Celeste, la escritora con mayúsculas.
¿Qué quieres que te diga? En tu volante
no te hacen falta mis palabras de ánimo;
porque tú, tienes una fuerza enorme,
y gran talento, con una mirada
penetrante, simpática y loca.
Pero... ¿Qué quieres que te diga, amiga;
--que no sepas-- me gustas más cuando haces
los juegos de palabras subterraneas,
los juegos de palabras indomables,
tus juegos de palabras triplicados,
ellos, como tú, son llamas, son fuego,
son los traidores a la boca tuya,
los delatores del alma, inocentes
reflejan acertados compromisos,
y quedan para siempre señalado
tu sentimiento puro restregado
en tu papel, recorte satinado
en la levedad de la piedra blanca
con tu "papel" está mi petición
para reparar las puertas y vidas,
continua con ellos, son hermosos,
concédele más tiempo te lo piden.
Celeste mi escritora de palabras.
....
José Pómez
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Se restituyen
en hojas de limón
gotas de Sol
Jose pomez
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BLANCA
Bondad te llena
La cara toda
Amanecida
No se resiste
Confluye vida
Amiga, amiga.
José Pómez
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PAOLA
Petición de Fabricio; ola de orden
Alcanza y amanece en su rostro,
O tal vez por amor siempre se escriba
Literalmente con esa belleza...
Ama la realidad del abordaje.
José Pómez
Vienes todos los días
Indagando pesares,
Recogiendo los males
Generando alegría,
Entregando tu ser
Nacido sin pecado.
Madre, eres: verdadero
Amanecer del globo,
Río que busca el mar
Ideal de mi hermano,
Alabada verdad.
José Pómez
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SIN DUDA LA DRIZA
QUE MUESTRA HOY AL MUNDO
LA BANDERA NUEVA
DEL AMOR SECRETO
LO SUPO Y LO SABE
Y NUNCA SE OLVIDA
DE SUS DOS EXTREMOS:
MOSQUETÓN Y ANILLA.
José Pómez
SIN DUDA LA DRIZA
QUE MUESTRA HOY AL MUNDO
LA BANDERA NUEVA
DEL AMOR SECRETO
LO SUPO Y LO SABE
Y NUNCA SE OLVIDA
DE SUS DOS EXTREMOS:
MOSQUETÓN Y ANILLA.
José Pómez
Llevan el viento
consigo en su carrera
las avutardas.
José Pómez
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Mujer que piensa
es la doncella que ama
al labrador.
José Pómez
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Mujer que piensa
es la doncella que ama
al labrador.
José Pómez
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Es duro morir en un desengaño,
mas la esperanza no se decapita
con las acciones de esas personas
que quizá sin saberlo nos molestan
y aunque fuesen conscientes de todo ello
no deben perforar roca alegría
que tu alma abriga amando al enemigo.
De verde estarás otra vez preciosa
puedes comenzar la mejor opción
dedicarte al trabajo de vivir.
José Pómez
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La poesía es palacio de justicia.
José Pómez
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¡Qué complicado
me resulta saber
por qué me quieres!
José Pómez
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Redoma con tus vientos de poniente,
iguala con los besos y la vida
parece que se escapa entre los dedos;
anudando sentidos a los tuyos
rifados en la peineta folclórica
idea repetida de lirón
arrugando otra cáscara anidaba.
Remonta primavera con tu vuelo,
indicaré tus manos con mis manos
para la noche más breve del mundo;
algo clara, pequeña, puntiaguda
ría que se navega alcanza monte
imaginando nombres inventé
atunes amarillos en las gradas.
José Pómez
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Yo, contar? No, no cuento.
Sólo cuento las sílabas,
los versos y sonrisas...
el perfil de tu rostro,
los dedos de tus manos
que en tu cara y barbilla
dan semblante sereno
y alargan mis mañanas.
Tus nuevos pensamientos
componen y me cuentan
mirada lateral
de la pasión oculta
en el Sur de tus ojos.
José Pómez
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La pena se calienta con el Sol
cuando no se trabaja ni en el campo
por la falta de sombras incansables;
cuando el calor destiñe los asfaltos
y despiden los hilos de la siesta.
Puede ocurrir que surja la tristeza
la desesperación y los dolores,
y que se eche en falta un viaje a la Alhambra,
mendigando como una embarazada
a pleno Sol sin gorra ni sombrilla.
Qué poco importan los males ajenos
el regimiento del talento urdiembre.
¿Si diera vergüenza estar moreno
al llegar el regreso de Septiembre
poder mostrar el negro de rodillas?
José Pómez
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Doraremos las hojas en reintentos
con las ranas seguras suavemente
te plantaré otro bosque más urbano.
!Hazlo pronto¡ ¿O quieres que lo haga yo?
En Otoño exquisito se repuebla
y con tu ayuda queda decorado
sótano siberiano y aniñado.
Hoy quedo enterado de tus vaivenes,
que en las sombras selectas no se lee:
Huir no lleva a ninguna parte nunca,
tu humildad es honrada y aceptados
con las fases de agua milimetradas
esos musgos sedientos de rocío.
Antiguos ramilletes segregados
cuando la primavera se disfraza
aproximando versos a la mar
mi Luna dice sí, está felicísima
porque los versos saben de amistad.
José Pómez
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¡Sal de la cama mi vida!
Deja lo blanco y lo negro
atrapa la claridad.
Deja esos tus pensamientos
en la habitación más blanca.
Deja tus frios recuerdos
donde yo no pueda verlos.
Y óyeme mi princesa:
¡Vamos a dar un paseo!
José Pómez
Sabes crear alegría
Sabes crear alegría
Irradiar los corazones
Empaparlos de ilusiones
Mostrarte con melodía
Pregonando tu valía
Recordándome el espino.
Eres la ayuda al destino
Ahora será fecundo
Sembraremos todo el mundo
Imitando tu camino.
José Joaquín Pómez
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Darte los días y alegrártelos
es hoy mi único cometido
para recordártelo siempre
que están contigo mis socorros.
Darte los días y alegrártelos
es hoy mi único cometido
para recordártelo siempre
que están contigo mis socorros.
Nueve por nueve
J untemos los sueños del hombre
o rganizados en los campos,
s in saber unir armonizo,
e stoy intentando convertirte en ...
P reparador de su palabra,
o mantengámonos unidos,
m ilimétrico de servicio,
e spañol veinticuatro horas,
z eta será la última letra.
José Joaquín
¿Y si estaba tan verde como estaba,
cuánto tiempo podría continuar
sufriendo las pisadas en tu baile
sin quedar seca, y sin marchitarse,
sin quedar destrozada en adoquines?
Con esa melodía la atmosférica
retrocede en el tiempo, y quizá...
mirándote a los ojos tan serenos
sería complicado hoy olvidarte;
porque tú siempre estás entre nosotros.
¿A qué velocidad es arrastrada
una rama de yedra hasta tus pies?
--Fue situada allí indudablemente--
¿Es posible que el viento se la lleve
tan lejos del rincón y de su muro?
José Pómez
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¿Y si estaba tan verde como estaba,
cuánto tiempo podría continuar
sufriendo las pisadas en tu baile
sin quedar seca, y sin marchitarse,
sin quedar destrozada en adoquines?
Con esa melodía la atmosférica
retrocede en el tiempo, y quizá...
mirándote a los ojos tan serenos
sería complicado hoy olvidarte;
porque tú siempre estás entre nosotros.
¿A qué velocidad es arrastrada
una rama de yedra hasta tus pies?
--Fue situada allí indudablemente--
¿Es posible que el viento se la lleve
tan lejos del rincón y de su muro?
José Pómez
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Síguela, piensa, mírala, aparece
bien reflejada en la costa del sueño.
Con mi lenguaje extinto te convoco
para llegar a la playa y reunirnos
todos, quizá distintos, pero humanos.
Al no contradecir ninguna ley
puede que no resulte emocionante
pensar y creer que es aún posible
y, legal, crear un mundo mejor;
sí hoy lo hiciera sería más valiente.
José Pómez
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Bellezas que analizan los caminos
sobre la copa más alta y segura
sin dejar de cuidarse su figura
cuando al atardecer ganan blancura,
van arremolinándose estorninos;
vuelan en porvenir entre más pinos.
José Pómez
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Papá, dónde dijiste que iríamos.
A Marruecos mi niña, a Marruecos.
Y después de Marruecos; dónde iremos.
Para España de nuevo para España,
Pero si ahora ya estamos en España,
para que ir a Marruecos papá, dime.
¿Por qué no nos quedamos en España?
José Pómez
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Se multiplican
con las cinco lumbares
buenas acciones.
Y un palo ladeado
que endereza al ganado.
José Pómez
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Se multiplican
con las cinco lumbares
buenas acciones.
Y un palo ladeado
que endereza al ganado.
José Pómez
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Sí, Gabriel viaja en la noche
sin día va desde hace años
a poco que se trasnoche
donde no sirven engaños
ventilador ni abanico.
Sus guitarras del pañol
piden algo más que el Sol,
onda de choque, o remojo.
Quizá puedan ver sus ojos
la reina de Puerto Rico.
José Pómez
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Mi oración respondida,
ya sé que no me entiendes,
yo tampoco me entiendo;
cuando escribo, escribo
con mil palabras negras,
sin ser huecas a veces
derivan y consuelan
pérdidas prematuras.
Acuéstate tranquila
no te quiero robar
el sueño ni más nada.
Quiero que sepas hoy
que no me siento enfermo.
Yo siempre te agradezco
tus pedidos por mí,
sé que gracias a ellos...
soy feliz. No te asustes
nada malo me pasa
gracias a Dios. Te leo
esas preocupaciones
por mi cuerpo y mi mente
y tengo que decirte,
que no me ocurre nada
que pueda alterarte.
Estoy bien y alegre,
un simple gesto vale
como estímulo y pago,
desperezaste al lado
por eso tan sencillo
repito soy feliz,
y no tengas más miedo
ni te preocupes más
por mí tan alejado,
creo y te confío
mi oración respondida.
José Pómez
josepomez@gmail.com
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¿Qué puedo yo decirte?
¿Qué puedo yo decirte?
Eres un alma amiga
una mujer que sufre
esos aconteceres
en la vida embarcada.
Sí, existen, están,
a tu lado caminan,
eran de otro tiempo
y fueron reclamados
para otros asuntos.
Vivirás todavía
sin comprender quizá
lo absurdo de la muerte
desde nuestra mirada
desde nuestros sentidos;
quiero que seas fuerte
y que nunca más tengas
miedo. ¡Sé valiente!
José Pómez
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Entregas tu destello
y según “tu palabra”
escoges la bendita
de la página en blanco.
Mira tu corazón
se convierte en un hombre
con su letra desnuda
repleto de palabra.
Y reconociéndolo
bellísima lectora
con sus brazos de vida
este libro te abraza.
José Pómez
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Los sevillanos
lo saben para amar
seguir leyendo
José Pómez
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Para vivir
pide prestado un verso
a quien los lleva.
Te amo mi amor.
¡Qué bien se va con tres pares de besos!
¿Y si se equivocaron?
José Pómez
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Lira manda
Amanece
Últimamente
Renovada
Animada.
Atrevida
Memoriza
Alborada.
Marcha luz
Utiliza
Caldeados
Humos sanos
Olvidados.
Alguien toca.
Inventando
Sones leves
Mimbreando
Alabanzas
En tupidos
Lazos gruesos.
Acaricia
Ramas nuevas
Triangulares
Universos
Ramos secos
Ofuscados.
Monolito
Oportuno
Ralentiza
Escarpado
Nivelado
Obelisco.
Quiere más
Unidad
Incluyendo
Ñanga vasto
Oleada
Naranjada
Existe y
Sigue amando.
(José Pómez)
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Lira manda
Amanece
Últimamente
Renovada
Animada.
Atrevida
Memoriza
Alborada.
Marcha luz
Utiliza
Caldeados
Humos sanos
Olvidados.
Alguien toca.
Inventando
Sones leves
Mimbreando
Alabanzas
En tupidos
Lazos gruesos.
Acaricia
Ramas nuevas
Triangulares
Universos
Ramos secos
Ofuscados.
Monolito
Oportuno
Ralentiza
Escarpado
Nivelado
Obelisco.
Quiere más
Unidad
Incluyendo
Ñanga vasto
Oleada
Naranjada
Existe y
Sigue amando.
(José Pómez)
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Para mañana temprano
mi querido San Antonio
--porque sé que está en tu mano--
yo te pido un matrimonio.
Te lo pide tu tocayo,
quiero un marido cabal
aunque no venga a caballo
y aunque no sea oficial.
Y discúlpame la urgencia
con mis años él decide.
Yo te cuento en confidencia
que soy servidor que pide.
No puede esperar la espera
tráeme un marido bueno
cásame a mi hija soltera
para antes de irme al terreno.
Dame un hombre que la quiera
quiero que mire por ella.
¡Venga antes que yo partiera
Rumbo a Puerto Real o a Marbella!
José Pómez
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He visto escrito en tu mano:
Amor mío yo te amo,
trabajo contando estrellas
cuando acabé de sumar
todos los granos de arena
de mares y océanos,
por haber finalizado
el recuento de las rosas
presentes en este mundo,
y al acabar de contar...
Resultando tan graciosas
las vueltas que di en la noria,
callé eran más numerosas
tus sonrisas en mi historia.
José Pómez
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Por todas partes camina
con la bondad lo comprueba
y con alegría leva,
llega cerca sombra fina
delicada, parisina,
sube escala a soberado.
Vivimos con cuerpo usado
nos movemos sin movernos
contemplando los gobiernos
la existencia es un candado.
José Pómez
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Existe alguien al que no conocemos
y que vemos con los ojos supremos
del corazón del alma en su pureza
--Descubriéndolo-- somos observados
con el binocular de la razón,
se consigue echar el ancla adorada,
buscando margaritas sobrevive
el hombre más romántico del mundo.
José Pómez
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Si cayera en manos equivocadas
el acelerador de los cocidos
de guisos y fabadas comprimido
de patata con pólvora mutada
produciría con una tronada
insolentes desaires de borbolla.
La grana aventuró que será Troya
si esta costumbre cunde, si la traen
extintos hortelanos se distraen
elevando por las nubes una olla.
José Pómez
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La barbarie se muestra por postigos:
millones de escritores progresistas,
reincidentes, menores, finalistas,
se acarician unidos los ombligos.
Sin ver la sinrazón estos testigos
viven apedreando futbolistas,
y en clínicas llamadas abortistas
agoniza la foca y el abrigo.
Y qué bueno sería ser sujeto,
está escrito por todos esos muelles,
se puede leer que hay vida en el feto.
Los poemas no compiten con leyes
que olvidaron la rima del soneto
ese yugo de poetas y bueyes.
José Pómez
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Acróstico del ángel Paula María Carolina.
Padres sois ya de un Ángel en el cielo.
Amigos de Javier y Carolina,
uniros en un abrazo y consuélenlos,
las verdades eternas nos consuelan
al ganar el principio desde un hijo.
Muerte no existe para su alma pura,
Amor se encuentra con verdad del mundo,
Reanudación vida siempre eterna
Invita con su mes de vida vuestra,
Arrancaros con fuerza el aguijón.
Callad a los que dicen que en sepulcro
Acaban las conciencias derrotadas,
Rogad sin sufrimiento, Dios lo quiso,
Otra vez se mostró con ella sabio,
La niña que dejó aquí la esperanza.
Informaros yo quiero; para que
nazcan sonrisas en vuestros semblantes,
algunas veces Blanca me molesta.
José Pómez
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¿Estamos todos contra la miseria?
La inflación reproduce la injusticia
y si es alimentaria la inmundicia
que nos afecta a todos al ser seria.
Comprarla no se puede en periferia
la torta de maíz hoy ya es ficticia
se necesita más, muchas caricias
nunca les faltarán como materia.
Campo de voluntades es fecundo
como una hoja sembrada de cebollas
recolectadas gratis por el tercio.
No es comida lo que falta en el mundo
pero frecuentemente falta en ollas
por especuladores del comercio.
José Pómez
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Casimiro y Benjamín
En el pueblo donde digo
no hace falta el apellido
se reconoce al amigo
por nombre sin revestido.
En esta noche pasada
te nombré a dos referidos
de vida muy sosegada
y por ella imbatidos.
Con sólo citar sus nombres
se sabe quien los parió,
si llevan sobrenombres,
si juegan al dominó.
Con una brillante Luna
Casimiro y Benjamín
dos refugios del Latín
corazón y la aceituna.
Regente del cafetín
trabajador Casimiro
Trabajador Benjamín
el buen Doctor del suspiro.
Su perfección era tal
tras la barra de su bar
que no hay nadie sin igual
en el tramo capilar.
Los dos amigos del poeta
son personas bien sensibles
degustan una brocheta
mientras arreglan fusible.
Por si acaso hubiese
alguna duda dudosa
de que allí no le interese
¡pidan una gaseosa!
Y díganle: fulanito
trabaja por comisión.
Y díganle: menganito
trabajó y no ha cobrado.
Me habló con rayos de Luna
desgastó los adoquines,
sin percibir paga alguna
Él toca dos violines.
José Pómez
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Amando, la poesía ya se escribe,
y es como la presencia de mi Dios
que en los atardeceres y en los días
de lluvia, y en los días de viento,
y en las flores de tu patio soleado
se oyen poemas se ven parados. ¡Ay!
¡Conque tú también tienes mis geranios!
José Pómez
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Junto al amor
muchos días seguidos
ya no se citan
Mis Galápagos
de lluvia y de silencio
giran rotundos.
¿Cuando lo vives
apuntando al sonido
piensas en alguien?
José Pómez
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Abre tus ojos, son los más fantásticos,
una franja mordida con su boca
rociada con tu mente sin retraso.
¿Puedes imaginar entre sus manos?
¿Qué puede buscar una mujer joven
acercándose a mi playa más blanca,
que en ella esculpe, crea una figura,
fabrica al cocodrilo de la arena?
José Pómez
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A veces una sopa permanece
Noches enteras, días, meses, años,
Naturalmente lustros y hasta siglos
Acompañando tanto y tanto esfuerzo.
A veces unas letras bien mezcladas
Naturales y fáciles, comunes,
Nadan en la promesa de doncella
Acaparando germen de lectura.
Al comer se bendice toda mesa
No importan los placeres en la fuente,
Nuestros desvelos quedan ya soldados
Aplicando belleza se distinguen.
Al leer se desmenuza con el juego
Nunca te fijen mi sal en memoria,
Ni te doblegues por puro placer
A mis versos efímeros de grelos.
José Pómez
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Nosotros lo seguimos con magnética,
promete la mañana desolada.
Tengo que fabricar los cardinales
para que esa errática borrasca
que asoma por las cumbres preguntando,
sepa donde acudir con esas nubes
que parecen que arden con su sueño
ancho, largo y enorme que no cabe
en puntos cardinales que recuerden,
que puedan distinguir el interés
legítimo --por blanco-- del caótico
de la masa de nubes que nos cubre;
con esos puntos bien visibles queda
tarea vespertina del tejado
al menos señalada con la flecha
la que se sigue siempre sin demora.
José Pómez
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Las lágrimas se visten de la cobra
cuando llega la estípite se estrena
pelusa al centro hoy trapo de treintena
sueña que nunca la dulzura sobra.
Mas aquí se usa un verso maniobra,
un verso que se talla en la ballena
con afán de amor crece enhorabuena
jamás llevará voz de la zozobra
reconstruyendo todos esas ruinas.
Quizá por afirmar soy disidente,
pulo caparazón con verso dentro,
destejo adorador de las encinas.
Se tiñe todo, se tiñe el paciente
que revive esperando otro reencuentro.
José Pómez
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Tu sensibilidad calma la gala,
tu fortaleza crece en escolleras
cobijo de tu alma que me mira
y de tu mar secreto.
La noche clara lleva tus lunares
cuando te pienso vas acariciándote
tu hombro derecho con tu mano izquierda
de tu río salado.
Queda el rocío con tu piel hermoso
en la ronda con Luna sin tristezas
en la sonrisa leve de tus pasos
y en tu faro sagrado.
Un tornado olvidado lleva hojas
al pozo deslizante de mirada
que recrean espacios compartidos
de la mar deseada.
Cesan las tibias lágrimas, caen suaves,
desaparecieron las tristezas
del frío, del abrazo azabache,
del río más nombrado.
¿Qué son mis manos en tu corazón?
Vestida con la orquídea indeleble
tu vida pone el centro a mi vida
del faro que levantas.
José Pómez
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Qué son dos años;
para la poesía
cuando nace
la esperanza
en la mujer que la escribe.
José Pómez
Pintor de viento
Sí, tengo la flor más blanca
adormecida en el jarro
del viento frío de invierno.
Pintor de viento sereno
invéntate los colores,
pinta la flor con tu viento.
Pinta este jarro metálico
es mío para donarlo
a otro viento más amigo
que en su tono amarillo
nace un corazón muy blanco
formando tu compañía.
¿Qué te crees que sólo
existe con viento frío
la flor blanca adormecida
para que puedas pintarla?
Pintor de viento contigo
en tus pinceles habitan.
Hay vientos que en los veranos
le soplan sus blancos pétalos,
--tan delicados resultan
que parecen vientos tontos--
porque no llevan volando
hojas y sombras de plata.
Pero hay un viento pequeño,
es brisa de hilos de seda
que en los ojos de mi flor
brilla como un diamante
hecho de agua cristalina
en la amanecida blanca.
Viento pintor de murales
no pintes esa flor nunca
pinta muchas margaritas
pinta si quieres las rosas
blancas y las amarillas,
las rosas y escarlatas.
Pero nunca mi flor blanca
¡No la pintes! ¡No la pintes!
ahora mírala y compréndelo
más bella vive en su jarro
y nadie puede pintarla
porque me lleva en sus manos.
José Pómez
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Al trabajo realizado
se unen cuando se educa:
--con un especial cariño—
la bondad y la belleza;
en agradecimiento:
cuídense todas la voz.
José Pómez
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Izote
Iba con la dulzura del olvido,
Zahén vegetal, oro de la estrella
Obtenido de la raíz gloriosa.
Te reconozco por tus manos porque
En tu casa la flor es comestible.
José Pómez
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Tú amanecerás.
Tiene barba y más hambre; “necesito comprar
Un bocadillo bueno,” Esto es lo que él me ha dicho.
Allí quedó su sombra, tanto dolor llevaba
Mal clavada en la Cruz que su cuerpo sin nombre
A pedir la limosna va para subsistir.
No me lo niegues que tanto amor no se esconde;
Eres más pelirrojo de lo que imaginaba...
Creo que estás aquí y tras tus ojos más azules
Escuchabas la marcha sentado en el bordillo,
Reía la Señora que te reconocía.
A su Domingo bello hoy tan breve e inhóspito
Se adelantó pidiendo. Tal vez allí lo has visto [lector].
José Pómez
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Capacho del primor
custodiado concreta la alidada,
con teodolito albor
queda consolidada
trova en el ámbito de la arbolada.
Por leer con honor;
cuando llegue la fecha señalada
que escribe el trovador
en la lira salada,
nosotros te queremos coronada.
José Pómez
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En tu persona somos concretados,
terraza soleada superada la noche,
cereal encargado, otros pedidos
vuelan pendientes sobre tu mirada
con el razonamiento de tu vida.
En la tarde de tus paseos quedan
delicias superadas con cosquillas
de tu mano al volver a confesarte:
me doy cuenta; por ti comprendí todo
soy azul en tus manos, piedra fiel.
José Pómez
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Está el monte alejado sin el viento
pero muy presente en el horizonte,
está con la campiña toda verde
y rodea la casa soleada
y junto a ella el riachuelo mentado
refresca las raices de dos árboles
que no olvidaron sus raices en tierras
alejadas del puente debilitan,
quizá el día de hoy ha quedado
retratando hondonada caprichoso
como si fuese un cuadro con paisaje
tal vez hasta pintado con espátula.
Balanza a cielo abierto ordena sea
para la Paz navega la canción
estratégica, nunca así descrita.
Bueno es saberlo: quilla corta el agua,
proyección es su líquido salado,
expectante sirena ya lo espera.
Buque soñado palpa agua de mar
para orgullo de todos, todos, todos,
elegimos un híbrido botado.
José Pómez
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Acróstico Obucula
Obucula turdetana
brillas Blanca porque eres:
universo no olvidado,
calle, huerta, con tus jovenes.
Unidos mis girasoles,
la piña de acero, Fuentes
amado, lugar de espigas.
José Pómez
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Sí señor, enseñabas
y demostrabas cómo
la madera que pasa
por tus manos dice:
He visto llorar ríos
en su tránsito al mar
al presentirse ríos
volviendo a la Madre.
José Pómez
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Central, ni Sur, ni Norte,
eres la lira rica,
la palmera salada
de mis lazos azules.
En todos tus caminos
tengo un velero próximo
frente a la costa verde,
tengo tres montes
coronados de estrellas
blancas, blancas, muy blancas
con mi Sol que amanece.
Y tengo otro velero
allí en el horizonte
entre tus pechos.
¡Mira como navega!
José Pómez
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Cuando la iluminación
se controla desde abajo
en esta plaza de España,
y cuando nace la noche,
siempre lo hace a diario
la constante puñetera,
por más que lo intentes,
y aunque encojas los ojos,
--lector perenne-- te cuento:
que irreconocibles quedan
las siluetas y los rostros
de padres y de abuelos;
que donde no se descubren
los índices y pulgares
juntos y unidos se ve
el hueco de cuatro dedos.
José Pómez
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Una caricia leve, te rozas el abdomen,
--te sientas-- haces un alto en el camino breve
de los justos, la calle nueva frente avenida,
junto al árbol te encuentras educando aceitunas
en el paralelismo donde se fraguan ciclos,
sin quejas, con un ánimo de acero anudado,
y con una sonrisa de Sol cierto, --saludas,
te muestras-- transeúntes mancos a tu pregunta,
dicen: ganaron los de allí, los de bella tierra
donde se encuentra tu hijo plantadora serena,
y más contenta aún reanudas tu paseo,
con los tréboles vas hablando por bulevar,
y a tu paso susurran: va con dos corazones,
esa muchacha hoy nos trae el inicio del mundo.
José Pómez
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Encuentro compañía en la frontera
de tu ser que vigila mis recuerdos
cuando finges que todo permanece
en mis árboles tercos en hileras.
Estás escondida --y tras el visillo
continúas-- en prosa vas mirándome
y mi alegría crece con el brillo
de tus ojos que siguen hoy mirándome.
Olivos sin reflejos no pensaban
volver a campo, mas envejecidos
no ignoraron como antes susurraban
los silencios teñidos de sonidos.
Con ellos la luz de los adelantos
se comprende con tus indiferencias,
tú me estabas llamando con tu encanto,
y al amanecer llegan las carencias.
Montes enfefrecidos de palomos
viven sin saber de este nuevo viaje,
hoy mi destino fue comprobar cómo
sobre tu cuerpo lucen los encajes.
Y en las conciencias últimas orillas,
vienen al renovar bella semblanza
como un campo esperando las semillas;
lo siento, sé que existes: esperanza.
José Pómez
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Vivir a la europea
donde no hay europeos
vende, causa la risa
de naciones en rastro,
por usadas se queman
las tierra marginadas;
son oportunides.
¿Está todo perdido?
José Pómez
Acróstico
Leyendo llegué a caballo,
evitando las orejas,
el atronador: ¡Consíguelo!
Y el repique de aprovéchalo...
Caló como un terremoto
rodeado por mi valle
e imaginó mi ignorancia
esas paredes caídas.
José Pómez
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Dicen de ella que es tozuda,
y se busca en los demás,
se olvida de uno, y es más
difícil verla desnuda;
tal vez de lejos ayuda
a girar la parabólica
si intoxicación eólica
no realza las reformas.
Hoy la verdad me da forma
con la décima simbólica.
José Pómez
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El sentimiento bruñido
va sin moneda de plata,
se deposita anudado
por el aíre que escribe
en el murete de enfrente.
Donde descansan: nenúfar,
grava, lascas de pizarra,
la vasija blanqueada,
la concha de la viera,
y donde falta la fuente.
La charca desnivelada,
piedra blanca, piedra blanca...
estanque tras el jardín,
y falta la fuente, falta
que se cumpla tu deseo.
No resulta complicado
atinar algún motivo;
quedó olvidada anteanoche
en el dominio del Sol
la simple y hermosa fuente.
José Pómez
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Muchas personas dicen: no me olvides,
Algunas que no llores más por ellas,
Recuerdo a una que subía rocas.
Siempre te cuidaré que como manchas
Universales son todas las quejas,
Pienso en ti; una amarilla silueta
Imaginada amiga, no sé nada,
Llegan imprescindibles a la meta,
Arrolladora dices la verdad:
Me haces falta, no puedo, como un muelle
Imposible, será decir, te quiero.
José Pómez
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ACRÓSTICO
Son las horas de silencio que en mi niñez no hallaba,
Imposible parecía dejar la lengua quieta.
No importuna susurro, la sonrisa liviana
Permite con las señales el mañana poderoso.
Es el conjunto perfecto, es la ilusión de la vida,
Corazón inmaculado, consuelo de mi socorro.
¡Ah! Complicidad amiga, en el pasillo más largo
Donde la bondad vivía claras horas y son ellas:
¡Oh! Las que en este momento me copan toda mi vida.
Congregados en las horas están todos mis sentidos,
Ocupan mi naufragio, conviven en el silencio.
No han podido los años olvidar tu recuerdo,
Concentras la Paz eterna, la virtud y la verdad,
En todos los venideros, y en los presentes del mar.
Bendita mujer salada, escaparate del mundo,
Intercesora por madre, llega pura cristalina
De la Fuensanta cercana; donde beben tus hijos;
Alivio de tu esperanza que da fuerza Madre mía.
josé pómez
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A una Dama.
Poema al hombre que le escribes.
Puede que ya esté esperando otro, (Poema)
porque quizá ya sepa tus tristezas
de varias vidas, aunque él no te mire.
Es posible que evite ver tus ojos
precisamente para que tu nunca
contemples tempestad acumulada
en su iris tormentoso; y es que la lluvia
se nutre de su llanto, y te lo evita.
Heridos los sentidos, y vestidos
de camino, los dos caminaremos,
tal vez con tu silencio me lo cuentas,
y yo te digo: que me tienes donde
quieres tenerme y, con valor te escribo.
Ya que sí sé por qué con tus latidos
intentas transmitir unas sonrisas
y, a veces con palabras tristes das
esperanzas sin dudas del amigo,
que fueron recibidas al leerte.
Y quien sabe quizá te dé una mirada.
Y en una escampadita de tus ojos
tú puedas --si tú quieres-- darle un beso.
José Pómez
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Ví en el espejo de mi pueblo libros,
Inventé mi ignorancia prometida,
Con las burlas crecí por escribir
Tratados --apartado-- sobre el mundo
Otra vez hoy te digo: --entre las llamas
Rojas de la esperanza-- no te aísle,
Imperfecta mujer eres mi amiga.
¿Apartarte? ¡Jamás! Mézclate, besa.
¡Tantos de tantos son los mentirosos!
Él es la verdad, él llega, y descansa
La nave que es más fuerte con la nada,
Limita con el mundo tu universo,
Entiéndete contigo mi Victoria;
Zarpa mi corazón en tu encuentro.
José Pómez
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Las polvaredas lunares
no se pueden señalar,
ni el grosor de un pensamiento,
la afinación de la sombra,
la digestión de la vívora,
el corazón del caballo,
que no puedo vivir sin La Coruña
sin esa su voz de agua.
Salvado y sin salvar
y con la ojiva en las manos
como acertadamente lo indicas
espejo de cartón piedra
no se pueden señalar.
José Pómez
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Toma los mandos
criatura prudente
y unifícame.
José Pómez
http://www.artecomunicarte.com/ResulBuscaPAD4_L.php?Busq=1&Ben=0&Gen=0&Pais=60
El más hermoso
acorde luminoso
vertiginoso;
Tu fortísimo gozo
te describe en el coso.
Malvada que vomita por bocaza
Atormentada, buscas la salida
Ruinosa de escombrera redomada;
Une lo que jamás fue de mujer,
Junta insultos, brincos, deformada,
Arrugada en la injuria destaca.
Tiritando de frío o es de odio
Oculto que florece con tu pluma
Restringida, dominas en el país
Restringido, dormida en el país
Escribes cuando ya eres destempladas
Sobras de los vapores estancados.
José Pómez
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín