Poner letra a mi canto

El cuerpo y el encuentro con Dios.

31.08.15 | 14:25. Archivado en Publicaciones

SOTO VARELA, C. (ed) He visto al que me ve, evd, 2006 (45-92)

Introducción
Me encuentro contigo, Dios encarnado, en el cuerpo que soy.
1.1 Soy un cuerpo
1.2 Un cuerpo necesitado
1.3 Llamado a ser un cuerpo unificado.
Te doy gracias porque somos cuerpo.
2.1 El cuerpo lugar de sabiduría.
2.2 El cuerpo como revelación.
2.3 El cuerpo espacio de relación y encuentro.
Tú, has querido hacerte cuerpo.
3.1 Te haces ser humano, corporal, histórico.
3.2 Nos llamas a vivir con un talante de encarnación.
Desde mi cuerpo de mujer, mi encuentro contigo se hace dolor, protesta y denuncia.
4.1 Protesto por el dualismo imperante
4.2 Denuncio la visión patriarcal del cuerpo.
4.3 Acuso la visibilización/invisibilización del cuerpo de las mujeres.
Me encuentro contigo y anuncio que nuestros cuerpos de mujeres son revelación de tu ser cuando:
5.1 permitimos a nuestros cuerpos ser espirituales
5.2 la Palabra se hace cuerpo en nuestros cuerpos de mujeres
5.3 nuestros cuerpos son testigos de tu amor.
Te encuentro en la humanidad y en la creación entera como cuerpo tuyo.
6.1 La creación entera como “Cuerpo de Dios”.
6.2 Te encuentro cuando cuido los cuerpos dolientes.
6.3 Tú eres un Dios Amante de tu creación.
6.4 El encuentro corporal, amoroso y placentero, sacramento de tu amor, lugar de encuentro contigo.
Epílogo.

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¿Es posible una vida religiosa más feliz? (V)

31.08.15 | 13:55. Archivado en Publicaciones

III. UN JESÚS FELIZ NOS MUESTRA SUS CAMINOS DE FELICIDAD

Hay un dato bastante claro: nunca como en este tiempo el ser humano tiene conciencia de su derecho a ser feliz y, por tanto, nunca como ahora se ha lanzado a la búsqueda casi compulsiva de ello. Lo real es que no parece que culturalmente se está acertando a ofrecer caminos que conduzcan a ella. Tampoco parece que el cristianismo acierte a ofrecer a Dios como amigo de la felicidad humana, fuente de vida, alegría, salud. La fe en Jesús no es captada hoy por nuestros contemporáneos como “buena Noticia” y pocas veces se nos presenta a Jesús como un hombre feliz. Ha predominado una cristología dolorista y una catequesis alejada de la búsqueda humana de la felicidad.

¿Puede Jesús de Nazaret ofrecernos hoy, después de 20 siglos, algunos caminos válidos de felicidad?, ¿su modo de ser feliz puede llegar a ser significativo para nosotros hoy?, la propuesta evangélica de felicidad ¿tiene algo que decirnos en nuestro momento?.

Tenemos que empezar siendo honestos y afirmar que el cristianismo se ha presentado durante siglos como la religión de la cruz, del dolor, del sufrimiento, de la exigencia, del rechazo al placer y la felicidad en este mundo... Muchas veces, l@s creyentes nos hemos presentado siendo malos mensajeros de nuestra fe, una fe que Jesús presenta como una propuesta de vida y vida plena (Jn 10,10), una propuesta de felicidad, una “Buena noticia”.

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¿Es posible una vida religiosa más feliz? (IV)

31.08.15 | 13:29. Archivado en Publicaciones

El camino de la aceptación de la realidad

Este sendero se cruza con el anterior, pues gran parte de nuestro sufrimiento está ocasionado por luchar inútilmente contra lo inevitable.

La frustración de nuestros deseos y proyectos forma parte de la vida. Ésta no es como a mí me gustaría que fuese sino que es como es y cuanto antes aceptemos lo que no es cambiable, menos sufriremos.

Hay un dicho sabio que dice: "Si lo comprendes, las cosas son como son; y si no lo comprendes, las cosas son como son". De la actitud que tengamos ante la realidad (luchar para cambiar lo que puede ser cambiado y aceptar lo inevitable) depende gran parte de nuestra felicidad.

El camino del presente

Sólo poseemos el presente, y sólo en él podemos sentirnos vivos. Tenemos que aprender a soltar el pasado y no angustiarnos con el futuro que quizá no llegue nunca. Lo real es el presente. Sólo podemos vivir el "aquí y ahora", el pasado ya pasó y el futuro no ha llegado[26].

El secreto para vivir el presente es la consciencia del aquí y ahora, concentrarnos con todas las fuerzas en lo que estamos haciendo en cada momento, saber apreciar y/o asumir lo que cada instante te ofrece.

Viviendo el presente se evitan las lamentaciones acerca del pasado y sobre todo los sufrimientos inútiles acerca de posibles problemas y preocupaciones del futuro que quizá no lleguen nunca.

Vivir el momento presente reduce mucho la ansiedad, aumenta la eficacia del trabajo que estamos haciendo, mejoran las relaciones personales pues estamos enteros ahí cuando la otra persona nos está hablando, escuchando, no pensando en otra cosa o en qué le vas a contestar.

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¿Es posible una vida religiosa más feliz? (III)

28.08.15 | 18:20. Archivado en Publicaciones

El camino hacia la profundidad

En conexión con el sendero anterior es importante darnos cuenta de que mientras busquemos la felicidad fuera, en lo superficial y superfluo… erramos el sendero. El camino es hacia lo profundo de la realidad, hacia dentro del ser, en el corazón de la vida.

El descubrimiento de nuestra verdadera identidad como seres humanos, el descubrimiento de la verdad de la Realidad, nos proporcionará una felicidad que nada ni nadie podrá arrebatarnos. El camino de la felicidad pasa por renunciar a buscar fuera y en la superficie de la realidad lo que ya tenemos dentro y está en lo profundo de lo real.

Es necesario recuperar la propia intimidad, aprender a vivir dentro de uno mismo. No significa un vivir aislado de las otras personas, sino un vivir con los apoyos dentro, vivir desde el propio centro. En lenguaje creyente, tal como los evangelistas lo ponen en boca de Jesús: la Buena Noticia de que el Reino ya está entre nosotros, dentro de nosotros.

Es necesario descubrir el corazón de la historia, el Fondo de la Realidad. Ahí – lo llamemos como lo llamemos – nos podremos encontrar con El Ser, con la Unidad, con la Comunión que somos.

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¿Es posible una vida religiosa más feliz? (II)

28.08.15 | 18:09. Archivado en Publicaciones


II. BUSCADORES DE FELICIDAD[15]

No es fácil, como he dicho antes, pasar de una espiritualidad que hizo del dolor y del sacrificio un lugar de redención, de santidad, de maduración, incluso una “señal de predilección y de amor de Dios” a una espiritualidad que acoge el dolor como un dato de la vida, pero no hace un panegírico del mismo sino que además integra la búsqueda de felicidad, no sólo como un derecho humano, sino como signo del Reino.

En el trabajo terapéutico cotidiano me encuentro continuamente con lo paradójico del dolor y el sufrimiento: a unas personas las rompe y las destroza, a otras las madura y genera en ellas una gran resistencia y fortaleza (“resiliencia” le llaman hoy muchos psicólogos[16]). La experiencia nos muestra que el dolor en sí mismo no es lo salvador, ni lo que ayuda a madurar, sino el cómo se afronte éste y eso tiene mucho que ver con el amor que la persona haya recibido. Es decir, lo que salva y madura es el amor y es éste el que capacita para afrontar con sentido y coraje el dolor.

La felicidad es la búsqueda fundamental del ser humano, el sueño de la humanidad desde el comienzo de la historia. Lo difícil es tener sabiduría para poder reconocer qué senderos nos conducen a ella. Se trata de llegar, al menos, a una modesta felicidad, porque mientras caminamos por la historia es iluso soñar con la felicidad plena, siempre habrá algo que la empañe, sobre todo si somos conscientes de que la felicidad para ser total debe alcanzar a toda la humanidad y esto es hoy un horizonte muy lejano. Ser feliz es una búsqueda personal pero su posible consecución es siempre comunitaria y su experiencia es solidaria.

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¿Es posible una vida religiosa más feliz? (I)

28.08.15 | 18:04. Archivado en Publicaciones

PUBLICADO EN la revista CONFER, V. 48, Julio-Diciembre2009, 629-672,

GUIÓN

A qué llamamos felicidad.
Qué nos dificulta encontrar, con sabiduría, felicidad.
Transitar algunos senderos de felicidad.
El camino del amor
El camino de la consciencia
El camino hacia la profundidad
El camino de la aceptación
El camino del presente
El camino del “control” de la mente y saber soltar tensiones innecesarias
El camino del cuerpo
El camino del sentido del humor
El camino del perdón
El camino de la solidaridad-religación fundamental
El camino del sentido del humor
El camino del cuidado.
El camino de vivir con sentido y con proyecto
El camino de saber integrar el dolor y la muerte.
4. Un Jesús feliz nos muestra sus caminos de felicidad.

¿ES POSIBLE UNA VIDA RELIGIOSA MÁS FELIZ? [1]

En este camino de intentar aportar modestamente, desde la Psicología, algunas ayudas a la vida religiosa, me había propuesto abordar un tema amplio que formulé así: hacia una espiritualidad de la vida religiosa más sana y más evangélica.

En mi opinión, urge sistematizar el necesario éxodo de una espiritualidad hasta ahora aún dominante hacia otra capaz de dialogar con el nuevo paradigma cultural en el que nos encontramos y, por tanto, más evangélica.

De un modo sintético y sin matizaciones formulo así este éxodo:

SALIR de una espiritualidad: Para TRANSITAR hacia una espiritualidad:

· Dualista
· Patriarcal
· Individualista
· Necrófila: centrada en el Sufrimiento y el dolor
· De las virtudes y la búsqueda de la perfección.
· Integradora
· De la igualdad en la diferencia
· Holística.
· Capaz de integrar el placer y la felicidad como signos del Reino.
· Mística del seguimiento de Jesús.

Cuando me puse a pensar en ello, caí en la cuenta de que, por un lado, abarcar todo este éxodo desbordaba las posibilidades de un solo artículo y, por otro, algunos de estos éxodos los he abordado y desarrollado en otros lugares[2]. Por esta razón he decidido centrar mi aportación en uno de los “éxodos” que estimo fundamentales y que formulo así: cómo pasar de una espiritualidad más centrada en el sufrimiento y el dolor a una espiritualidad que integra la búsqueda de felicidad como un signo del Reino.

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Carta abierta al Papa Francisco

04.12.14 | 00:53. Archivado en Publicaciones


Querido Papa Francisco: no creo que te llegue esta carta, yo no tengo acceso a ti, pero sí quiero expresar públicamente mi apoyo, admiración y aliento por tu tolerancia cero ante los abusos a menores y toda la corrupción económica y sexual que se esconde bajo tantas personas “honorables” que han manchado el nombre de la Iglesia de Jesús.
Sé que tu firmeza en este punto y en otros que más calladamente estás realizando te puede llegar a costar la vida. Sé que tu también lo sabes y no por eso te retiras ¡Gracias!
También quiero agradecerte de corazón la denuncia de este sistema económico imperante, este neoliberalismo salvaje y asesino que mata física, moral y psíquicamente a millones de personas. “Los sobrantes”, como tú lúcidamente los llamas, son cada día más mientras desde instancias de nuestro gobierno español y de otros muchos se nos miente diciendo que vamos “a mejor”, mientras cada día hay un abismo creciente entre pobres y ricos y más desesperanza, suicidios, muertes prematuras, pateras llenas de sueños rotos y vidas perdidas por querer buscar comida y un futuro mejor.
Gracias por tu exhortación apostólica animándonos a vivir el evangelio, a hacerlo vida desde la alegría porque a pesar de todo es posible la esperanza y porque es verdad también que hay muchas personas comprometidas en la lucha por un mundo más justo, más igualitario y menos corrupto. Aquí tenemos creyentes de todas las religiones del mundo para los que el ser humano merece la pena y para los que cuidar la vida es la tarea más importante que hacer juntos.
Gracias porque nos has traído el “aire de Jesús”, lo muestras en tu vida, en tu rostro, en tus palabras, en tus hechos. Un “aire” que no deberíamos haber perdido nunca sus seguidores, pero muchas veces nos despistamos y nos dejamos llevar por otros que no conducen a buen puerto.
Aunque nunca recibas esta carta no me importa, lo que quería era expresar públicamente mi apoyo a tu manera de ser papa, a tus acciones valientes … este es el apoyo de una creyente en camino a quien has traído esperanza.
Un abrazo fuerte.
Emma Martínez Ocaña.


Nuevo libro: "Espiritualidad para un mundo en emergencia"

23.11.14 | 23:13. Archivado en Publicaciones


Espiritualidad para un mundo en emergencia.
Autor: Emma Martínez Ocaña
Precio: 13,46€ (sin IVA)/14,00€ (con IVA)
Nº de páginas: 212
Fecha de edición: Noviembre 2014
ISBN: 978-84-277-2067-1
Colección: “Espiritualidad”/Cód. ES293
Materias: Vida y práctica espiritual
Experiencia de interioridad
Introducción.
Una vez más pongo en tus manos un libro que brota de la experiencia compartida y quiere introducirte en ella.

Su título no es original: se lo debo al Área de Justicia y Solidaridad de CONFER, que organizó unas jornadas con este nombre y me pidió la conferencia final.[1] El primer acercamiento al tema me hizo más consciente del reto tan potente que este tiempo de cambio de paradigma nos supone a quienes deseamos responder adecuadamente a las urgencias de nuestro momento histórico.

No encontrarás aquí una mirada “experta” en nada, sino la de una ciudadana creyente, desconcertada y buscadora ante la realidad que vivimos; una mirada interrogativa que trata de comprender lo qué está pasando para poner su granito de arena y ayudar a dar a luz un mundo nuevo más justo y fraterno y una tierra más habitable.

Una mirada, por supuesto, condicionada por mis creencias, opciones, lugares de vida, condición social y sexual, y por tanto selectiva. Esto me hace consciente de mis “cegueras” y mis luces.

Una mirada que quiere ser lúcida y esperanzada, rescatando lo que de positivo puede estar emergiendo y que nos anuncia que como dice el profeta Isaías “Algo nuevo está naciendo ¿No lo veis?” (Is 43,18)

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Dentro de 15 años. ¿Una sociedad espiritual? (II)

11.04.14 | 21:16. Archivado en Publicaciones


Los caminos hacia esa nueva sociedad.

Asombrada por lo que veía y oía les pregunté cómo habían ido avanzando por este camino “espiritual” hasta llegar a ese despertar y a esa sabiduría de vivir.

Sin prisa, esta era otra característica de esa sociedad, me fueron contando que los caminos fueron múltiples y se fueron fraguando lentamente, y que además hubo una convergencia de movimientos sociales, espirituales, religiosos, éticos, de oriente y occidente, de ciencias humanas y de la tierra, física cuántica incluída.

Me lo fueron narrando así:

“A finales del siglo XX una palabra empezó a ocupar todos los espacios informativos porque expresaba una profunda realidad: crisis. Creció la consciencia de que el sistema no funcionaba, de que el paradigma cultural en el que habíamos vivido llegaba a su fin. La sensación que vivimos la expresó bien el pensador italiano Antonio Gramsci: lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no consigue nacer. Pero como toda crisis es un tiempo de criba y de oportunidad (no sólo de sufrimiento), supimos descubrir qué necesitábamos para renacer como sociedad nueva.

Después de muchos años de dominio de un sistema económico de capitalismo salvaje que fomentaba el individualismo egocéntrico, (ajeno a las consecuencias globales de su funcionamiento)… de vivir a tope el “sálvese quien pueda”… de experimentar las consecuencias de permitir que socialmente funcionara la ley del más fuerte y la competitividad en lugar de la cooperación…sentimos el vértigo de ir hacia el abismo como humanidad. Las flagrantes injusticias y desigualdades se hicieron insoportables a las personas más lúcidas y despiertas de nuestra sociedad y algunos empezamos a escucharlas… y cada vez fuimos más y más, en círculos concéntricos, en los barrios, colegios, grupos de reflexión, tertulias de radio y televisión, publicaciones, editoriales de prensa… Entre todos fuimos dándonos cuenta de a dónde nos llevaba ese modo de vivir.

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Dentro de 15 años. ¿Una sociedad espiritual? (I)

05.04.14 | 01:33. Archivado en Publicaciones

Emma Martinez Ocaña en (2014), VVAA, ABAD, FRANCISCO (COORD), Dentro de 15 años, Madrid, Ed. Empresa y Sociedad, pp. 253-256.(Para ver mi intervención en el encuentro de los autores, pincha aquí).

Hoy me he despertado con un buen sabor de boca: he tenido un hermoso sueño. Estaba en España, era el año 2030 y me encontré con una sociedad nueva. La gente era y vivía de otra manera.

Estaba desconcertada, no sabía qué nombre ponerle… ¿quizá vivían de una manera más espiritual? No me gustaba esa calificación, pues la palabra “espiritualidad” está degradada, contaminada y empobrecida. Contaminada por el dualismo imperante en nuestra cultura occidental, que durante siglos ha contrapuesto espiritualidad a corporalidad, materialidad, temporalidad, vida cotidiana, placer, gozo y felicidad. Y empobrecida al reducirla a la religión e incluso dentro de ella a lo referente a la oración, sacramentos, celebraciones y relaciones con Dios.

Por todo ello es una palabra que aún hoy provoca rechazo, alejamiento y desconfianza, o resuena como algo superfluo en el ser humano, perteneciente a otro tiempo, a algo pasado y caduco. Pero necesitaba recuperarla, pues ahí, en mi sueño, estaba re-codificada.

Espiritual, espiritualidad, viene de espíritu, que hace alusión al aliento vital presente en el origen de todo lo que es, que sustenta y vincula toda la realidad. Espíritu es el término más utilizado para nombrar a la “divinidad” como dinamismo de vida. Enrique Martínez Lozano lo expresa bellamente: “El espíritu constituye el núcleo más hondo, la identidad última de todo lo que es, la mismidad de lo real. Pero no como una entidad separada, sino como constituyente de todas las formas en un abrazo no dual.” [1]

Una sociedad o persona espiritual sería, por tanto, la que va descubriendo la verdad más profunda de la realidad, de su ser, de su verdadera identidad… y trata de vivir coherentemente con ella.

¿Qué fue lo que vi en el sueño?

1. Vi personas más lúcidas con su verdad y con la verdad de la realidad. Sin duda habían adquirido un nuevo estadio de conciencia y un nuevo modo de conocer.

Eran personas que revelaban a través de sus cuerpos coherencia, honestidad, no fingimiento. También percibía una cierta armonía interna: rezumaban unificación, integración personal, bondad, un dominio de sí notable, calma interior, felicidad profunda. Vivían una mejor calidad de vida y tenían una mayor capacidad para tener relaciones cooperativas y constructivas.

Personal y comunitariamente habían aprendido a discernir qué cosas, realidades y acontecimientos había que cambiar mediante la lucha colectiva, y qué era lo que tenían que aceptar, asumir y acoger.

Otra cosa que me llamó mucho la atención era su capacidad para sentir en sus entrañas la com-pasión, el dolor de los otros, tanto cercano como lejano. Una com-pasión que se hacía compromiso operativo y colectivo por echar una mano desde sus grupos de pertenencia y/o referencia, y mejorar así la situación de su barrio, de su ciudad, de su país, del mundo.

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Soñando un nuevo futuro para la mujer en la Iglesia

26.02.13 | 19:45. Archivado en Publicaciones, Mujer

Dada la actual situación de la mujer en la Iglesia es difícil pensar en un cambio a corto e incluso a largo plazo, pero como éste es el tema que me han pedido desarrollar en este número monográfico de Crítica he decidido que lo mejor es soñar.

Soñar es una manera de alentar el deseo y éste tiene una gran fuerza transformadora. Soñar es el primer paso para cambiar la realidad, es una manera de hacer verdad las utopías. Soñar y… empujar la historia en la dirección de lo soñado.

Los sueños no siguen un orden lógico, ni teológico. Son caóticos, espontáneos, brotan libremente del inconsciente, no se ajustan a normas establecidas, en ellos no todo encaja en lo “políticamente correcto“… Así me voy a permitir yo soñar.

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Una autora se confiesa: poner letra a mi canto.

26.02.13 | 19:18. Archivado en Publicaciones

Yo no soy “autora” de renombre, mi producción escrita es muy escasa y además tardía. Siempre me dije a mi misma que yo comunicaba bien de palabra pero que lo de escribir no era “lo mío”: no me parecía que tuviera cosas que comunicar que ya no estuviesen dichas por otras personas.

Un día un hermoso cuento de Tony de Mello me hizo cambiar de opinión; el cuento es más amplio, pero a mí me conmovieron estas palabras:

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Miércoles, 13 de diciembre

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