Plano picado y contrapicado

Septuagésimo aniversario de la visita de Eva Perón a España. ©

13.08.17 | 00:05. Archivado en Sociedad, Historia, Política

En 1947, hace setenta años, se produjeron dos acontecimientos en España, hoy de poco eco en los media. Estos fueron la visita de Eva Duarte de Perón y la muerte de Manolete. No tan dispares en lo que su memoria propone.

Evita vino a Madrid como Primera Dama y Embajadora de la República Argentina, a ofrecernos ayuda y reconocimiento que, excepto el Vaticano, nadie nos daba ocho años después de expulsar de España a los apátridas comunistas. Su ayuda no fue, no sólo, de buenos deseos y palmaditas en la espalda sino acompañada de barcos cargados de trigo y carne vacuna congelada que los españoles dispusimos asequibles en las carnicerías que la CAT (Comisaría de Abastecimientos y Transportes) supervisó por los barrios de Madrid y Barcelona, más otros cuatro mil puntos de nuestra geografía. Ayuda sólo posible para una nación hispana como la Argentina de Perón, entonces tercera economía de Occidente, que no dudó en saltarse el boicot aliado contra la España de la División Azul.

Recibido de un seguidor de este blog, a continuación les paso íntegro el mensaje que "Evita" dirigió a las mujeres españolas, creo que radiado desde el propio Palacio de El Pardo. Fue más un mensaje para la España victoriosa que para la España en ruinas. Aquella mujer tenía un verbo impresionante, desbordado desde su alma. Por eso, deduzco, sin ella el justicialismo de Perón se depreció vertiginosamente de fuerza política. Sea esto dicho señalando la atmósfera general de liberalismo democrático que, desde la 2GM, se ofrece como panacea contra toda tiranía, exceptuados los ensayos marxistas que siguen protegidos por quienes supuestamente deberían aborrecerlos.

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Mágicas montañas de Guadarrama - I- Para cuerpos y almas. ©

02.08.17 | 06:06. Archivado en Sociedad, Política, Relatos

Pasados veinte años de terminada la guerra anticomunista, España seguía herida de tuberculosis. Entre Madrid y Segovia la sierra del Guadarrama acogía en sus faldas a docenas de sanatorios donde se trataban a muchos enfermos intercambiando experiencias con otros centros de Europa... La lucha contra la mycobacteria aislada por Robert Koch no conocía bandos sino alianzas contra su terrible azote que, en menos de cien años, había matado en Europa a dos millones de personas.

Un general del Ejército, médico de pulmón y corazón, como así se llamaba entonces a la especialidad, se asoció al entusiasmo de un sacerdote haciéndose a buen precio con el edificio residencial de una institución bancaria, el cual, situado en un pequeño cerro cercano al pueblo, lo adaptó para sanatorio antituberculoso. Justo aquel jesuita había fundado un movimiento apostólico al que se acercó Carlos, o le acercaron, con el aliciente de sus actividades de montañismo.

Poco tardaron en invitarle a unos ejercicios espirituales, retiro de formación religiosa dirigidos con tan buen oficio que inducían muchas vocaciones. Carlos se decidió por colaborar con alguna actividad, de entre las muchas que se emprendían, y escogió hacerlo en un programa de servicio de enfermos que incluía ayudar a algunos residentes de aquel sanatorio. En su caso, cómodo y oportuno, porque unos tíos suyos, sin hijos, que tenían una casa de verano a un corto paseo del hospital, solían invitarle a pasar los fines de semana. Así, Carlos se ofreció para ayudar en lo que pudiera.

Sin duda por sentidos recuerdos de su infancia...

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Sábado, 20 de enero

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