Pues ¿qué quiere usted que le diga? Pasó que, al final, exactamente iniciado el pasado 13 de junio, cayeron los disimulos y la Jerarquía de Roma declaraba a nivel oficioso que no revisaría ni rectificaría a la luz de la Tradición, como pareció admitir, las novedades de huida propuestas por el Concilio Vaticano II. Es decir, los mismos errores que Mons. Marcel Lefebvre rechazaba. Esas novedades pastorales (?) por las que se toleran, bendicen o predican los principios de la Revolución Francesa enseñoreados de la Iglesia con el señuelo de conceptos tan bellos como : Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Por cierto, haber llegado a esta contradicción entre lo ahora enseñado y lo siempre tenido por dogma y doctrina pudiera explicarse, tal vez, en que la Autoridad Apostólica guste ahora tanto llamarse Jerarquía. Porque, aun con sus significados más asépticos, y su diferenciada justificación, las palabras son muy susceptibles a usos subliminales. Así Jerarquía remite a solamente un organigrama y no a una evangelización, supone una obediencia militar, ciega incluso para rendir tu bandera; mientras que Autoridad Apostólica, muy al contrario nos recuerda de dónde le llega el poder a esa jerarquía y cómo se legitima en un organigrama de gobierno.
Sirva esto de introducción y vayamos al asunto.
El post anterior con este título ha recibido un comentario de quien se firma Geroteo de Segovia. Su enfoque es verdaderamente singular, en tal grado que lo hace digno a ser liberado de los comentarios y convertirlo en segunda parte de mi artículo. Los párrafos de nuestro susodicho lector nos dan un complemento enriquecedor del tema que mis fieles lectores seguramente agradecerán.
Autorizado por el autor solamente he subrayado algunas palabras o frases de atención preferente y adaptado su texto a la confección usual del blog. Queden, pues, en el aire el misterio o la indiferencia, las perplejidades y las proyecciones de presente. Y que cada cual cace al vuelo lo que su espíritu le conceda.
Seguidamente el texto que firma Geroteo de Segovia:
Es sabido que los árboles del presente nos apartan de la comprensión del bosque con cuyos troncos nos tropezamos. Pero estos son siempre la realidad de que se forma el presente. Leibnitz, el filósofo y matemático alemán del s.XVII, aseguraba: «Ningún hecho es cierto o existe sin una razón suficiente, y no de otro modo.»
El 2 de abril de 2005 fallecía el Papa Juan Pablo II y la atención mundial se centraba en el Vaticano donde, tras el cónclave, el Cardenal Joseph Ratzinger se dio a conocer como nuevo papa con el nombre de Benedicto XVI. En ese momento el cuidador de un albergue jacobeo, viendo el telediario, no pudo contenerse de exclamar: «— ¡Es el que estuvo aquí! El que me mandó la postal.» El hospitalero aseguraba que el nuevo papa había sido un anónimo peregrino que el año 2000, Año Santo Compostelano, se hospedó en el albergue de Molinaseca, bonito pueblo de El Bierzo leonés. Pero no sólo por eso se hizo famoso Alfredo, así se llama, sino por guardar entre muchas una postal que el Cardenal le enviara cinco años atrás firmando: “Alois Joseph, futuro Papa Benedicto XVI”.
Lunes, 20 de mayo
Alejandro Palacios Alvarez
Manuel Mandianes
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Josemari Lorenzo Amelibia
Rufo González Pérez
Asoc. Humanismo sin Credos
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni