concreta de la medida para mejorar la seguridad vial, al no poder explicar el modo físico y funcional en el que actuará para conseguirlo. ¿Por qué?
Ante la demostración (otra más) de esta Semana Santa, de que el carné por puntos, los radares automáticos y las campañas de los creativos, no sirven para mejorar la seguridad activa (el equilibrio del movimiento de personas y vehículos, que es lo que evita los accidentes), ni para mejorar la seguridad pasiva (las medidas en vehículos, calles y carreteras que disminuyen las víctimas y su gravedad en caso de accidente), en la DGT se les ha ocurrido una solución, ¡comprar una PDA!
Y se la van a cargar los agentes de la Guardia Civil, que van ir PDA en ristre denunciando todo lo que se mueva, antirreglamentariamente, claro.
Mientras los muertos sean de verdad, como los más de cien muertos de esta Semana Santa, en tráfico sólo servirá la verdad. Creencias, opiniones, especulaciones, fantasías, falacias, nada de eso sirve.
El carné por puntos no se basa en la verdad, ni sobre las causas de la siniestralidad, ni sobre las causas de la seguridad. Y no se ha explicado cómo facilita o estabiliza el equilibrio del movimiento de personas y vehículos (la seguridad activa), ¿por qué iba a servir, si en tráfico sólo sirve la verdad?
Este artículo se publicó el 8 de Abril de 2006, y se refería al ambientillo de aquellos días, con mucho bombo sobre las virtudes del carné por puntos y su demostrada eficacia, esa que aún no sabemos adónde está, porque nadie la ha justificado aún, claro que un servidor ya decía algo al respecto en "Carné por puntos, ¿fantasía o realidad?". Te lo pongo ahora, para que tengas algo con que comparar respecto a lo que sucederá y se dirá sobre el tráfico de esta Semana Santa (que en su inicio ya supera los muertos del año pasado), te pondré un post comentando lo que se dirá, y lo que no se dirá. El Director General de Tráfico ya ha dicho que más de 100 muertos sería una catástrofe. Bueno, pues, siento disentir, porque 99 muertos también es una catástrofe, pero es que cualquiera que sepa algo de estos rollos del tráfico, ya intuye que, si Dios no lo impide, al final de esta Semana Santa serán más de 100 muertos, y esperamos equivocarnos, pero...
Te dejo con: Los actos de fe y el tráfico de Semana Santa.
Estaba leyendo una noticia relacionada con un embrollo urbanístico sonado, el de Marbella, y se me ocurrió escribirte algo sobre este asunto, que tiene mucho más de lo que voy a comentar.
Urbanismo, no es un departamento administrativo como muchos creen, es una multidisciplina, un conjunto de especialidades científicas y técnicas que intentan hacer la ciudad (nuestro habitat técnico) lo más habitable, segura y sostenible que se puede.
Bueno, a la gente que se dedica a los apañijos urbanísticos, no les vengas con cuentos de seguridad, habitabilidad y sostenibilidad, que a tenor de lo que dicen jueces y fiscales parece que no son ésas sus prioridades.
¿Esto es gestión viaria de alto standing, inalcanzable para la capacidad de comprensión de los mortales corrientes como tú y yo?
Esta semana la prensa recogía la noticia, en el Diario La Verdad del jueves 15 decía así:
“Una mujer de 50 años sufrió ayer la amputación de su pierna izquierda después de haber sido atropellada por un coche en la calle Reina Victoria en la confluencia con Concepción Arenal, en Elche. Todo sucedió sobre las diez de la mañana, cuando un vehículo se saltó un semáforo en rojo. El coche chocó contra otro turismo, con la mala suerte de que uno de ellos arrolló a una mujer que se encontraba en la acera esperando para cruzar la calle.
El coche se llevó por delante la valla de seguridad de la acera y rompió el semáforo, atrapando la pierna de la mujer contra el poste.”
Esta mañana, al volver de una farmacia de guardia, que casualmente estaba en la calle Reina Victoria, pasé por el cruce del accidente y no me resistí a que mi pequeña cámara te mostrara lo que veían mis ojos.
Este artículo tiene unos años, se publicó en prensa impresa y digital, en algunos sitios de Internet y en una revista técnica especializada. Lamentablemente, el artículo sigue siendo de viva actualidad, tanto en calles como en carreteras. Te dejo con él.
El título podría ser la síntesis de una señal que quizás tengamos que proponer a los organismos internacionales de la seguridad viaria. El objeto de esa señal sería advertir lo siguiente: “¡Ojito! A partir de la señal no te fíes de nada de lo que veas: es muy probable que percibas que debes o que puedes hacer justamente lo contrario de lo que tienes que hacer”.
Acabo de ver otro curso para experto profesional en seguridad vial, titulado por supuesto. Ya tienes otro por si te quieres apuntar.
Además, hay unos agentes inmobiliarios que te titulan barato (palabrica del Niño Jesús), y oye, de experto en investigación accidentes de tráfico.
Dice un amigo, que al paso que vamos en España, los títulos de experto y los master en investigación de accidentes y en seguridad vial, los van a regalar en el super al comprar una botella de aceite de oliva; pero yo le digo que será con el paquete de macarrones (tenemos una porra).
Si ronroneas por Internet verás que hay mogollón de controversia con el bolardeo nacional, y que, curiosamente, en esto hay división de opiniones entre los políticos (qué raro, verdad).
Por ejemplo, hay ayuntamientos gobernados por el PP, en los que el PSOE pide que quiten los bolardos; y los hay gobernados por el PSOE, en los que el PP dice que hay que quitarlos. También sucede con otros partidos. Debe ser que la corrección política de estos pirulís urbanos, es en función de si se está gobernando o en la oposición. Incluso se han oído promesas electorales al respecto, que tiene tela, porque el asunto de los bolardos no es cosa de políticos. Y dirás tú: ¿y por qué no?
Un día me dio por postular la existencia de los ángeles de la guarda de la reserva. Conforme estaban las cosas en calles y carreteras, era imposible que los ángeles titulares lograran que tanta gente llegara a casa sana y salva. Está claro: tienen que existir ángeles de la reserva que se ponen por esquinas, pasos de peatones, cruces, rotondas, curvas y cambios de rasante, echándole una mano a los ángeles titulares, que ya van con la lengua fuera de tantas pifiadas que tienen que solucionar.
Hace años que Alicante viene siendo noticia por la siniestralidad viaria. En el verano de 2005 lo fue porque los muertos aumentaron el 27%. Ahora (Diciembre de 2006), porque los puntos negros de nuestras carreteras aumentaron el 70% durante ese año.
Hay quien dice que soy experto en los embrollos del tráfico, los
accidentes, la seguridad y demás (me dan títulos y hasta premios).
Pero oye. La verdad. Saber, lo que se dice saber, sólo sé que no sé
nada. Claro, que eso ya es saber algo. ¿O no?
Viernes, 1 de junio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín