Poner letra a mi canto

El oido como lugarde escucha y acogida de la vida.(I)

27.12.17 | 14:18. Archivado en Integración psicoespiritual

(Para ver la conferencia pincha aquí)
0- Introducción

· Nuestro cuerpo presencialización de nuestra persona, llamada a ser transparencia de lo que Somos.

1- NUESTRO OÍDO ESPACIO DE ESCUCHA Y ACOGIDA.

2- LUGARES DE LA ESCUCHA. ¿Dentro-fuera?

· Nuestra persona

· Las personas

· La “realidad”

· El silencio.

3- ¿CÓMO ESCUCHAR?

3.1 Arte y técnica.

3.2 Situándonos ante la realidad:

· Aprendiendo

· Acogiendo

· Comprendiendo

· Estando presentes

· Com-padeciendo (sintiendo con)

· Disfrutando

· Siendo diálogo.

4- ESCUCHAR ¿DESDE DÓNDE?

· Desde la “cabeza”

· Desde “el corazón”

· Desde las “entrañas”

· Desde el Silencio.

5- ESCUCHAR ¿”PARA QUÉ”?

· Para hacer del oído un lugar de escucha y acogida

· Para descubrir lo que Somos, Lo que Es

· Para ser transparencia de nuestra Profunda Verdad.

INTRODUCCIÓN.

Quiero agradecer a las personas que han organizado este Foro que me hayan ofrecido la oportunidad participar en este foro y de compartir algo de mi experiencia en torno al cuerpo que somos.

Me alegra mucho este Foro profundamente corporal y por ello profundamente espiritual.

Llevo tiempo siendo consciente de que el dualismo en el que hemos vivido y seguimos viviendo me/nos ha dificultado descubrir que no tenemos un cuerpo sino que somos un cuerpo. Un cuerpo físico, psíquico, energético, relacional, espiritual…mientras vivamos en el útero del mundo somos seres corpóreos.

Nuestro cuerpo es la presencializacion de nuestra persona, nos visibiliza, nos posiciona, nos unifica, nos revela y desvela. Hace tiempo que llevo formulando y diciéndome autocríticamente que hasta que nuestros valores, sueños, deseos, utopías no pasan por el cuerpo y se hacen cuerpo solo son buenos deseos pero no realidades. Para ser verdad necesitamos dejarnos alcanzar por la profunda verdad que Somos (amor, comunión, conexión, relación, consciencia) y ser transparencia de ella. Confieso que aunque estoy muy lejos de vivirlo, es mi gran pasión, lo que hoy da más sentido a mi vida: hacer de mi cuerpo testigo, transparencia cotidiana de esa verdad del amor relacional que soy, que Somos

Siento que hacer de nuestro cuerpo un lugar de transparencia de esta profunda verdad es nuestra vocación fundante en esta etapa histórica de nuestra vida.

1- NUESTRO OÍDO ESPACIO DE ESCUCHA Y ACOGIDA

Primero quiero decir que estoy encantada de que me haya tocado en suerte este sentido, pues uno de los que más he ejercitado y del que más he aprendido de la vida.

He dudado bastante sobre cómo enfocar esta comunicación, no me sentía capacitada para hacer una conferencia muy novedosa, ni aportando cosas muy interesantes por eso he decidido hacerlo de un modo fundamentalmente experiencial, deseando que mi experiencia conecte con la vuestra, que a medida que me escucháis podáis descubrir también cada una de vosotras y vosotros cómo este importante sentido ha sido un lugar fundamental de descubrimiento y encuentro con la Vida.

Por tanto os voy a pedir que ya que tenemos dos oídos, que según Zenón es para que escuchemos más y hablemos menos, uno le tengáis abierto a lo que yo os digo y el otro a vuestro interior, a la resonancia (de sintonía o disintonía) que mis palabras provoquen en vosotros.

Voy a intentar no alargarme mucho para que tengáis tiempo de preguntar, compartir, expresar vuestra vivencia y yo de nuevo me enriquezca con vuestra experiencia.

El oído es un sentido muy importante en nuestra vida. Los estudiosos del cuerpo nos dicen que el sistema auditivo es de los sentidos más importantes en el ser humano, nos otorga grandes capacidades de supervivencia al percibir nuestro entorno en un rango de 360ª, además está íntimamente relacionado con procesos mentales complejos como nuestras emociones e incluso nuestra manera de pensar, lo que es evidenciado por la reacción a la música.
El oído es un órgano del cuerpo humano muy sensible y avanzado. La función del oído es transmitir los sonidos al cerebro a través de sus distintas partes: el oído externo, el oído medio y el oído interno. La tarea principal es por tanto detectar, transmitir y convertir los sonidos en impulsos eléctricos. Otra función importante es mantener nuestro sentido del equilibrio.

Una curiosidad que desconocía se puede formular así: Cantémosle a nuestro oído derecho y hablemos le al izquierdo. El oído derecho oye distinto que el izquierdo.

El oído izquierdo es mejor que el derecho para captar los sonidos del habla, mientras que el derecho es más sensible a los sonidos de la música y las canciones, según los investigadores norteamericanos de un estudio sobre la audición en 3000 recién nacidos.

Se sabe desde hace mucho tiempo que el hemisferio derecho e izquierdo del cerebro registran los sonidos de forma diferente, ya que cada lado del cerebro se compone de células distintas. Sin embargo, los resultados del estudio indican que los oídos juegan un papel mucho más importante de lo que se creía con anterioridad.

“Se daba por sentado que nuestros oídos funcionaban de la misma forma. Como consecuencia, se tendía a pensar que daba lo mismo cuál de los oídos tenía la deficiencia auditiva. Ahora se ha demostrado que puede tener implicaciones muy importantes para el habla de la persona y el desarrollo del lenguaje,” dice el principal responsable del estudio, Ivonne Sininger, de la Universidad de California en Los Ángeles.[1]

Además sabemos que es uno de los sentidos que primero se despiertan en nosotros ye en el interior del útero de nuestra madre, los expertos nos dicen que muy pronto los bebés pueden reconocer la voz de la madre, escuchar música, asustarse por los estruendos…José Tolentino lo expresa muy bellamente:“ los signos sonoros nos han habitado primero, han permanecido largo tiempo sumergidos en la nocturna memoria del cuerpo, se han inscrito en nuestro sueño, han tatuado nuestra piel”[2]

También parece que es uno de los sentidos que más tardamos en perder aunque aparentemente las personas estén en coma, puede ser que nos oigan.

Mientras digo esto me viene a la memoria una experiencia que me produjo un profundo impacto y a pesar de los años transcurridos no se me olvidado. Fue en el verano de 1995, en la Chacra una barriada en San Salvador.

Fuimos a visitar en una casita muy pobre, suelo de tierra, techo de láminas de metal, una sola pieza separada de otra por una manta que hacía de cortina. Una mujer Salvadoreña asiste a los últimos momentos de vida de su hija de 24 años terminal de SIDA, está en coma, pero a la madre le han dicho que aún oye. Esta joven ha luchado varios años en la guerrilla salvadoreña, tiene una hija de 3 años que vive con ella.

Mientras estábamos allí con ella acompañándola en ese duro trance, mientras asistía a la larga agonía de su hija ella, no se quejaba, no protestaba por la situación ...a cada ratito, se acercaba al lecho de su hija y a modo de letanía le repetía su “credo” como despedida, una y otra vez:

“ Hija macháte tranquila,

Ponéte en manos del Salvador.

Él sabe todo lo que has hecho por tu pueblo.

De tus errores, ya no se acuerda.

De tu hijita me encargo yo.”

Ese era su regalo final, acompañar a su hija en su paso al encuentro con el Dios de la misericordia en el que creía, susurrarle al oído las palabras que mejor podrían expresar su profundo amor y su fe inquebrantable en un Dios amor para que su hija no temiese el tránsito

La palabra y el silencio entran en nuestro cuerpo por el oído llamado a ser sede de la comprensión y la acogida, de la escucha respetuosa de sí mismo, de los otros, de la realidad, del Silencio, del Misterio. Lugar de apertura y encuentro con la Vida, con la verdad del Ser.

La escucha de calidad posibilita (a uno mismo y al otro) ser lo que se es, sin miedo a la crítica, al juicio, a la condena, a la culpa.

Saber escuchar nos libra de la cerrazón indiferente, del fanatismo e integrismo que aprisiona la vida; nos libra también de la sordera cómplice de los ruidos alienadores y evasivos que sólo permiten vivir dignamente a unos pocos

El oído nos permite abrirnos a lo distinto, a la palabra y al silencio, a la brisa suave y al rugir de la tormenta. A través del oído podemos gustar la belleza de las melodías de la naturaleza (agua, viento, árboles, pájaros…) y de la creación artística.

Un oído atento que pueda percibir el Silencio, un silencio cargado de Presencia, de un Misterio que puede nombrarse de diversos modos, todos inadecuados: Trascendencia, Ser, Energía Purisima, Alá, “Dios”, Trascendencia, “Ser”, Presencia, Trama de la vida, Vacío, Jesús de Nazaret lo denominó ABBA, como expresión de su experiencia de Ser relación amorosa.

Saber escuchar ha sido y sigue siendo para mí un aprendizaje largo y muy difícil, que no termina nunca, y que me va llevando a un encuentro con la Vida y por tanto a un aprendizaje en el camino al amor.

Saber escuchar es algo que ha caracterizado secularmente a las mujeres. Nos han atribuido el rol de “escuchadoras” y lo hemos aprendido muy bien. Durante siglos nos hemos ejercitado las mujeres en esa escucha descentrada que se pone en el lugar de la otra persona, con riesgo y en muchos casos con el problema, de perdernos en esa escucha, de no saber tener dos oídos atentos uno a las necesidades de los otros y el otro atento a las propias necesidades. Es que eso era egoísmo, era no amar gratuitamente (como nos correspondía), el olvido de uno mismo (más realmente de una misma) era la señal del verdadero amor.

Por eso es importante profundizar en lo que significa hacer del oído un lugar para el encuentro con el Ser, con la vida, con el Amor porque esto supone un aprendizaje que tiene sus lugares, requiere arte y técnica, supone transitar unos determinados caminos, cultivar un modo específico de estar en la realidad, practicar unos determinados valores…

2- LUGARES DE LA ESCUCHA.

Hacer del oído un lugar para la acogida de la vida y el encuentro con el Ser TIENE SUS LUGARES

¿Cuáles son? .Toda la realidad es un lugar de aprendizaje. Cada parcela de la realidad tiene su palabra y su silencio, sólo necesitamos aprender a escucharla

Estos lugares ¿están dentro y/o fuera?, o mejor aún ¿hay dentro y hay fuera?

No es fácil diferenciar con claridad qué está fuera y qué dentro, ¿fuera de dónde? ¿dentro de qué?.

Sin duda soy consciente de que hay realidades cuyos sonidos de procedencia están fuera de mi cuerpo, pero en cuando llegan a mi oído y de ahí a mi cerebro ya están dentro de mi cuerpo y ya tienen alguna resonancia dentro. De hecho enseguida ponemos etiquetas a los sonidos: bonito, feo, agradable, desagradable, fuerte, débil… y lo mismo nos pasa con las palabras, cada una resuena en nuestro interior en conexión con nuestra historia personal, nuestros valores, mundo de creencias, experiencias, sueños… Todo lo que desde el exterior me llega tiene una incidencia dentro, y la interacción está siempre funcionando y esa interacción me habla no sólo de lo que pasa fuera sino de lo que me pasa a mí.


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