Escaño 351

¿Ha cambiado Rajoy de imagen para ganar las elecciones?

13.01.08 | 10:02. Archivado en Casa Real
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Ahora, a dos meses de las elecciones, Rajoy está «a punto de ebullición», según comentan fuentes cercanas al asesor de comunicación. El primer cambio ha sido meramente visual. Se recortó y arregló la barba, se cambió las gafas hace ya varios meses (aunque siguen siendo algo gruesas, a gusto de sus asesores), y se fue de compras.

Renovó su armario de arriba abajo, se compró corbatas más alegres y ahora se pone menos trajes grises. Los jerseys de pico y las camisas de sport, para los fines de semana, también eran imprescindibles. De vez en cuando, el candidato del PP recibe un SMS en su móvil por la mañana, con algún consejo sobre la vestimenta adecuada para los actos de ese día.

Las lentillas podrían mejorar su aspecto, pero no son determinantes. «Se le tienen que ver bien los ojos, la mirada que sea transparente y directa, y con las gafas que lleva ahora es suficiente».

El PP recupera el color azul
El color azul vuelve a ser el del PP, y por tanto el de su candidato.

El naranja ha ido desapareciendo poco a poco de los actos públicos populares, y ahora tan sólo queda un pequeño detalle en el logotipo o en ciertos decorados. Resultaba demasiado chillón y agresivo. Los mítines de Rajoy estarán dominados, por tanto, por el azul y el blanco, como se vio ayer o en el Madrid Arena.

El líder del PP también ha ido corrigiendo algunos gestos. La mirada baja, por ejemplo, era un gesto usual de Rajoy en las pausas de sus discursos. Se ha corregido.

Ahora intenta transmitir mensajes no verbales de seguridad, contundencia y firmeza, fundamentalmente con las manos y la cabeza. Y tratar de no hablar tan rápido, sino más pausado, para que su mensaje se asimile sobre la marcha y se entienda mejor.

Con un tono de voz que exprese energía, convicción y confidencia. Nada de titubeos ni voz demasiado baja o demasiado alta. El candidato tiene que evitar los tics y también mostrarse menos rígido.

El «dedo índice acusador» hay que desterrarlo, aunque el candidato popular matiza y suaviza este gesto con la mano entreabierta, donde el espectador puede apreciar, además, su anillo de casado. No se impresionen: los asesores de comunicación son así, lo analizan todo y a todo le dan un significado, que a veces roza lo esotérico.

Los expertos insisten en que no se trata de que un candidato sea atractivo si en realidad no lo es, o que sonría falsamente, o que intente forzar algo que es mentira y que, en realidad, no le sale.

No se puede obligar a un candidato -ni a nadie- a contar chistes si no tiene ninguna gracia. La primera norma del candidato es ser él mismo, con normalidad y naturalidad. Rajoy sin barba no sería Rajoy. Y sin la ironía que le caracteriza, tampoco sería él mismo. Él es campechano y se muestra así, aunque a veces le juegue malas pasadas.

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