Para no dejarse engañar por los políticos y los medios
Rodríguez Herranz toma las últimas elecciones generales como hilo conductor para explicarnos cómo funciona en general la comunicación política en ese peculiar estado de guerra que para los partidos son unos comicios. Y decimos "hilo conductor" porque el autor nos aporta algo más que el análisis de lo que sucedió entonces. Lo que hace es elevarlo a paradigma para que comprendamos mejor la transmisión de información en sociedades que presumen de transparentes, pero donde ese mecanismo se conoce mal y se interpreta peor.
Durante una campaña un mismo hecho es visto blanco o negro por unos y por otros, partidos o medios, a veces tan parciales como los partidos. Y a veces el ciudadano, que lo ve gris, se pregunta qué buscan los políticos o los informadores al defender la indefendible rotundidad y sectarismo de sus planteamientos. En ocasiones se manipula de manera tan sutil que sólo el especialista detecta la clave de bóveda en la aparente asepsia de un postulado; y en otras, se manipula tan flagrantemente que uno se pregunta qué objetivo persigue una acción que desacredita a quien la practica (y sin embargo ese objetivo existe y también está medido).
Pues bien, a este tipo de interrogantes responde Rodríguez Herranz con claridad y competencia, metiéndonos en la cocina donde se fragua el suministro de información, para qué sepamos quién decide cuándo y dónde decir o hacer qué: las célebres cuatro W (who, when, where, what) de la noticia, que nunca se dejan al azar cuando en juego están los votos, y jamás son casuales.
La información, pues, se manipula, se nos advierte desde este texto, y dado que no podemos evitarlo, al menos sí es bueno estar prevenido para levantar las oportunas barreras. A través de múltiples ejemplos (que no escasearon en los meses precedentes al 9-M), Rodríguez Herranz nos enseña a hacerlo. Sabremos así cómo se contraprograma en Génova un golpe de imagen de Ferraz -y viceversa- o a qué obedece el continuo pim-pam-pum de los portavoces de PSOE y PP peleando por lograr los minutos precisos de telediario para colocar el mensaje antes de que lo haga el rival.
Identificar a los manipuladores y sus técnicas nos hará más libres, respetados y poderosos, sostiene el autor. Así no saldrán ganando ni la ceja ni la niña, sino el sentido común del ciudadano a quien pretenden manejar.
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