Martin Jay y la hipertrofia de lo visual
23.08.06 @ 20:38:43. Archivado en Comunicación y Cine
El pensamiento de Martin Jay es heredero de un socialismo definitorio del marxismo occidental que comenzó con Lukács, Korsch, Bloch y Gramsci en los años posteriores a la revolución Rusa y que culmina con los trabajos de Adorno, Horckheimer y Marcuse. Sin embargo, Jay intenta, desde el marxismo y en tanto biógrafo de la Escuela de Frankfurt, delinear los objetivos que tendrá que afrontar y las ideas que deberá replantearse el socialismo si pretende sobrevivir al fin de siglo.
En Socialismo fin-de-siècle Jay argumenta que ese socialismo moderno que intentó superar los procesos desintegradores pretendiendo restaurar o construir una nueva totalidad está acabado. Ese socialismo poseía su seducción en la promesa de una nueva armonía cultural que podría ser forjada sobre la base de una comunidad social genuina en la que se curasen las múltiples fracturas de la vida moderna. No obstante, Jay piensa que la historia del marxismo occidental es la historia de la progresiva develación de esa esperanza. Tal como lo propuso en Marxism and Totality la totalidad normativa como comunidad perfectamente armoniosa planteada por el marxismo hegeliano en su mayor utopía no era un objetivo ni coherente ni viable. Asímismo, ciertos autores marxistas ya criticaban esta idea de universalidad.
Un ejemplo de esto es la obra de Alvin Gouldner quien sostenía que las pretensiones totalizadoras del marxismo eran mucho menos un reflejo de la supuesta univesalidad del proletariado que lo que pretendía otro grupo de la sociedad: los intelectuales. “La conocida crítica de Michel Foucault de los intelectuales universalistas expresa su nueva modestia respecto de las pretensiones totalizadoras de aquellos que se arrogan el conocimiento del todo”, escribe Jay.
Nuestro autor sostiene que quizá la diferencia más notable entre el socialismo forjado en la modernidad y el socialismo de fin de siglo sea “la disparidad entre la actirud del fin-de-siècle original hacia la política y nuestra propia actitud. Mientras que uno de los rasgos distintivos de la decadencia del siglo XIX fue un retirarse del ámbito de la política hacia las preocupaciones estéticas o psicológica, el socialismo fin -de-siècle, por el contrario ha redescubierto el valor de la política. “La nueva política ha redescubierto los sitios plurales de la sociedad civil, entendida ahora como algo más que el mercado económico. En lugar de desafiar al sistema como un todo a través de lo que Marcuse hizo famoso como “el gran rechazo”, ellos han abandonado la creencia misma en un sistema coherente e identificable que debe ser derrocado.
En vez de buscar una explicación última para toda opresión en términos económicos, productivistas, o de clase, han tratado de afrontar juntos una serie de luchas relativamente autónomas dentro de un bloque o coalición suelto y no jerárquico… Es necesario por ello destacar una vez más la importancia de los movimientos ecológico y feminista. Se ha producido una revaloración de la dempocracia burguesa vista como algo más que una cortina de humo ideológica”. (Socialismo fin-de-siècle) Esto ya lo había detectado pensadores como Bobbio que aseguraban que las democracias liberales, aún imperfectas, garantizaban la satisfacción de los diferentes reclamos provenientes de una sociedad civil inevitablemente pluralista.
La segunda característica que constata Jay es que la cultura contemporánea – sea posmoderna o no – ha abandonado el grandioso proyecto de la vanguardia. Para Jay, el espíritu del posmodernismo y su giro contra “la ampulosa retórica de la redención cultural” concuerda muy bien con el espíritu del socialismo fin-de-siècle. Jay encuentra que los decadentes burgueses estaban destrozados por un espíritu de redención cultural de fuerte carga mesiánica. De ahí que figuras como Lukács, Bloch, Benjamin y Leo Lowenthal no puedan ser entendidas sin hacer referencia a este contexto. La paradoja radica finalmente en que el socialismo del nuevo milenio debe ignorar los fatalismos milenaristas y sus ingredientes totalizadores para enfrentar los desafíos del futuro.
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Luis Balcarce
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