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Volver a McLuhan

Permalink 10.04.06 @ 18:30:04. Archivado en Comunicación y Cine

“¿Qué es el mcluhanismo? Es una caótica combinación de aseveraciones sin fundamento, suposiciones astutas, analogías falsas, perspicacias deslumbrantes, disparates desesperados, impresiones, conmovedoras... entremezcladas pretenciosa e indiscriminadamente en un monólogo al azar. Pero también contiene, a mi juicio, un argumento serio y profundo”.

Arthur Schlesinger, Jr.

“La teoría de la comunicación del siglo XX es una teoría de la transportación “hardware” del siglo XIX; es llevar información de un punto a otro punto, eliminando el ruido y la estática por medio de la “pequeña caja negra”. Es una teoría de la transportación. Lo que en el siglo XX debemos tener no es una teoría de transportación sino una teoría de la transformación”

Marshall McLuhan


Understanding media

¿La herencia que nos dejó McLuhan? Somos idiotas tecnológicos que no sabemos comprender el lenguaje y la gramática de los medios. Como niños corriendo detrás del dulce, buscamos los contenidos, los mensajes, los discursos, la semiosis mientras que lo más importante nos sigue siendo vedado: los efectos subliminales, imperceptibles, invisibles, de las nuevas tecnologías.

Si para Karl Marx los modos de producción determinan los cambios sociales, para Marshall McLuhan son los cambios tecnológicos los que imprimen y modifican las manera de pensar, los estilos de vida y todo aquello que forma la cultura de una sociedad. La tesis fundamental de su libro La comprensión de los medios es que las nuevas tecnologías van conformando nuevos entornos, envolventes ambientes que actúan activamente en nuestra forma de percibir el mundo. Por este motivo el contenido de los medios -en este mundo donde el ambiente es proceso y no contención - es la tecnología precedente:

“Fisológicamente, el hombre, en su uso normal de la tecnología (o de su cuerpo diversamente extendido), es constantemente modificado por ella a la vez que descubre un sinfín de maneras para modificarla a ella. El hombre se convierte, por así decirlo, en los órganos sexuales de la máquina ... y ello le permite fecundar y originar formas nuevas”. (1)

Una constante en esta obra es el anunciar que las nuevas tecnologías –a partir de lo que él denominó la era electrónica- abrirán el camino al regreso del “hombre tribal”, ciudadano ilustre de la aldea global. Lo que iba a provocar Internet y los multimedia, (tecnologías diseñadas y pensadas en los años ’60) era la aparición de un nuevo espacio acústico, con simultaneidad de perspectivas brindadas por la naturaleza de los medios digitales y electrónicos. Su advenimiento sería el fin de la linealidad tipográfica –que privilegiaba la función visual- para sumergirnos en el mundo del acceso inmediato, la integración de percepciones comunes y el rescate de la oralidad.

La aldea global, sueño (o pesadilla) más perceptual que informacional, daría entrada al vértigo de la no-representación soñada a su tiempo por los cubistas, la ausencia de centro de sentido y la multiplicidad de puntos de vistas. El espacio acústico que demora la civilización de la palabra trae consigo la simultaneidad, las resonancias y el eco de las voces y la heterogeneidad y relatividad de las coordenadas étnicas, sociales y políticas.

Más atrapante aún es la idea de que todos los issues del porvenir están en La comprensión de los medios: la discontinuidad como herramienta en los estudios culturales (Jameson); los efectos de la velocidad en la percepción (Virilio); el nuevo proceso de personalización a partir de la imagen de Narciso (Larsh, Lipovetsky); la multiplicidad de perspectivas y el surgimiento de una mirada transdisciplinaria (Morin)....

Counterblast

McLuhan nunca se dejó llevar por el embrujo del estructuralismo y demás corrientes de pensamiento a la moda en esos días: “significados y significantes”, “contenidos y mensajes”, “realidad e imaginario”, “emisión y recepción” fueron todas dicotomías que a McLuhan no le aportaban demasiado. El foco de atención –según él- debía concentrarse en las condiciones tecnológicas y mediáticas que atravesaban una cultura. Precisamente ahí estaba el mensaje, no en los contenidos (el estereotipado tópico de la violencia en televisión era un tema que lo sacaba de quicio) sino en la manera que los medios actualizan el mundo.

“El enfoque estructural de un medio implica estudiarlo en su cabal funcionamiento, como así también al ambiente por él creado... Ejemplos: los contornos creados por el teléfono, la radio, el cine y el automóvil. Muy poco sacaremos en limpio respecto del automóvil si lo miramos como un mero vehículo que transporta personas de un sitio a otro. Si no captamos los cambios urbanos, las creaciones suburbanas, los nuevos servicios –el entorno por él creado-, escaso provecho extraeremos del automóvil. Éste ha sido realmente estudiado de manera estructural, como forma”. (2)

Cabe aclarar que en el diccionario mcluhaniano medios significa cualquier instrumento que prolongue nuestros sentidos. De esta forma, el automóvil es una prolongación de nuestras piernas como la ropa lo es de nuestra piel y el microscopio de nuestros ojos. Es mediante sus sentidos que el hombre toma contacto con su entorno, y el sentido que lo liga a su entorno modifica su conducta y su mentalidad.

En lo antedicho se advierte que McLuhan es un outsider dentro del ámbito de los pensadores de la comunicación (eso explica el olvido que viene condenando a su obra en los últimos veinte años) y su terruño se halla en el lugar que habitaron los pensadores de la técnica: el molino de agua y la muela giratoria (Marc Bloch), la tracción animal y el arnés de las yuntas (Lefevre des Nouttes), el timón y los instrumentos de navegación (Braudel), el cálculo del tiempo y el reloj mecánico (Lewis Mumford y David Landes). Como escribe otro pensador de esta estirpe, Régis Debray:

“... los historiadores saben que no se puede hablar de la cultura popular del siglo XIX sin hablar del ferrocarril; de la información masiva sin hablar de la electricidad, o de la civilización de las imágenes sin mencionar las propiedades singulares de la cinta magnética y el tubo catódico”. (3)

La contribución radical que hace McLuhan es sacar la discusión acerca de los medios fuera del campo de la opinión y los conceptos. La pregunta de McLuhan apunta a por qué los medios modifican los modos de percepción sin encontrar resistencias. ¿Cómo dar cuenta de esa presencia real e invisible? Para él la respuesta se halla en estudiar la cantidad de información que una técnica transmite. Cada técnica debe ser vista como un marco y un instrumento, como un medio. En otras palabras, ¿cómo significar la forma en que nos habla una técnica?. En otras palabras,

“¿Cómo evitar que nuestra sensibilidad forzosamente especializada y adoctrinada por los medios, sean éstos los que fueren, domine en la totalidad de nuestra conciencia?” (4)

Lejos de ser el icono tecnócrata que nos venden quienes no lo leyeron jamás, McLuhan siempre vio que los primeros que debían tomar conciencia del poder de la técnica eran los miembros de la sociedad civil. Nunca pensó que la televisión o las computadoras nos podían salvar del efecto Big Brother. Al contrario, sus libros son un llamado de atención frente a la amenaza que representan los manipuladores de la opinión pública –publicistas, asesores de imagen, productores de televisión, etc.- al intentar dominar las nuevas tecnologías antes que los representantes del pueblo se decidan a hacerlo. La vigilancia de los medios ha de ser, en consecuencia, una de nuestras faenas cotidianas. (5)

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