Dice el titular de El Mundo:
"Víctimas del 11-M se querellan contra el jefe de los Tedax en los atentados"
Los querellantes son oficialmente la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, un grupo minoritario que subvenciona Esperanza Aguirre y que representó a 8 de los 192 asesinados, cuyo abogado es José María de Pablo (autor de otro best-seller sobre el 11M: "La cuarta trama"), que contrataron a Iglesias como químico antes de la pericia y posteriormente como perito de parte, cuyo libro "Titadyn" es el último -por el momento- escrito a pachas con Casimiro García-Abadillo (autor también de "11-M la venganza", que fue un best-seller), y que lanzaron con Múgica a Lavandera en "A tumba abierta" («Quiero contarlo todo antes de que me maten»). Los mismos que en el juicio defendieron que todas las pruebas eran falsas pero pidieron 40.000 años para los condenados.
Vengo de la playa, pero de verdad, no del parque temático, de la mar. Vengo del Mediterráneo.
Será porque mi niñez sigue jugando en tu playa, y sigue durmiendo escondido tras las cañas mi primer amor, que detesto las aglomeraciones de turistas y me resulta incomprensible la bárbara costumbre de cultivar melanomas. Cada mañana, a las siete treinta, mi perra y yo nos lanzamos a tus aguas como quien descubre las fuentes del Nilo, previo paso por cierto inmundo solar para relax de los esfínteres. Por la orilla pasean los matineros, nadie tumbado, un par de barcas de pesca y varios como yo jugando con sus perros. Casi se pueden oler los bueyes tirando, se escucha el griterío de la triste herencia y un monumento con vestido blanco oceánico alegra la vista. Un estado de beatitud cuasi religiosa que se rompía al irnos justo antes que llegara la marabunta.
Durante varios días hemos perfeccionado la técnica, encontrando lugares alejados con dunas y madrigueras de conejo (no conseguimos cazar ninguno, pero las risas de perseguirlos son impagables). De cada cien personas, al menos sesenta sonreían al ver mi perra atacándome sin piedad contra las olas, saludaban con la cabeza y seguían su camino.
Todo fue bien hasta el último día, cuando empezó la avalancha que llaman operación salida. A punto de alcanzar el nirvana, con la luz esparramándose cristalina, escuché unos graznidos a mi espalda. Una mujer con cerradísimo acento andaluz, o marciano, me increpaba como al peor delincuente porque la perrita en la playa "es una guarrería". Mi cara debió ser un poema. En la Ribera Baixa y L'Horta es común que los indígenas quedemos bloqueados ante una catarata de gracejo meridional. No es una experiencia tan dura como toparse con un argentino, pero casi. La señora, motivadísima por su cruzada, amenazaba con llamar a la policía mientras sus amigas tiraban de ella para seguir camino. Cuando ya estaba organizando la operación libertad duradera con helicópteros, un par de fragatas y los marines de Apocalipsis now, conseguí articular palabra para decir que esa ley, a esas horas y en ese lugar, era una estupidez.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín