Políticamente acorrecto

Michael Moore y otros peones negros

14.01.10 | 10:06. Archivado en Manipulación mediática, CONSPIRANOIA, Colaboraciones

Amenaza Michael Moore con otra de sus filípicas. Esta vez el Catilina de turno se llama capitalismo, continuación de Roger & Me a lo caída del imperio romano, con George W. Bush encarnando una mezcla entre Cómodo y los de la bancarrota del siglo tercero. Como entonces, la falta de fe amenaza el mundo, y en eso que llegó Constantino, o la parusía de Barak Obama. Todo bien aliñado con dramón y lágrimas, a mayor gloria del nuevo emperador. Moore se cree el obispo Osio, en lugar de Córdoba viene de Michigan, convirtiendo al César.

Es un maestro del documental subjetivo, con esa vena llorica que tanto gusta a sus fieles y cabrea a sus contrarios, todos público suyo. En España pocos han conseguido ese tándem de afición-rechazo que tan bien funciona comercialmente. Jiménez Losantos, quizás. Ambos son brillantes maestros de la hybris trágica griega que levanta quejas desde Hesíodo; son megalómanos, su producto son ellos mismos; ambos manejan sus lenguajes a la perfección y no tienen empacho en ser creativos con la realidad u omitir lo que no interese (como todos, pero bien hecho). Aguerridos luchadores contra la confabulación judeo-masónica: judeo el americano, que entre los liberales yanquis está feo meterse con masones; y masónica el español, que entre los liberales hispanos pasa lo contrario. Sin debate. Cuando un quijote contra el poder del Estado como Ron Paul (que votó contra la guerra de Iraq y contra la Patriot Act), reta a Michael Moore a debatir en el show de Larry King, Moore dice que no le esperen. Él solo hace promoción. Para vender, que de eso se trata, vender su producto en un negocio complicado como es la industria de la comunicación.

Cualquier tema, por serio que sea, tiene su tratamiento mediático para hacerlo atractivo. Los medios son eso, medios con los que alguien gana dinero. Calentamiento global en el diario As: «Amarilla por tirarse un pedo en la cara del árbitro»; al agacharse para colocar el balón, aprovechó para soltar el cuesco. Noticia en Sevilla, titular: «Muere una vaca acosada sexualmente por un burro». El periodista, concienciado con la violencia de género, aclara que el dueño del rumiante pedirá una indemnización. Seguridad vial, diario El Mundo: «Localizan en Tenerife una cabra que circulaba en ciclomotor». El líder mundial de información en español nos tranquiliza: la cabra llevaba casco. Menos mal que nos queda la prensa católica, el Ya por ejemplo: «Un musulmán es obligado a casarse con cuatro mujeres y acaba en el hospital con depresión». Después, en plan solidario con el desdichado, nos explican que el joven, obligado por sus padres a casarse con las cuatro en solo 6 meses, acabó implorando sitio en el cotolengo. Terrorismo: El vocalista de la Mondragón se da friegas con ácido bórico, ha sido ETA. Que un condenado por el 11-M participa en un taller de teatro, portada de El Mundo: ‘El Gitanillo’: el ‘actorazo’ del 11-M.

Cuando en lugar de cabras los medios tratan grandes tragedias, apuestan por un negocio seguro y, si es posible, por entregas. El editor e investigador político David Kopel (que además enlaza con HispaLibertas en su página), tiene una frase que resume el fenómeno peones negros a partir del negocio mediático: «Si todo lo que sabes es lo que los principales medios de comunicación te dicen, estás viviendo en un mundo de ilusiones. Pero no puedes liberar tu mente si tan solo reemplazas un conjunto de ilusiones manipuladoras por otro conjunto de ilusiones manipuladoras».

En los atentados del 11-S y el 11-M se cometieron fallos garrafales por parte de los gobiernos respectivos. Sobre el 11-S ya se pronunció la correspondiente comisión, y sobre el 11-M destacan el total descontrol con los explosivos mineros, el lamentable espectáculo de las fuerzas de seguridad en Asturias, la descoordinación entre cuerpos policiales, falta de medios o la pasividad del gobierno ante repetidos avisos como el documento noruego. Sobre el post-atentado, empezando por la no convocatoria del Pacto Anti Terrorista, mejor ni hablar. La crítica política, constructiva, feroz, o ambas cosas, no puede confundirse con un delirio paranoico que culpe, sin hipérboles, al gobernante de turno. Una cosa es señalar al negligente, o al que se mete en guerras absurdas, y otra muy distinta acusar a un presidente de poner bombas en trenes o aviones. Que Zapatero y Bush sean dos botarates y ambos ganaran las elecciones de 2004 tras terribles masacres no los convierte en conspiradores. Aznar, por más que se empeñen, no es Augusto gritando ¡devuélveme mis legiones! a Varo-Zetapé Ni el 11 de septiembre es la matanza del bosque de Teutoburgo, pero esa idea resulta comercialmente muy atractiva.

Estos días hemos sabido que la administración de Obama tenía todos los datos para evitar el atentado frustrado de Detroit, incluyendo sendas reuniones entre el padre del terrorista y la embajada de EE UU en Lagos o con la CIA. Si al iluminado nigeriano no le falla el mecanismo explosivo hubiéramos tenido 300 pasajeros muertos y las incontables víctimas en caso de caer sobre zona urbana. Súmenle a eso que Obama no diga ni pío sobre las cárceles secretas de la CIA o la nueva ofensiva en Afganistán y amenace con Yemen; que no cierra ni cerrará Guantánamo pero sí chapa el aeropuerto de New Jersey por el beso de un chaval a su novia, o que nos despelote como si huyéramos a Marte en una de Philip K. Dick. Los de siempre (busquen enlaces con Cuba, socialismo, bolivariano, calentamiento global, etc) se apresurarán a encontrar gato encerrado.

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