Grito una ayuda de doble esperanza.
Toda la compañía queda escasa
para aliviar tantísima miseria,
quizá no se conozca el mal de roca
que se merece el pozo del jazmín.
Y con todo el respeto innatural
en la promesa sigo oro en los libros,
independientes sacos apiñados
alrededor del viejo arriate blanco.
Donde la isla divide nuestro mundo
no me quedan más peces escaparon,
viven libres sin nada el eco es gris
rodeado de malvas y azucenas.
Los escritos violentos sin conceptos
me persiguen y piden más comida,
y yo no puedo dársela de nuevo;
Madre el jardín está lleno de escombros.
José Pómez
http://www.pomez.net
Viernes, 1 de junio
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José Pómez
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