Escaño 351

Izquierda de caviar y butifarra

02.11.08 | 11:22. Archivado en Análisis, Autonomías
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Pompa y oropel
Ahora es otra cosa, porque la inmensa mayoría de los parlamentarios del «nuevo régimen» catalanista de izquierdas no conoce más opulencia que la del Presupuesto.

El propio «president» Montilla encarna esas nuevas maneras con un sueldazo (169.446 euros anuales) que casi duplica el de José Luis Rodríguez Zapatero y con el gesto, muy ilustrativo, de escolarizar a sus trillizos en el Colegio Alemán de Barcelona, privado y sin la dictadura de la «inmersión» en catalán.

Mientras, sus socios independentistas de ERC no desaprovechan la bicoca. A Ernest Benach, el presidente del «Parlament», republicano e independentista, le ha pillado ABC en falta con el caro «tuneo» de su A-8 limusina valorado en 110.000 euros y perteneciente a la flota de 95 vehículos oficiales de la Generalitat.

Los «extras» encargados para el «buga» (televisión, reposapiés y mesa-escritorio) salieron por un «pico» de veinte mil euros.

Una revelación con tanta «pegada» (nada más irritante para el ciudadano que las ostentaciones obscenas con cargo al erario público), que Benach ha tenido que renunciar a las mejoras de su coche, no sin aliñar las explicaciones sobre su decisión con manido victimismo.

Al tiempo, crece el estupor por los datos que se van escapando de la olla a presión del Palacio de Sant Jaume, donde el «vicepresident» Josep Lluís Carod Rovira se beneficia de 21.000 euros al año para desplazamientos, a pesar de que ya disfruta, aparte, de su coche oficial con chófer.

Así que el presidente de ERC, Joan Puigcercòs, ha tenido que buscar una «solución» urgente y, sobre todo, «patriótica» para salvar la cara (y qué cara) al partido y al «Govern»: decretar un «cordón sanitario» para aislar a los medios de comunicación (por supuesto, aviesos y centralistas) que denuncian los despilfarros.

Este tipo de excesos, que en los últimos años han venido oscilando entre lo cutre, lo pretencioso y lo fanfarrón («porque yo lo valgo»), son recibidos por los ciudadanos como una patada en la espinilla y, a veces, encienden más la mecha de la indignación popular que las grandes malversaciones de fondos públicos, tan intrincadas.

Ya se comprobó hace años cuando quien fue presidente del Gobierno de Aragón, el socialista José Marco, terminó condenado por llevarse a su casa un sillón de cuero de su despacho oficial, «trinque» valorado en 78.000 mil pesetas.

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