Poemas

Este es de los momentos facilones

23.05.17 | 00:01. Archivado en En ti

Este es de los momentos facilones
el más fácil de todos los momentos.

Puedes entender lo relacionado
todo pero tú no estás cree en medio.

Ni de todo ni en nada en el poema
te lo demuestro la noche serena.

La noche de la atmósfera clarísima
y la quietud fluyente de los tránsitos.

Un barrido de luz no identifica
la marca ni el modelo de esos autos.

Y aquí está claro tu cabeza apoya
sobre su hombro parezco yo y no soy.

Sólo se mueve la sombra que cambia
y sigues insistiendo saltas fuera.

Vas descalza y caminas sobre la hierva
das tres pasos y te sientas con gracia.

En el capó aquí ya te identificas
que no eres tú la que está deshojando.

La margarita inmóvil cuando arrancas
uno a uno sus pétalos que sí.

Tienen movimiento como llevados
por viento inexistente en los apodos.

Porque todos los vientos se enredaron
entre ese tu cabello y los manojos.

De flecos de tu falda que se mueven
al compás de tus risas explosivas.

Vamos al interior la plenitud
de la piña y de la rosa encontrada.

Y del lápiz sonoro que divide
el diafragma anclado sobre la ventana.

Pero hay y existe el movimiento
va desde el temblor nervioso de llama.

Al parpadeo oblicuo del reflejo
y de los ríos rápidos al sur.

Ah aletean unas hojas verdes
tocan al cristal los viejos amigos.

Lo central en penumbra la belleza
se proyecta en difusa cajonera.

De dos ruecas perfectas que se mueven
también lo hacen sus sombras encaladas.

Y el giro repetido de la espuma
la mano intermitente que lo escribe.

Y el vaivén intacto del porcentaje
lo demás es la mesa repulida.

Las lentes de sol y la bandolera
mas el móvil inmóvil de las perlas.

El resto es la bajada discontinua
la ciudad de lo nuevo reparado.

Donde se ven los aires deseados
haciendo curva y cortando espirales.

Oh lo vetusto desde la elegancia
flameante de un zigzag hasta la luna.

Cocodrila apostada en los remaches
pendular transparente y circular.

Entre la ojiva roja encadenada
y un apoyo adornado de tacón.

Paso de largo las ondulaciones
del banco y la torpeza de las ramas.

Y reparo en helechos vigorosos
consentidos golpean las dos ruedas.

Y por si no te queda todavía
claro ni guillerminamente escrito.

Diré que el chocolate derretido
se vierte sin descanso sobre el molde.

Al final hay un tope en una fuente
posiblemente Otoño y ni los árboles.

Ni las ramas ni las hojas se mueven
solo el agua el agua y los pajarillos.

Congregados sin orden simplemente
que surcan el lugar por su frescor.

Se posan con sus alas pequeñitas
en las alas abiertas de ángel bueno.

José Pómez
http://pomez.net


Lunes, 27 de mayo

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