"A los progresistas les encanta hablar de tal o cual derecho humano, como el derecho a la sanidad, la comida o la vivienda. Ese uso del término "derecho" se hace con segundas intenciones. Un derecho, como el derecho a la libertad de expresión, no impone ninguna obligación a otros, aparte de la de no interferir. El presunto derecho a la sanidad, la comida o la vivienda, ya se los pueda permitir una persona o no, es algo completamente diferente, porque impone obligaciones a otros.
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Anxel Vence, en La Opinión, como casi siempre, bordándolo:
"También el reparto de alcaldes y concejales, como el de las vacas en la feria, ha de hacerse ahora a la luz pública y bajo el control sanitario de los votantes. Eso en la teoría, claro está.
Puede que en la práctica las cosas sean distintas. Una vez depositado el voto, el ciudadano ha de limitarse en realidad a ser un mero espectador de los tratos que los partidos administradores de su papeleta cerrarán durante las próximas semanas. Y en ningún reglamento electoral está escrito que estos deban consultarle si los acuerdos le parecen bien o no.

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Por una vez coincido con Xosé Carlos Caneiro:
"Reganosa está aquí para abastecer de gas el noroeste hispano, para dar muchos puestos de trabajo, para crear riqueza y para significarnos como potencia energética, a nosotros, que sólo éramos potencia en malos presagios. A Galicia hay que quitarle el estigma de lo diminuto, porque así no vamos a ninguna parte. Tenemos que situarnos en el mundo con empresas que sean capaces de competir con las empresas catalanas de gas, por ejemplo. El más profano, yo, recuerda lo que pasó con Gas Natural y con el Gobierno y con la CNMV y con Endesa y con todo el poder económico. Pues Reganosa quiere ser también empresa sin minúsculas: hacernos grandes y escribirnos en el manual de la historia contemporánea, no en la del regionalismo de hace dos siglos. No conozco informes medioambientales que la desaconsejen.

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Sobre los pactos globales entre el PSdeG y el Bloque tras las elecciones municipales del 27M:
"Ciertamente, en las coaliciones en que uno de los socios es muy grande y otro muy pequeño -como acontece en Galicia con la mayoría de las que permitirán al PSdeG y al BNG arrebatarle al Partido Popular un montonazo de alcaldías-, el poder municipal de cada grupo no debería exceder en ningún caso de su peso relativo en número de votos.
Por eso, los partidos grandes no deben resistir la presión de los pequeños con la política cicatera de no perder botín para repartir entre los suyos, sino con el principio democrático de que dar a cada uno más de lo que le corresponde por sus votos constituye un fraude a la voluntad del cuerpo electoral. Bastante sangrante es ya quitarle el gobierno a quien ha ganado con toda claridad, como para añadir a esa lectura discutible del resultado electoral el recochineo de convertir a quienes son una exigua minoría electoral en socios de copa, puro y «lo que el señor guste mandar»".
Roberto Blanco Valdés, La Voz de Galicia, 31/05/07
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"Por tanto, en la configuración del poder local en la Galicia no urbana hay un fuerte componente personal, que se sobrepone a las siglas, se maneja con criterios no estrictamente políticos y no cumple a rajatabla las directrices del partido. En todo ésto tiene bastante que ver el nivel cultural y formativo de la comunidad y de sus representantes locales, la pirámide de edad del municipio, las costumbres y todo el tejido de intereses creado sobre las relaciones mercantiles y las estructuras productivas. Dicho sea esto último con mucha prevención, pues no pocos ayuntamientos gallegos carecen de estructura productiva, entendida como tal.
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Articulazo de Pilar Rahola:
"¿Sirve el ejemplo de Saramago? Defendió a Stalin como libertador, estuvo a favor del Muro de Berlín, considera a Chávez y a Castro como referentes legítimos e, incluso, entró en las listas del PC portugués, el más jurásico de los partidos comunistas del mundo, si obviamos la excepción de Corea del Norte, que detenta el honor de ser el mayor dinosaurio. Sin embargo, Saramago vocifera contra los yankees, clama contra la maldad judía, disculpa al terrorismo islamista, repite los tópicos sudados de la corrección política, y las universidades del mundo babean de complacencia, lo elevan a los altares y lo consideran un ejemplo de intelectual comprometido. ¡Qué importa que haya defendido a alguno de los asesinos más importantes de la historia reciente! ¡Qué importa la quiebra moral que ello significa! Cumple felizmente con el primer mandamiento del catecismo progresista, y eso lo convierte en ícono de la izquierda reaccionaria: "Odiarás a USA sobre todas las cosas, y a Israel como si fuera lo mismo". Si tuviera que definir este progresismo de doble moral, lo haría usando su propio concepto de solidaridad: un concepto bizco, que llora por un ojo a las víctimas que le gustan, y por el otro disculpa a los asesinos que no le disgustan."
Pilar Rahola, El catecismo de Mafalda
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Un avión Boeing 737 de la compañía india Air Shara se encuentra estacionado desde el domingo en una calle de Mumbai, ex Bombay.
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No sé si llamarlo fenómeno o qué, pero el hecho es que en EEUU y Europa muchos hombres de 30 a 55 años, que han perdido sus empleos, luego de un largo tiempo de búsqueda, sienten que es más preferible quedarse en casa que salir a trabajar en un empleo menos cualificado. Se lo permiten porque tanto aquí como allá el Estado reparte generosos subsidios por incapacidad -muchas veces ficticia- que les permiten llevar una vida modesta.
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Algunos creen que Argentina está volviendo a disfrutar de un nuevo Eldorado gracias a las mieles del populismo. Para devolverlos a la realidad reproduzco una carta de lectores que relata la experiencia de un pobre inversor español a quien le hacía ilusión tener una pequeña hacienda agroganadera. Hace tiempo avisé a los turistas de que un país a precio de saldo conlleva riesgos. Ahora les hago un aviso parecido a los grandes y pequeños ahorristas extranjeros.
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Este verano dedicaré parte de mi tiempo a leer todos esos artículos que guardo en los laberintos de mi disco rígido. Comienzo con un artículo de George B. N. Ayittey titulado "Betrayal: Why Socialism failed in Africa". Es una pieza perfecta de cómo los líderes africanos decidieron luego de la descolonización demonizar los valores occidentales y experiementar su propia vía al socialismo. El fracaso no se hizo esperar.
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Leo en Expansión (27-06) una noticia que avala varias tesis liberales sobre la falsa benevlencia del Estado benefactor. La primera es acerca de las consecuencias no planeadas por los burócratas a la hora de planificar sus políticas o reformarlas. El mastodónico peso de la Seguridad Social alemana (tan alabada por los progresistas) tuvo que someterse a una serie de reformas para poder subsistir. La más polémica fue la enmienda Hartz IV, la cual fue etiquetada por sus detractores de thatcheriana.
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Una vez conseguida la gratuidad de los autobuses y el transporte público en general, lo razonable sería ampliar el principio de gratuidad universal a todos los demás bienes y servicios que tanto esfuerzo les cuesta pagar a los ciudadanos. La vivienda, por ejemplo, que es tanto o más necesaria que el transporte; los alimentos de primera necesidad, los libros, el cine, la tele de pago, el mobiliario del hogar y tantas otras cosas que obligan injustamente a partirse el lomo para poseerlas al noble pueblo trabajador.
Infelizmente, las empresas del transporte, los constructores, los comerciantes y los capitanes de industria en general aducirían quizá torpes razones en contra, tales que la necesidad de invertir en material, pagar a sus trabajadores y amortizar la inversión realizada en sus negocios.
La experiencia sugiere, en fin, que todos los bienes y servicios acaban por pagarse: ya sea individualmente por aquellos que los adquieren, ya a escote entre todos los ciudadanos mediante el abono de impuestos. Ni el político que ofrecía bajar el precio del vino en Betanzos iba a pagar de su bolsillo la regalía, ni el candidato madrileño que ofrece transporte público gratis total hará otra cosa que distribuir entre todos los contribuyentes el coste de un servicio que ahora pagan tan sólo quienes lo usan.
Las leyes de la economía de mercado son implacables, pero no por eso hay que desanimarse. Los más optimistas confiamos en que cualquier gobernante descubra algún día la fórmula del gratis total y nos quite a todos del trabajo y de los madrugones. De momento, en Madrid han conseguido que las promesas salgan gratis. Ya es algo.
Anxel Vence, El método del gratis total, La Opinión - 16 de octubre del 2003
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