Casimiro y Benjamín
En el pueblo donde digo
no hace falta el apellido
se reconoce al amigo
por nombre sin revestido.
En esta noche pasada
te nombré a dos referidos
de vida muy sosegada
y por ella imbatidos.
Con sólo citar sus nombres
se sabe quien los parió,
si llevan sobrenombres,
si juegan al dominó.
Con una brillante Luna
Casimiro y Benjamín
dos refugios del Latín
corazón y la aceituna.
Regente del cafetín
trabajador Casimiro
Trabajador Benjamín
el buen Doctor del suspiro.
Su perfección era tal
tras la barra de su bar
que no hay nadie sin igual
en el tramo capilar.
Los dos amigos del poeta
son personas bien sensibles
degustan una brocheta
mientras arreglan fusible.
Por si acaso hubiese
alguna duda dudosa
de que allí no le interese
¡pidan una gaseosa!
Y díganle: fulanito
trabaja por comisión.
Y díganle: menganito
trabajó y no ha cobrado.
Me habló con rayos de Luna
desgastó los adoquines,
sin percibir paga alguna
Él toca dos violines.
José Pómez
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Amando, la poesía ya se escribe,
y es como la presencia de mi Dios
que en los atardeceres y en los días
de lluvia, y en los días de viento,
y en las flores de tu patio soleado
se oyen poemas se ven parados. ¡Ay!
¡Conque tú también tienes mis geranios!
José Pómez
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Junto al amor
muchos días seguidos
ya no se citan
Mis Galápagos
de lluvia y de silencio
giran rotundos.
¿Cuando lo vives
apuntando al sonido
piensas en alguien?
José Pómez
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Abre tus ojos, son los más fantásticos,
una franja mordida con su boca
rociada con tu mente sin retraso.
¿Puedes imaginar entre sus manos?
¿Qué puede buscar una mujer joven
acercándose a mi playa más blanca,
que en ella esculpe, crea una figura,
fabrica al cocodrilo de la arena?
José Pómez
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A veces una sopa permanece
Noches enteras, días, meses, años,
Naturalmente lustros y hasta siglos
Acompañando tanto y tanto esfuerzo.
A veces unas letras bien mezcladas
Naturales y fáciles, comunes,
Nadan en la promesa de doncella
Acaparando germen de lectura.
Al comer se bendice toda mesa
No importan los placeres en la fuente,
Nuestros desvelos quedan ya soldados
Aplicando belleza se distinguen.
Al leer se desmenuza con el juego
Nunca te fijen mi sal en memoria,
Ni te doblegues por puro placer
A mis versos efímeros de grelos.
José Pómez
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Nosotros lo seguimos con magnética,
promete la mañana desolada.
Tengo que fabricar los cardinales
para que esa errática borrasca
que asoma por las cumbres preguntando,
sepa donde acudir con esas nubes
que parecen que arden con su sueño
ancho, largo y enorme que no cabe
en puntos cardinales que recuerden,
que puedan distinguir el interés
legítimo --por blanco-- del caótico
de la masa de nubes que nos cubre;
con esos puntos bien visibles queda
tarea vespertina del tejado
al menos señalada con la flecha
la que se sigue siempre sin demora.
José Pómez
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Las lágrimas se visten de la cobra
cuando llega la estípite se estrena
pelusa al centro hoy trapo de treintena
sueña que nunca la dulzura sobra.
Mas aquí se usa un verso maniobra,
un verso que se talla en la ballena
con afán de amor crece enhorabuena
jamás llevará voz de la zozobra
reconstruyendo todos esas ruinas.
Quizá por afirmar soy disidente,
pulo caparazón con verso dentro,
destejo adorador de las encinas.
Se tiñe todo, se tiñe el paciente
que revive esperando otro reencuentro.
José Pómez
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Tu sensibilidad calma la gala,
tu fortaleza crece en escolleras
cobijo de tu alma que me mira
y de tu mar secreto.
La noche clara lleva tus lunares
cuando te pienso vas acariciándote
tu hombro derecho con tu mano izquierda
de tu río salado.
Queda el rocío con tu piel hermoso
en la ronda con Luna sin tristezas
en la sonrisa leve de tus pasos
y en tu faro sagrado.
Un tornado olvidado lleva hojas
al pozo deslizante de mirada
que recrean espacios compartidos
de la mar deseada.
Cesan las tibias lágrimas, caen suaves,
desaparecieron las tristezas
del frío, del abrazo azabache,
del río más nombrado.
¿Qué son mis manos en tu corazón?
Vestida con la orquídea indeleble
tu vida pone el centro a mi vida
del faro que levantas.
José Pómez
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Qué son dos años;
para la poesía
cuando nace
la esperanza
en la mujer que la escribe.
José Pómez
Pintor de viento
Sí, tengo la flor más blanca
adormecida en el jarro
del viento frío de invierno.
Pintor de viento sereno
invéntate los colores,
pinta la flor con tu viento.
Pinta este jarro metálico
es mío para donarlo
a otro viento más amigo
que en su tono amarillo
nace un corazón muy blanco
formando tu compañía.
¿Qué te crees que sólo
existe con viento frío
la flor blanca adormecida
para que puedas pintarla?
Pintor de viento contigo
en tus pinceles habitan.
Hay vientos que en los veranos
le soplan sus blancos pétalos,
--tan delicados resultan
que parecen vientos tontos--
porque no llevan volando
hojas y sombras de plata.
Pero hay un viento pequeño,
es brisa de hilos de seda
que en los ojos de mi flor
brilla como un diamante
hecho de agua cristalina
en la amanecida blanca.
Viento pintor de murales
no pintes esa flor nunca
pinta muchas margaritas
pinta si quieres las rosas
blancas y las amarillas,
las rosas y escarlatas.
Pero nunca mi flor blanca
¡No la pintes! ¡No la pintes!
ahora mírala y compréndelo
más bella vive en su jarro
y nadie puede pintarla
porque me lleva en sus manos.
José Pómez
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Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín