(PD).- Desde que la descentralización autonómica vació el Ministerio de Sanidad de contenidos y responsabilidades de gestión, todos los titulares del ramo se han vuelto literalmente incompetentes, pero los hay por partida doble que se empeñan en demostrarlo incluso en las escasas competencias que se han quedado por transferir.
Afirma Ignacio Camacho en ABC que la falta de quehaceres concretos se ha convertido en causa de desgracias mayores, pues para justificar su cargo los ministros cavilan el modo de pasar a la Historia con reformas legislativas de molesta repercusión en la vida cotidiana.
Elena Salgado, por ejemplo, nos quitó de fumar tratando en vano de alcanzar la cúspide de la OMS, y en su cruzada contra el alcohol a punto anduvo de cargarse el próspero sector vitivinícola.
A Bernat Soria le ha dado por causas mayores, y para consolarse de que Zapatero le haya amputado también de su control la materia de investigación científica -supuesto justificante de su nombramiento, aunque falseara el currículum-- anda coqueteando con debates de auténtica nitroglicerina social, como el aborto y la eutanasia. O se dedica a perseguir a escobazos a los capellanes de hospital.
Todo sea con tal de no quedarse para inaugurar simposios. Sucede sin embargo que el ministro de Sanidad también lo es de Consumo, y es éste un ámbito en el que, como demostró su antecesora Celia Villalobos, no resulta menester ser una eminencia gris para meter la pata.
Al manejar, o acaso provocar, con imprudencia suicida la crisis del aceite de girasol, Soria ha mostrado su clamorosa incompetencia en uno de los pocos asuntos de los que aún es teóricamente competente.
Quizá se pueda gestionar peor un problema, pero no tan deprisa. Acaso pueda ofrecerse información más confusa, pero no tan demoledoramente perniciosa. Es posible sembrar mayores alarmas, mas no tan injustificadas.
Y sin duda está al alcance de cualquiera perjudicar con todo ello por separado a consumidores, comerciantes, industriales o agricultores, pero es difícil conseguirlo con todos a la vez.
Soria lo ha logrado en tiempo récord -un fin de semana-, para acabar envainándosela a renglón seguido, y además ha proyectado la sombra de la colza sobre una sensible memoria colectiva.
Si el girasol se repone de este golpe habrá que apostar por el sector como símbolo de rocosa supervivencia productiva. Ha sido un episodio relámpago, un blitz de gestión nefasta en control sanitario, información pública y negligencia política, que doctora al ministro en ineptitud cum laude.
Si se trató de una cortina de humo para tapar las cifras de paro habría que cambiarle la bata blanca por una estrellada túnica de aprendiz de brujo.
Como los embriones con los que experimenta se le vayan de las manos con la misma facilidad, este Soria puede acabar como un doctor Jekill del zapaterismo.
El presidente ha hecho bien quitándole la investigación de su cartera; a un tío capaz de organizar este descalzaperros en un Ministerio hueco no conviene entregarle ni una probeta. Que las carga el diablo.
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4 comentarios
Yo he pensao lo mismo, digo, la cara de salío que tiene el borracho éste.
Habeis visto la foto?¿¿?¿? joder k cara de salido tiene el viejo...
Un (presunto) ientífico que falsea su curriculum. Enchufado él; enchufada (Aandalucía-Psoe) su mujer. Pidiendo el Nobel de la Pazzz para zp el día que fue nombrado ministro. Con reportaje en el Pais más retocado que la cara de la señora de boyer.
Y cuya manera de demostrtar la no contaminación es todo un método científico, pero que muy científico. Vamos, que los de CSI se tirarán de los pelos con todos sus artilugios de detectar ADN, virus, huellas, bacterias...
Yo bebo un trago de la botella y Vd. bebe otro trago. Y tranquilo, que ya verá cómo no pasa nada.
Recuerdo lo del bichito de aquél señor de UCD (Sancho Rof?), que si se caía de la mesa se mataba,
No recuerdo otra salvajada sanitaria de tal tamaño en boca de ministro.
Por qué no nombrarán ministro de sanidad a un vulgar pero sabio médico de un pueblo cualquiera?. Aseguro conocimientos, sentido común y buena voluntad.
¡Coño! ¿Qués lo que iba a decir? ¡Se me ha olvidado!
Domingo, 20 de julio
Jesús Montesinos
Emilio Castellote Madrid.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena
José Luis Palomera Ruiz
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Javier Vicente Gil