
(PD).- No paran de cacarear y de marear la perdiz. El Partido Popular parece sufrir la maldición del mal de lenguas, abrumado por el peso de la derrota electoral. Pasa por trance semejante o peor al de los socialistas de finales de los años noventa, la última etapa de Felipe González tras la dulce pero cruel derrota de 1996.
Afirma Fernando González Urbaneja en EstrellaDigital que Aznar, condescendiente, le recomendó a Zapatero, cuando le recibió tras ganar por poco la secretaria general del PSOE, que dominara el partido como él había hecho en el suyo. Quizá el de León no necesitaba la lección, quizá la tenía bien aprendida, pero la ha aplicado con diligencia de acero.
Durante estos últimos ocho años el PSOE se ha convertido en una balsa de aceite con relevos sucesivos y ordenados de toda la vieja guardia, que se fue al exilio interior en fila y en silencio.
Todo lo contrario a lo que ocurre en el PP tras la amarga derrota de marzo. El ruido conspirativo es ensordecedor, tanto como su esterilidad. Todos susurran y enredan pero ninguno da un paso al frente, todos insinúan y amagan pero ninguno propone.
Cuando un subalterno como Gustavo de Arístegui agitó el dedo como posible candidato alternativo (en ningún caso por iniciativa propia), bastó una cita con Rajoy en la sede del partido, con foto-oportunidad en la calle, en la puerta de entrada, para que el pretendiente se deshiciera en elogios al desafiado.
Demasiado ruido y muy pocas nueces, demasiado ruido para desgastar a Rajoy, pero que desgasta también a todos los que desgastan. Hasta el propio Aznar entra al trapo con recados enigmáticos que valen para lo mismo y lo contrario.
¿Qué hizo Aznar cuando llegó al poder?… Pues desembarazarse de todos los que eran algo en aquel partido que Fraga dejó como un erial, empezando por una larga lista de vicepresidentes dedicados, básicamente, a conspirar. Quizá Rajoy ha sido demasiado educado a la hora de imponer su estilo.
Gobernar el gallinero no va a ser sencillo para nadie. La hipótesis de una ruptura del partido no es verosímil, fuera hace demasiado frío; fuera no hay empleo para poco más de una docena de ilustres dirigentes enquistados en el aparato y con poca vida privada más allá de la profesión en el partido. Más aun, su empleabilidad empeora a medida que se desvanecen las posibilidades de que el partido tenga opciones de gobierno.
La suma de declaraciones inútiles, contraproducentes, a humo de pajas realizadas por dirigentes populares en un solo día, el de ayer por ejemplo, es como para que sus competidores se rían a carcajadas. Y les queda aún mucho viaje hasta encontrar el nuevo libreto de eso que todos llaman centro reformista pero a cada uno le suena diferente. Ya lo dijo Romanones, ¡vaya tropa! Más que probable es que el próximo dirigente, cuyo nombre ignora el mismo, no está entre los que no paran de hablar estos días.
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