La noche del 9 al 10 de diciembre pasado, hacia la una y media de la madrugada, sobre el tejado de la iglesia copta de Santa María y San Miguel en Warraq el-Hadar, un barrio pobre de El Cairo, apareció una silueta femenina de vestiduras blanquísimas, con destellos de luz verde-azulada, un lazo en su cintura y una corona sobre su cabeza. Más de diez mil personas acudieron al evento, católicos, ortodoxos y musulmanes, que aplaudían, cantaban o mostraban su estupor. Juntos. Hay todo tipo de filmaciones y fotos de los más de cuarenta minutos que duró la aparición. Junto a las tres cruces que coronan cada una de las tres cúpulas, se ve perfectamente la silueta luminosa de una mujer que flota entre dos de las cúpulas.
Aunque la memoria es selectiva, siempre hay alguien que nos recuerda lo que olvidamos. Desde hace unos meses todos los partidos nacionales apoyan una candidatura para el premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Se trata del Excelentísimo señor Sebastián Fernando Macarro del Castillo, alias «Marcos Ana». Su tratamiento, excelentísimo, viene de que el pasado 4 de diciembre, el ministro del paro Celestino Corbacho le notificó la concesión de la Medalla de Oro al Mérito al Trabajo. El premiado declaró: «¿A mí? ¡Pero si yo no he trabajado en la vida!». El 13 de enero el Gobierno Vasco le entregó el Premio René Cassin de Derechos Humanos. Ha llamado a sus memorias «Decidme cómo es un árbol» (sum sum, sum sum… a qué huelen las nubes), y no está confirmado que el título aluda a «la tierra de los ahorcados» donde asesinaba, porque el susodicho asesinaba gente inocente. Pedro Almodóvar ha comprado los derechos del libro para llevar su vida al cine y su amigo Luis Eduardo Aute le cantó Al Alba.
Viernes, 1 de junio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín