Escaño 351

Inmersos en una política ramplona y zafia

15.08.09 | 09:37. Archivado en Análisis, Gobierno

María Teresa Fernández de la Vega es como el gas natural. Circula por las cañerías del poder y, escasa en densidad y peso específico, tiene un alto poder detonante. Explosiona con facilidad.

El pasado jueves, tras el Consejo de Ministros con el que el Gobierno disimuló la inoportunidad de sus vacaciones, dijo que «la democracia y el Estado de Derecho son tan fuertes que soportan sin problemas actitudes tan irresponsables e insensatas como las de los dirigentes del PP».

Afirma Manuel Martín Ferrand en ABC que eso es grave:

Inmersos en una política ramplona y zafia, en la que la partitocracia tiene secuestrada la democracia representativa y parlamentaria, vamos perdiendo la sensibilidad cívica al tiempo que nos enflaquecen los sentidos ético y estético, pero lo De la Vega es inadmisible.

Una descalificación semejante en un acto que no fuere consecuencia de una acción de Gobierno y emitida desde un escenario no institucional, el palacio de La Moncloa, podría pasarse por alto y perderse entre el cúmulo de insulsas picardías con las que se escenifica el enfrentamiento partidista; pero así, revestida vicepresidencialmente y en el altar de su autoridad, da la medida del modelo político que impulsa Zapatero.

En 1881, en una de sus famosas cartas dirigidas a Mary Gladstone, decía Lord Acton: «El test de la libertad radica en la posición y seguridad de las minorías».

Siglo y cuarto después el indicador sigue siendo válido y, entre nosotros, marca la chulesca altanería con la que el socialismo instalado, avalado por el cuarenta por ciento de los votos ciudadanos, se pone por montera al PP y al resto de la fuerzas en presencia que no le resultan imprescindibles para reforzar su minoría en el Congreso.

En ese mismo capítulo del manual de conducta que utiliza el PSOE puede incluirse la actitud del diputado socialista por Granada José Antonio Pérez Tapias que se ha permitido comparar a Mariano Rajoy con «El padrino».

Cabe en su descargo que su afrenta lo es por cuenta propia, desde su blog, y no como el de la vicepresidenta a cargo del Presupuesto; pero, ¿a todo un profesor de Filosofía no se le ocurre nada de mayor enjundia?

Salvo que su intento consista en proclamar a los afiliados del PP como ahijados de Rajoy, carece de sentido.

Ni Rajoy se parece a Marlon Brando o Al Pacino ni está fuera de la ley ni, muchos menos, tiene el control absoluto de su organización.


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