Carmelo Jordá (Periodista Digital).- La sesión de control al gobierno de esta semana ha sido especialmente atípica por varias razones y, sobre todo, porque ha empezado mucho después de lo que es habitual, ya que a las cuatro de la tarde, que es la hora cuasi taurina a la que suele iniciarse, el tiempo estaba reservado para un pleno absolutamente soporífero sobre los resultados del Consejo Europeo celebrado los días 15 y 16 de junio en Bruselas.
El interés de ese pleno ha sido tal que los propios diputados socialistas (no es que les tenga manía, es que la tribuna de prensa está justo encima de los bancos del PSOE) se dedicaban a los más variados menesteres: el Ministro de Justicia dibujaba caricaturas (cosa que se le da muy bien como el otro día demostró junto a Jesús Quintero), el señor Císcar leía el periódico de forma ostentosa (y además creo que era El Mundo, toda una provocación) y un diputado al que no he podido reconocer por su nuca visitaba páginas web sobre coches.
Sin embargo, la expectación era alta y, si atendemos al “periodistómetro” (la cantidad de periodistas apostados en el exterior del Congreso), era una sesión destacada. La razón era la esperanza o expectativa o incluso el temor de que el presidente anunciase el inicio del diálogo con ETA.
Pero no ha sido así, finalmente Zapatero, suponemos que fatigado por el pleno previo y al parecer apremiado por una cita futbolera con el presidente argentino Kirchner, sólo ha respondido a un par de preguntas: una de Rajoy sobre la actuación de la Fiscalía General del Estado en el caso de los atracadores pillados in fraganti; y otra de Duran Lleida sobre Iberia y el aeropuerto del Prat.
Pero lo que prometía ser una sesión anodina (y luego lo ha sido) ha vivido un momento de verdadera agitación con la batería de preguntas, hasta cuatro, que distintos diputados del PP (Acebes, Zaplana, Fernández Díaz y Nadal i Aymerich) le han formulado a José Montilla sobre los ataques sufridos por el PP en la campaña del Estatuto de Cataluña.
Los populares han estado especialmente duros con el ministro de Industria, Acebes, por ejemplo, le ha acusado de tener un “comportamiento lamentable” y de ser un “incompetente” en su propio departamento, además de advertirle de que iba a perder las elecciones en Cataluña en las que es el previsible candidato del PSC.
Montilla, que no es un parlamentario especialmente brillante, ha tratado de esquivar los mandobles dialécticos de sus oponentes con desigual fortuna, recurriendo una y otra vez a un argumento que no parecía excesivamente pertinente como el resultado de la votación del referéndum el pasado domingo y equiparando la violencia física que han sufrido Rajoy o Acebes con una supuesta “violencia intelectual” que al parecer ejerce habitualmente el PP.
El momento surrealista de la sesión ha llegado cuando el ministro de Industria se ha referido a Jiménez Losantos (sin citarle, eso sí) como “ese predicador que les dicta a ustedes la estrategia política” y que, al parecer, también ejerce esa “violencia intelectual” que ha hecho que “el pueblo de Cataluña les haya dado la espalda”, en palabras también de Montilla, que ahora se diría que ya no considera a los agresores como cuatro exaltados sino como el pueblo de Cataluña.
El debate se ha enconado de nuevo y se ha desarrollado en un ambiente muy tenso, tanto que finalmente y a raíz de unas palabras de la diputada Nadal i Aymerich, que ha acusado a Montilla de “embolsarse mil millones” y “orquestar los ataques”, se ha producido una interpelación de orden que se ha resuelto al final de la sesión y que ha supuesto un nuevo enfrentamiento entre el Presidente del Congreso, Manuel Marín, y el portavoz popular, Eduardo Zaplana.
En definitiva, más de lo mismo, pero cada día un poquito peor.
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