TE REGALO ESTO
06.01.07 @ 14:43:24. Archivado en Friki cult, Cómo ser cristiano
Como hago desde que me sucedió algo extraordinario, cada año pido lo mismo a los Magos de Oriente y algunas veces mis súplicas tienen más éxito que otras. Hay gente que llama a mi regalo, este que quiero darte, la Plegaria de la Serenidad:
“Queridos Reyes Magos: os pido la Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; os pido el Valor para cambiar las que sí puedo, y por último y más difícil, la Sabiduría para saber diferenciarlas”.
Por lo general no suelo tener mi regalo completo (así debe ser), pero en su inmensa Sabiduría, los Magos hacen esto para que siga esforzándome en la senda que un día escogí. Tengo comprobado que no erré el Camino, y que siguiendo fielmente el método de vida que intento llevar... Me siento cada vez mejor, más feliz. Entre las muchas risas que han levantado entre tantos burreras los símbolos pitagóricos, el trigésimo sexto símbolo de Pitágoras explica:
“Honra a una figura y un escalón antes que a una figura y un abrojo”. Es decir, avanza escalón tras escalón hacia el ideal propuesto, hacia tu “figura”, tu objetivo (en mi caso Jesús, pero es lo mismo si te señalas a Sócrates, Heráclito, Diógenes, Epícteto, Platón o Séneca). PORQUE ESO PRECISAMENTE QUIERO REGALARTE, LO QUE PIDO PARA MÍ: LA FELICIDAD.
La Libertad es lo único que te hará feliz.
Estos días –será cosa de la moda laica- he visto muchas y buenas películas sobre el nacionalismo y el socialismo unidos. Los soldados alemanes cantaban aquello de “luchamos por la libertad, oh jefe, danos tus órdenes, las cumpliremos”. En todo mal hay siempre un bien, y de ese tremendo error humano podemos aprender muchas cosas, pero me interesa una: buscaban la libertad fuera de sí, ¡pero la Libertad sólo puede hallarse en tu interior!
La Felicidad se consigue prescindiendo de aquello que escapa a tu control. No puedes ser una persona alegre si estás lleno de ambición, temor y deseo. Porque la Libertad, y la Felicidad que conlleva, depende de tres cosas, y las tres están bajo tu control: tu voluntad, tus ideas respecto a los hechos que te toca vivir y el uso que hagas de esas ideas.
Dios nos ha asignado a cada uno un papel en la gran obra del Teatro del Mundo. Tu rol puede ser breve o extenso, te puede tocar hacer de pobre o de rico, de forzudo o enfermo... Dios no te ha pedido opinión ni te consultó antes de hacerlo. Pueden darte un papel en el que tu cuerpo esté enfermo, o te rodeen circunstancias difíciles (y ambas cosas son seguras antes o después). Puedes ser un hombre feliz que, además, tiene una cojera; o puedes ser un amargado porque cree que “es un cojo”... ¡Eso puedes controlarlo! ¿Qué eliges? Todo cuanto te sucede, sucede por algún bien. Si decides ser feliz, ya eres feliz. Encuentra el beneficio hasta en el peor acontecimiento, basta con buscarlo. Actúa en la obra lo mejor que puedas, borda tu papel. Lo que tienes sólo está en ti:
Si crees tener libros, ¡lee! Si crees tener herramientas ¡construye! Si tienes que ser escritor, escribe... Deja de intentar ser otro que tú mismo, esto sí está bajo tu absoluto control.
Te advierto que no te entenderá casi nadie, y que incluso serás objeto de burla por este Camino; pero como te dije al hablar de los “mariblogerines” ¡nadie puede hacerte daño! No tienes por qué dar explicaciones a nadie, actúa en conciencia porque los demás no tienen la capacidad de dañarte. Si te parece que alguien te daña o te provoca, recuerda que el único daño puede estar en el juicio que tú mismo te hagas de lo ocurrido. El resto es pura apariencia.
La vida, de modo incomprensible, siempre termina ordenándose de manera impecable. De un modo asombroso todo acaba por integrarse armoniosamente en el plan divino. ¿Qué hacer entre tanto? Toma una resolución: espera lo mejor, la bondad y orden que a veces parecen no existir. Espera justicia y bien, busca la paz, porque el universo en que vivimos es el mejor de los universos posibles. Creer no es tener fe ciega, es la práctica diaria de aceptar lo que no está bajo tu control; eso, se resolverá por sí mismo: practica la constancia de ocuparte sólo de aquello que está bajo tu control. Culpar a otros, a la vida o a ti mismo entraña todo lo negativo que podemos padecer: la envidia, los celos, la ira y los continuos reproches que, al final, no están fuera, sino en ti mismo. Simplemente con la intención y tus actos para esforzarte en ver que todo obedece a un orden superior, quedas libre de prejuicios y el resentimiento o la confusión desaparecen. Te sientes entonces fuerte, ya no estás acosado ante las circunstancias de tu vida, pues todo lo que puede estarlo, está bajo tu control.
Aquí sería hipócrita no hablar un mínimo de política.
No te hagas daño a ti mismo ¡no tiene sentido! Es absolutamente seguro que “el otro” tiene una parte de razón ¿¡qué necesidad tienes de ser tan mezquino como para negarlo!? Defiende tu posición, sí, pero si ello te hace sentir mal es que algo no está funcionando. Una discusión no merece sentirse mal... ¡Y menos si es por causa de terceros! Sobre todas las cosas mundanas, la política es el mayor engaño. ¿Acáso crees que tú le importas lo más mínimo a ellos?
Mira: Clint Eastwood, persona a la que admiro, dice con total sinceridad que “es republicano”; y con la misma impasible mirada explica que nunca votaría a G.Bush. Yo, cuando votaba, era siempre a los que se dicen “de izquierda”. En las últimas elecciones salí alborozado a celebrar la victoria de Zapatero. Hoy digo sencillamente que me equivoqué (no me engañaron, ni es culpa de una radio o de un atentado: yo me equivoqué). ¿Era más feliz antes? ¿Lo soy ahora? Si rectificas algo porque así lo sientes eres feliz porque te sientes digno... Y los lobos deben largarse a otro sitio por su carroña, puesto que nada más les queda por rascar. Otros lobos vendrán a sustituirlos... ¿¡Y eso te va a quitar un minuto de tu sueño!? Vamos, hombre: ¡por favor! Allá ellos...
Por último, y como despedida, ¡otro consejo!:
Siempre es mejor reírse “con” que reírse “de”. Pero hagamos una excepción si te apetece...
Ríete, ríete siempre. Ríete de mí o conmigo, pero ríe. Conserva siempre y ante todo el buen humor, aprovecha los momentos de carcajadas sin la degeneración de la malevolencia (eso para los bares y personas mezquinas), pero por favor, si no hay más remedio, ríete de mí.
A mí no me importa en absoluto, porque eso... ¡Está fuera de mi control!
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
José Donís Català
autor
Contacto


