(Carmelo Jordá).- La Diada catalana nos proporcionó la que será una de las fotografías más famosas y polémicas del curso político y, seguramente, uno de los más desafortunados inicios de carrera ministerial que se recuerdan. Me refiero, por supuesto, a imagen de Montilla y Clos, el pasado inmediato y el presente del ministerio de Industria, con unos jóvenes que llevaban camisetas con la leyenda: Tots som Rubianes (Todos somos Rubianes).
Se trata, por supuesto, de una referencia a los problemas que ha tenido el cómico catalán cuando salió a la luz que iba a actuar en un teatro de Madrid de propiedad municipal. Resulta que para los jóvenes del PSC (y para los mayores que se fotografían sonrientes junto a ellos) Rubianes no sólo no es criticable tras sus más que desafortunadas declaraciones sobre “la puta España”, sino que tiene que ser defendido en aras de la libertad de expresión.
Como en tantas otras cosas, la izquierda catalana (mejor dicho, esta izquierda catalana) se equivoca: no es este un asunto de libertad de expresión, sino de respeto y de cómo debe gastarse el dinero de todos los contribuyentes. Nadie le discute a Rubianes el derecho a defecar verbalmente sobre lo que le plazca, pero una vez que lo ha hecho tendrá que asumir las consecuencias y la primera de ellas es que mucha gente ofendida por sus rebuznos no quiera participar en su manutención vía pago de impuestos y subvención cultural.
Es más, la izquierda catalana ha tenido hace bien poco oportunidades para distinguirse en la lucha por la libertad de expresión, pero de la buena, no de la que consiste en dar barra libre a los insultos siempre que sean contra “los otros”. Por ejemplo, todos estos jóvenes y estos políticos podrían haberse significado de forma contundente y clara en el asunto de las viñetas de Mahoma, pero la única reacción que se escuchó desde ese sector era la tópica llamada al respeto de todas las creencias y bobadas "alianciacivilizatorias" por el estilo.
Más cerca: habría sido bonito ver a estos jóvenes y a políticos como Montilla y Clos vistiendo camisetas con leyendas como “Todos somos Arcadi” o “Todos somos Ciutadans” cuando el periodista catalán y el joven partido político que ha patrocinado junto con otros personajes como Boadella eran asaltados, insultados, amedrentados e incluso golpeados en sus mítines. Y aquello si que era un problema de libertad de expresión: unos ciudadanos intentando transmitir sus ideas a los que se les impide con los mejores métodos de los camisas negras fascistas: la intimidación, el insulto y la agresión física.
El propio Arcadi Espada nos explica en conversación telefónica que no le ha sorprendido mucho la actitud de los socialistas:
Es un tema por el que me está preguntando la gente y hoy he encontrado, como me ha pasado en otras ocasiones, una excelente explicación en el Nickjournal de mi blog. Concretamente ha sido alguien que usa el nick MariscalZhukov. Su frase ha sido genial: “Por supuesto que todos son Rubianes. ¿Alguien lo dudaba a estas alturas?”. Ese es el quid de la cuestión: ellos son como Rubianes, piensan como él, es de los suyos, así que lo lógico es que le defiendan a él y se dediquen a él y que se pongan una camiseta con su rostro y no con el mío.
Eso sí, yo estoy encantado cada vez que lo demuestran, cada vez que nos dicen tan claramente que son Rubianes.
Y es que el PSC es un partido que resume el pantanoso terreno ideológico en el que se mueve buena parte de la izquierda hoy en día: sin referentes ideológicos que vayan más allá que la continua manipulación del pasado y la descalificación del adversario, inexplicablemente tomada por un nacionalismo que nunca ha sido parte de su ideario y, por tanto, defendiendo los privilegios de unos pocos en lugar de la igualdad que se supone es su bandera.
Son Rubianes sí, pero es que no les da para ser mucho más.
Viernes, 17 de febrero
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla