Plano picado y contrapicado

Día de difuntos: El morir sólo es el billete de vuelta. ©

31.10.12 | 20:34. Archivado en Religion, Sociedad, Misa, Apologética

Somos religiosos, antes que por otras cosas formidables por la perogrullada de que la vida no nos la hemos dado nosotros y que es una gran suerte haberla recibido para gustarla y aprovecharla. Como un escultor en su taller y con las piedras disponibles. En ambos casos siempre agradecidos a Quien nos amó desde el principio del tiempo. (Ef 1, 4) Y, por descontado, somos cristianos en virtud de la promesa de que los que creamos en Jesús de Nazaret, Dios mismo hecho hombre, viviremos después del tránsito de la muerte.

Muchas maravillas guarda nuestra religión, pero el habernos asegurado la vida eterna es lo que hace de Cristo santo y seña de nuestro ser y estar; luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, dice San Juan. Es el saber de quién nos hemos fiado (2 Tim 1, 12) lo que arraiga todas nuestras esperanzas, invencibles ante el misterio de la muerte, que a todos disturba, pero que resulta insignificante ante el aun mayor misterio de haber nacido, en el que pocos reparan.

Desvíos hacia el barranco.

¿Se dan cuenta? Ningún católico muere por un misal, ni por un fundador, ni por este o aquél Papa; eso es propio de secta. Sólo lo haremos por el Dios encarnado. Es por Él, por lo que Él nos dijo y por lo que con Él y su enseñanza se relaciona, que estamos dispuestos a pelear y arriesgar la vida. Por Él y sólo por Él se ama al prójimo. Por Él se rechazan los falsos magisterios que quieren borrarle de nuestro corazón y de la historia. Es por Cristo que se denuncia al jerarca usurpador, al clérigo vividor, al teólogo vendido, al párroco que deserta del cuidado de almas.

Es por amor a Cristo que se elige la misa de Trento, la que ya San Pedro decía con el mismo significado sacrificial, la que muestra y obliga con simbolismos sagrados y enseña lecciones de adoración y ofrenda. Y es por respeto a Dios, Uno y Trino, que rechazamos la misa enmaridada de protestantismo: "banquete de hermanos", demagogia agazapada, remedo de alimento sin sal y sin sabor de Dios, "asamblea del pueblo" capaz de sentar, por mayoría, que el sol sale del fondo del mar. Y pensar que hay tradicionalistas que aceptan y pagan misas heréticas jamás prescritas; ni siquiera por el Concilio Vaticano II. Misas de duelo dichas sin respeto al difunto ni al dolor de los parientes; ramplonas, rutinarias, sin convicción...

¿Talibanes? ¿Fundamentalistas?

En nada nos debilitan los que a sí mismos se engañan y, con ese fruto, nos echan toda la tinta de calamar que pueden. Pero en esto de las misas no queremos transigir. No queremos porque si la misa es "el culmen de la religión católica", la nueva expresa con toda justicia la rebaja que desde el Concilio Vaticano II se le ha infligido a la religión católica. Que más parece que un evento consultivo, que no se definió dogmático, haya de ser superior a la fe de nuestros antepasados y a la misma Iglesia cuya nueva presencia en el mundo rompe la memoria que de ella guardábamos. Por cierto, muchos se preguntan - muchos más ni eso, se van y basta - qué fuerzas habrá en la sombra que determinen estos dislates y vagabundeos teológicos. Esta religión nueva que se adapta como guante al refrán: "Decidme de qué presumís y os diré de lo que carecéis." Así, a: de la falsa nueva confesionalidad; b: de la falsa revolución humanitarista; c: de la falsa caridad con el prójimo; d: del falso ecumenismo. Porque ha sido en los últimos 40 años que a), naciones enteras se han impulsado por los papas conciliares a desgajarse de Dios en sus constituciones; b) las sociedades quedaron huérfanas de una moral cristiana protectora; c) una extrañísima caridad deja al prójimo en su ignorancia del amor de Dios, y d), el fracaso de la vuelta de los mal llamados hermanos a la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia romana.

La obra de Annibale Bugnini, el Novus Ordo aprobado por Pablo VI, se corresponde al milímetro con este objetivo herético y los frutos evidentes de una religión nueva que perfectamente se expresa en la Nueva Misa, comparada con la antigua. Que tenían que ser unos franceses - quizás por caridad divina -, los que nos la preservaran de su aniquilación.

Pero los católicos siempre preferiremos ser tan "anticuados" como nuestro Credo. Y es que, miradas las cosas con sencillez, si nuestras verdades son "eternas" ¿por qué hay que reconvertirlas a un volátil presente? Si nuestra fe es religión enseñada por el mismo Dios ¿qué cambio se justificará en su predicación? Existe hoy un adjetivo de calidad: "Lo clásico". Esta tarde en el hipermercado me han dado una papeleta promocional para llevarme gratis séis litros de "leche clásica", si el sábado hago compra de no recuerdo cuánto. Existe gran variedad de cosas clásicas: el cine clásico, la música clásica, los historiadores clásicos, el matrimonio clásico, la educación clásica... Es evidente que el distinguir "lo clásico" entraña la búsqueda de valores invariables, como el oro, que sube de precio cuando el dinero lo pierde.

En nada queremos ser originales, ni epatar a nadie. Nuestro pensar no es nuestro, es el recibido de la Tradición (1 Co 11, 12); a nuestros argumentos los refuerzan los hechos. En estas cosas preferimos sentirnos coetáneos de San Vicente de Lerins, o de los que se unieron a San Atanasio de Alejandría, el doctor solitario enfrentado al grueso de obispos arrianos abrigados por el poder de los emperadores y la debilidad de los papas... No nos queda otra que rechazar el atropello llamado "puesta al día" con el que se nos impuso, un-dos, un-dos, una temeraria adaptación a los tiempos. Sin darnos cuenta de que pretender educar al mundo con la adopción de sus defectos atrae la fatal compañía de sus primos: el demonio y la carne. (cfr Catecismo, Los enemigos del alma.) Examinemos en este origen las lacras que nuestro cuerpo muestra en lugar de tapar con disculpas y tiritas lo que el orgullo no quiere reconocer como error mayúsculo.

Mañana, dos de noviembre, es el día de los cementerios. Día oportuno para pensar estas cosas y descubrir hasta qué punto la Iglesia es o no congruente con su fe divina y católica. Esos paseos entre monumentos y epitafios nos preguntan a cada cual en cuánto estamos abandonando nuestra formación en la fe de católicos por un simple temor a no destacar. Falsa humildad donde las haya.

Sí, con razón el mundo sin fe suele objetarnos: “— Pero, oigan, ¿no es la muerte el argumento definitivo de la nada? ¿Podemos creer en la inmortalidad después de ver una incineración?" Es cierto que ante el ser querido al que vemos descenderle a una fosa, la certeza de su descomposición nos sacude hasta parecernos que con él enterramos toda esperanza. Mas, también, en ese momento la fe se hace el único asidero que nos sostiene más allá de lo que vemos... Con acierto diremos que esa contemplación es "la hora de la verdad" en la que descubrimos si nuestras creencias no son mero convencionalismo, clavo ardiendo de fantasías consoladoras.

Nuestra fe se fortalece en que nuestra naturaleza, supuestamente efímera, está sustentada en algo indestructible, el alma. ¿Dónde está la incineradora capaz de aniquilar el alma? No se esfuercen en buscarla porque no hay nada que pueda enfrentarse al aliento de vida salido de la boca de Dios. Dios dio vida inmortal a nuestro barro y por eso un cristiano, un bautizado, no teme a la muerte. (Ge 2, 7) Y si la teme es con mezcla de curiosidad, tal que Simón el Pescador cuando, como niño curioso, anduvo sobre las aguas y, asombrado del prodigio, dudó y temió hundirse.

Con la fe cristiana vislumbramos, pues, que la muerte no es el final de nuestra existencia, que aun con todas las tinieblas que se quiera este túnel tiene una salida espléndida de luz. Fue prometido que cuando nos llegue la muerte, una vez cumplida esta gravidez en la placenta de la fe, Dios nos parirá de nuevo, rescatados para la Vida que no acaba... Así se aprecia en la bellísima metáfora propuesta por Jesús: «La mujer, cuando está de parto, tiene congoja, pues llegó su hora; mas cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que nació un hombre al mundo.» (Jn 16, 21)

¿Es que hay un Más Allá?

Agujeros negros, supernovas con la energía de un millón de soles, enjambres de galaxias... y, ahora, la Física Quántica en cuyas subpartículas se pierden los descreidos. ¿Y ha de ser esto para desperdicio? ¿Para que los ocasos se quemen en inútil derroche ante un campo sin nadie que sustituya al sol...? (J.M. Valverde) No,rotundamente no.

Seguros podemos estar de que lo que sabemos hoy se empequeñecerá con lo que sabremos mañana. Por ejemplo, casi ayer nada conocíamos de los neutrinos que parecen espectros, o de esa masa oscura que sostiene astros y sistemas... Esto solo ya parece más increíble que la idea de inmortalidad. Ahora, último regalo, la “Teoría de las Cuerdas” que nos propone varios universos, intercomunicados o estancos...

Si la Física y las ciencias exactas apuntan a que todo lo creado pudiera no radicar en la inmensidad material visible poco nos importará ya un Big-Bang, o el "Gran Atractor", pues antes y detrás siempre estará ese Dios que nos hizo casi iguales a los ángeles. (Ap 22, 9) Porque es de elemental conclusión que debe haber una Causa Primera, que el orden del universo supone, exige la existencia de un Ente Ordenador, y que entre la creación visible y la invisible hay muchas energías desconocidas. La mayor de todas, la que meteríamos en un arca de oro con una etiqueta que dijera: “Amor”. La creación máxima de Dios (1 Jn 4, 8) ante la que nada importa que “se quede el infinito sin estrellas”, como dice una vieja canción.

Inmortales

En las escrituras Dios nos promete abrir nuestros sepulcros...: «Y os haré salir de ellos. [...] os infundiré mi espíritu y viviréis [...] y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago.» (Ez 37, 12b -14)

Sospecho que los que no creen en la inmortalidad no lo es tanto por objeción racional sino por lo mucho que la desean. Y es que tenemos miedo de que no sea verdad. ¡Vivir para siempre y, además, recuperados los dones perdidos...! Lógico es que nuestra nimiedad nos haga recelar. No obstante, que somos criaturas hechas por Dios y para Dios lo prueba sentir dentro de nosotros la atracción “genética” hacia Él, como bien dijo San Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.» Realidad que le da título a este post.

Al gustar de la esperanza cristiana y sentir la natural e inmedible gratitud que provoca, surge preguntarnos lo que perderemos si seguimos la apostasía hoy tan fuerte. Lo seguro es que nada más nos quedemos con el nihilismo de la indiferencia y la orfandad del materialismo. Una pregunta a la que sin pretenderlo contestó con otra un patrón de pescadores de Galilea: «¿Adónde iremos, Señor? Sólo tú tienes palabras de vida eterna.» (Jn 6, 68) No, señores irenistas, "progrez" y bazofia de la "Nueva Cristiandad" mariteniano-montiniana o de la fenomenología juanpablista, nada sois ante la definitiva promesa para este día. «Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mí aunque haya muerto vivirá.» (Jn 3, 36; 6, 51; 11,25)

Las visitas a los cementerios nos impulsan a dar un salto sin red a la fe. En nuestra cultura, a la fe cristiana. Creer en la vida sin final, prometida por quien puede prometerlo, Dios, es condición fundamental en nuestras visitas del Día de Difuntos. Sepulturas que nos recuerdan el misterio de vivir para morir, de llegar para marcharnos; lo que nos siembra el alma con sentimientos que merecen ser escudriñados. Porque llevan a Dios. De los que huimos los vivos, medio muertos de miedo y de insolencia. Sin embargo, ¿no es cierto que sin Dios esas lápidas son muy poca cosa? Apenas una evocación de aquellos a los que amamos y nos amaron.

Que vivan en paz.

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Comentarios
  • Comentario por azrael 06.11.12 | 10:15

    Muy consolador y mucho más doctrinal. Osea que la doctrina clásica es consoladora. le felicito y le doy las gracias

  • Comentario por Adversus Haereses 04.11.12 | 19:33

    Natanael,

    ¿qué es lo que leyó en "Hispanidad" acerca de los dichos de sor Lucía?

  • Comentario por natanael 04.11.12 | 13:28

    Y, como digo, la libertad bien entendida acaba, en la verdad. En ella o me censuro o me censuran. ¿O me van a dejar enseñar hoy , en base a ese concepto tan erróneo, que el sol no se mueve?. Y para G.A. , yo conocí la Iglesia verdadera antes del concilio, siendo un niño: efectivamente fue un cambio, cuando menos, muy discutible. En lo humano y sociológico -de lo teológico, no me atrevo a opinar, con tanto lío- ya fue fatídico. Cuando Leon XIII mandó rezar, al final de la misa, la oración a San Miguel Arcángel por algo sería. Dicen que fue por que el mismo Lucifer se le apareció y le dijo: "yo tengo poder para destruir tu iglesia".El hecho es que "por nuestros pecados" indudablemente, que decía Sta. Teresa, permitio Dios estos males. Hace poco, y en un medio no religioso, si no económico básicamente, como es Hispanidad, leía que Sor Lucía al parecer, ya avisó sobre posibles problemas "papales" en la Iglesia. Que el Señor se apiade de todos y nos haga llegar a la verdad.

  • Comentario por natanael 04.11.12 | 13:19

    Buen artículo y buenas reflexions sobre la vida perdurable que ahora, con los haloween y compañía, se quiere enmascarar. Hace tiempor vi un grabado, creo que de Durero en el que el demonio estaba tocando el violín a los piedes de la cama de un moribundo, para así deistraerle de su realidad y del buen morir. Nuestra sociedad,instigada por el diablo, prefiere hacer mofa de la muerte y el juicio, para daño de su salvación eterna. Por que pensar en la muerte puede hacer cambiar la vida, y sólo los necios creen que todo acaba; los necios o los malos.
    Y para franz, los principios de la rev. francesa no coinciden con el Evangelio. Ni en el cielo existe la igualdad y yo, personalmente, me alegro de no ser igual y tener gente por encima de mí en dones o gracias, lo otro es envidia y soberbia; o tontería, por que nadie sabio verdaderamente no se siente humilde. El someteos unos a otros por amor a Cristo es también evangélico, no su contrario. Y la libertad, si es bien entendida, supone

  • Comentario por franz 03.11.12 | 16:35

    Alfredo, tu problema es que no sabes analizar un texto, o lo tuerces por malicia.
    Pero, en un asunto tengo que rectificar: También el mensaje de Jesús en manos de hombres desbordó en violencia (Inquisición etc.), pero no a base del Evangelio.
    Lo mismo pasó con la revolución franceso y pasa con el Coran.

  • Comentario por Alfredo 03.11.12 | 11:13

    Lo que dice Franz es que los que cortaron las cabezas de los reyes, y zares, y de los frailes y obispos, y popes, no fueron Robespierre ni Lenin sino el Jesús de Nazaret que cabe en la mente de semejante descerebrado.

  • Comentario por franz 03.11.12 | 03:46

    "Una verdadera REVOLUCIÓN FRANCESA", solo que no desbordó en violencia. Pero sus enfoques: "Unidad, fraternidad y libertad" coincideb exactamente con el Evangelio contra desigualdad, superioridad-subordinación y censuras para los que no están en la linea oficial.
    !Lean los Evangelios y abren los ojos y despójense del miedo de soltarse de las faldas (sotanas) de la "madre iglesia" gobernada por padres y papas y popes!
    Tenemos razones para indignarnos por amor a la causa de Jesús.

  • Comentario por Adversus Haereses 02.11.12 | 18:26

    G.A., me permito responder a su inquietud: sí, estimado, "tan distinta era la Iglesia preconciliar"... Sucede que, los que han nacido en el post.concilio, ni se enteraron de lo que significó: una verdadera REVOLUCIÓN FRANCESA dentro de la Iglesia, dicho ésto por sus mismos ejecutores (Ratzinger incluído...).
    Lo que debe hacer Ud., estimado G.A., es simplemente ponerse a LEER y ESTUDIAR el Magisterio anterior, y verá claramente el asalto a mano armada que ha sido perpetrado.
    Busque, también, en la web, dos libros que le ayudarán a comprender cómo se movieron los agentes del modernismo (incluído Ratzinger) para copar el CVII e imponer su derrotero: "El Rin desemboca en el Tíber" y "Vaticano II. Giro de 180°", este último del Pbro. Dr. Luigi Villa. Y analice los textos que encontrará allí. Urge que se hagan estas lecturas.
    Dios lo bendiga.

  • Comentario por G.A. 02.11.12 | 17:34

    Por cierto... No me borren de la lista que quiero seguir leyéndole.

  • Comentario por G.A. 02.11.12 | 17:33

    Sr. Rizo. Le leo no muy asiduamente pero, sin acritud, he de decirle q todos sus comentarios al respecto de la Iglesia postvaticana me sorprenden. Yo he nacido después del CV2 y sólo puedo intuir de sus opiniones a esa Iglesia q dice haber desaparecido. Tan distinta era la Iglesia preconciliar? Ciertamente en la Iglesia en que he nacido se prácticamente sólo se hace referencia a los escritos del CV2, por no hablar de los Papas postconciliares que parece sean los únicos que han existido. Puede haber tanta discontinuidad entre el antes y después de esa asamblea? Es sólo una reflexión q me hago. Cómo es posible q se haya cambiado todo el sentido de una religión como la católica y sólo cuatro gatos se hayan dado cuenta? Lo único q se me viene a la cabeza son las palabras de Alfonso Guerra: "a España no la va a reconocer ni la madre q la parió" Quién es a su juicio el A Guerra de la Iglesia? La discusión sobre la hermeneútica de la continuidad en sí ya me deja atónito. Gracias

  • Comentario por Virgilio Sanchez 02.11.12 | 03:00

    Se ve y se aprecia que se ha perdido el oremus en el mundo católico. El Concilio Vaticano 2, que debió llamarse "cero", acabó con el cuadro, inició la demolición de la iglesia en toda forma y fué algo así como la revolución francesa o la revolución rusa en nuestra querida iglesia. Los jacobinos o bolcheviques se portaron como chivos en cristalería y destrozaron TODO, incluída la Santa Misa. Nos dieron a cambio, una misa aguada, totalmente protestantizada con mesa, lengua vernacular, guitarras con música horrenda y versus pópulum, de cara al pueblo.
    El resultado ha sido una repulsa general, estampida en masa de las iglesias hacia el ateísmo y las sectas protestantes de los hermanos separados herejes. La demolición sigue avante hoy día, con estos movimientos ¨primaverales" de cualquier signo , que pugnan por quitarle todo lo que tenga de 'católico' la liturgia y reemplazarlo por lo más bizarro que imaginarse puedan: el rito kiko.
    Necesitamos recobrar lo católico AHORA.

  • Comentario por Pedro Rizo [Blogger] 01.11.12 | 13:25

    Blas de Lezo.- Coincido en su reflexión. El término "eternidad" creo debemos relacionarlo con el Ser Absoluto, Dios mismo, que no tiene principio ni fin. Si el hombre fue distinguido y agraciado con un alma que procede directamente de la esencia del Creador, ésta no sólo es inmortal sino también eterna por originarse en la comunicación del ser de Dios al hombre. De modo que la cualidad eterna también la tenemos nosotros como "sin principio", por esa procedencia divina. La Biblia dice fuimos amados antes de la creación del Universo... Por tanto, y para no invadir áreas en las que por doctores que fuéramos a nada empírico podríamos agarrarnos, lo que nos queda es la fe en Cristo resucitado y su promesa de perpetuidad en la Casa del Padre. No me atrevo a decir más.. Tal vez que la eternidad es el no-tiempo, un seguir siendo y un seguir estando fuera de la cuarta dimensión. Disculpe mi repentización. Lo mejor será acudir a Santo Tomás, siempre dispuesto a respondernos.

  • Comentario por Pedro Rizo [Blogger] 01.11.12 | 12:54

    Observación general.- Los envios de posts se entiende pueden cancelarse con solo responder al remite con la palabra: BAJA.
    Iker.- Me refiero a las que lo son, heréticas, por el abuso de las libertades a que indujo y todavía induce el Novus Ordo; no a que éste sea hereje. No está en esto el problema, que lo hay - en la norma aprobada - sino en los que la mal-interpretan bajo disculpa pastoral de "escenificación".
    José Antonio.- Remita su BAJA y su contacto será automáticamente borrado. Aplaudo se apoye Vd. en la interpretación de la Iglesia Católica. Es lo mismo que hago yo... porque, como es obvio, no puede haber dos versiones que se neutralicen entre sí: la de siempre y la posconciliar. La de siempre comprometida de Infalibilidad y la nueva no. La ventaja para un fiel dócil como usted es que si un papa, el Papa, dictara que el CV2º indujo a errores Vd. sabrá también ser dócil a sus correcciones. Dios le bendiga por ello.

  • Comentario por José Antonio 01.11.12 | 12:21

    Hoy he recibido por primera vez su post. Estoy totalmente de acuerdo con la pòstura de María de Argentina. Entiendo sus inquietudes. Quiero seguir el camino de Cristo y para ello me apoyo en la interpreteación de la Iglesia Católica.
    Le ruego no remita a mi correo sus pots, si deseo leerlos acudire a RD.

  • Comentario por Iker 01.11.12 | 11:01

    "Y pensar que hay tradicionalistas que aceptan y pagan misas heréticas..." Hasta aquí he leído. Son las últimas palabras que he leído de tu blog.

    Después de defender la Fe y el cristianismo en "Humanismo sin credos", un día el Blogger habló de los sagrados riñones de Jesús para burlarse del Sagrado Corazón; nos preguntó por qué no discutíamos de los escozores anales de Jesús y toleró sin editar que un comentarista calificara a Jesús de "gallina de Dios, que quita los pecados del mundo". Ese día le escribí que no volvería a entrar en su blog.

    Hoy te has puesto a la altura de Humanismo sin credos. Tú lo llamas "misa herética", pero allí, en el altar, el pan y el vino se convierten en cuerpo y sangre de Jesucristo y se produce el sacrificio incruento rezándole a Dios para que este sacrificio sea agradable a Dios Padre. ¿Eso herético? Herético eres tú.

    Así pues, no volveré a entrar a tu blog. Blasfema en RD con el de Humanismo sin credos.

  • Comentario por franz wieser 01.11.12 | 08:30

    Visto el comentario de Maria de Argentina, repasé una vez más el Blog de Sr. Riso. Me enclino defintivamente al comentario de María, pero sin insunuar a que se aparte de la Iglesia. Que en ella hay espacio para todas las opiniones, sobre lo expuesto que quede claro, no sobre la persona que puede ser de buena fe es bueno. Y que todos tenemos el derecho y el deber de "examinar todo y de atenernos a los que en conciencia consideramos auténtico", como nos recomienta San Pablo, es esencial par los hijos llamados a la libertad.
    Lo que es evidente; Pedro quiere que la Iglesia se quede con los viejos odres, aunque el siempre fresco vino (el Espiritu de Dios), se drrame por sus grietas. Los teólogo de hoy y los 2000 y tantos obispos que han impulsado el Vaticano II bajo el Papa Bueno, no tienen porqué tener menos peso que aquellos de los primero 5 siglos, y menos que nustro hermano Rizo. La promesa de Jesús era: "El espíritu de Dios les intoducirá a la verdad plena" - No ha terminado.

  • Comentario por franz wieser 01.11.12 | 01:45

    Para Dios no hay atrás y adelante. Para Dios todo le es presente. Dios es infinido, eterno. El tiempo es definido, tiene un comienzo y un fin. un hoy y mañana, un ahora y un antes. En Jesús y con Jesús, con su y nuestra resurrección comienza una nueva relación con Dios que se proyecta hacia un ahora y eterno hacia adelante.
    Ási lo entiendo.

  • Comentario por Blas de Lezo 01.11.12 | 00:45

    Una pregunta tonta: ¿la inmortalidad tiene que ver con la eternidad? Si el alma es inmortal, es decir, ¿es eterna hacia "adelante"? ¿es también eterna hacia "atrás"? ¿Existíamos antes de que Dios metiera ese alma en un cuerpo mortal? Bueno, una pregunta se ha multiplicado en varias....
    Un curioso impertinente

  • Comentario por Xabier 31.10.12 | 22:23

    No puedo estar mas conforme a lo escrito por el bloguer. Abundando en el tema existe una web sobre las animas benditas muy interesante: www.lasalmasdelpurgatorio.com. Se la recomiendo a todos.

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