Plano picado y contrapicado

Celibato, sacerdocio y homosexualidad. ©

22.06.12 | 18:11. Archivado en Religion, Sociedad, Ética, Tradición y Desvios
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Esto de la homosexualidad masculina y femenina en algunas vidas consagradas es un mal asunto. Sus índices son variados pero asoman como de grave enfermedad de toda la Iglesia. Y no vale el argumento, sucio o bienintencionado, de que su proporción es la misma que en la sociedad civil.

Tengo mis ideas acerca de por qué y por donde entró esta desgracia, mas como estoy seguro de que también lo saben las autoridades apostólicas no quiero tocarlo, por lo que me ceñiré a su incompatibilidad con el sacerdocio. Es decir, como es habitual en este blog a la parte religiosa del asunto, donde tiene importante papel el celibato.

Orígenes generales.-Siempre hubo casos de desvío pero nunca como ahora. Y parece que la razón de esta acedia, este dejar pasar de nuestros pastores, es muy clara: la doctrina humanista que nos coloca, a nosotros, los amos del Olimpo, por encima de toda Ley y orden natural. Trepando como amos al Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal para legislar al antojo de nuestros particulares demonios. Falsa antropología que en la vida de la Iglesia acarreó siempre la parvedad vocacional y la consecuente relajación en las admisiones al seminario.

Pocos reflexionan sobre cómo se llegó a esto. No es plato de gusto. Pero ningún mal desaparece ignorándolo. La gangrena y las úlceras se curan oxigenándolas, no tapándolas. Como avestruces usamos de prudentes regates: “Son cosas del extranjero...” O se echan balones fuera: “Campañas de una prensa anticlerical...” Pues, no. Es problema de la Iglesia.

Porque la homosexualidad se ha convertido en un nuevo instrumento para nuestra destrucción, junto a la masonería y el marxismo. Hay más daño hoy con este triángulo mortal que con los incendios y persecución de los doscientos años pasados. No querer verlo es casi una prueba de complicidad. Jamás hubo dentro de la Iglesia una enfermedad moral semejante, secreta y a la vez visible, de sus miembros. Este problema de nuestro tiempo es tan siniestro, tan ladino, oscuro y letal que no le vemos otro arreglo que una mayor exigencia en el filtro de las admisiones a los seminarios y noviciados. Algo se está intentando, pero sin ir a la raíz y origen puesto que a la soberbia le duele mucho rectificar.

Será bueno que hablemos del celibato religioso.

Sobre la virtud que lo sustenta.- La castidad y la pureza son elementales para el célibe religioso. El celibato sin castidad es un tormento, una equivocación que no puede mantenerse a riesgo de volverse locos. Creo que la jerarquía — esa forma de no decir la autoridad apostólica — debe preocuparse del celibato de los sacerdotes, sí, desde luego, pero más de educarlos en la virtud de la castidad. Es evidente que el compromiso del celibato se vuelve papel mojado si no se fundamenta en una educación espiritual.

Creo no desviarme de la realidad si digo que la razón de que el celibato fracase está en la doctrina nueva de la Iglesia que, en la vida práctica, ha mundanizado el objeto del sacerdocio por el que ahora sus ministros hablan más del mundo y sus filosofías que de las verdades de nuestro Credo y sus bienes. Mientras siga la moda - de moda, moderno y, de moderno, modernista – de esquivar la proyección hacia Dios para servir al hombre y a sus derechos, todo lo que se imparta en los seminarios será contrario al Evangelio.

Porque en el Evangelio se enseña que el sacerdocio sirve para colocar al hombre delante de Dios. ¿Es que no es así la insistente referencia de Cristo, en todos los pasajes, incluido el Sermón de la Montaña? De mi propia experiencia de creyente deduzco que este desequilibrio de la Iglesia contemporánea es lo que durante las últimas décadas ha producido sacerdotes al borde de la esquizofrenia por las cosas santas que hacen frente a las prosaicas que predican, empeñados en defender lo meramente humano.

La castidad es posible; y, por supuesto, el celibato cimentado en ella. Porque la castidad es la virtud que determina el celibato, y no al revés. Incluso los matrimonios cristianos ejercen castidad para bien pasar ocasiones de la vida que les sirven de purificación. No se es casto por la obligación de ser célibe sino que celibato y castidad son en el sacerdote, o en el consagrado, la consecuencia lógica y natural de una elección definitiva de servicio a Dios. Proviene del contacto directo con lo divino, y sus cosas sagradas.

Para los que con auténtica fe viven el misterio del altar y se notan tan cerca de la zarza ardiente, tiene que hacérseles muy llevadera, virtualmente fácil, la castidad. Es la grandeza única del sacerdocio católico que maneja entre paños y vasos cosas tan grandes que le sobrepasan. Que nos sobrepasan. Como lo que creemos es Cuerpo y Sangre de Jesucristo entregados por nosotros en el Sacrificio de la Misa. Cuando al ex-presidente americano, Richard M. Nixon, dos grandes compañías multinacionales le ofrecieron aceptara presidirlas, él contestó: «Después de dirigir a la nación más poderosa del mundo no hay cargo que me entusiasme». Es una respuesta lógica. Lo refrenda la experiencia de Moisés de quien la tradición rabínica nos asegura que cuando bajó del Sinaí «no conoció más a su mujer». Como lo asegura el judío Filón al afirmar que el celibato por motivos de religión era costumbre entre los hebreos. (Comentarios a las Sagradas Escrituras).

Del mismo modo podemos creer que desde que la Virgen María fue cubierta «por la fuerza del Altísimo» le resultara de lo más natural continuar virgen, y a San José entenderlo. Me afirmo, pues, en que de la castidad del sacerdote, fuente del celibato, surge como de una ecuación matemática responder por encima de la naturaleza a una profesión que es, siempre, sobrenatural. Desgraciadamente, el meollo del problema está en la lenidad asombrosa de la Iglesia postconciliar que relegó, quizás repudió, el sentido sobrenatural de su ser y de su estar en el mundo para transformar a sus sacerdotes en personas “iguales al resto de la gente”. ¡De qué se asombrará nadie que un obispo argentino tenga una amante, que aquél prior caiga en la pederastia y algún cura en la homosexualidad!

La homosexualidad...- Interesante el desprecio a la mujer de algunos progresistas. Ya resultaban raros sus argumentos respecto a la comunión en la mano. Así, cuando entre ellos estaban "el asco a las babas de los viejos” y a "los labios pintados de las jóvenes". Igualmente esas repetidas ironías en opulentas parroquias que se prodigan en sus sermones contra lo que ellos llaman “marujonas”. Pobres mujeres, madres, hermanas y abuelas. Fundamento de la sociedad cristiana, maquinistas de un hogar confortable, expertas de una administración más filosófica que económica, constructoras de un refugio cálido y pacífico.

Asimismo no se entiende como se mantienen argumentos usados en algunas congregaciones para captar “vocaciones” sin pensar en el daño que siembran. Por ejemplo aquellos que afirman: «Si no vas a encontrar una mujer como la Virgen (o, para ellas, un marido como San José), lo mejor es que no te cases». Pero lo más "vocacional" a los deleites del cielo es esta cutre propuesta todavía hoy explotada (?) por algunos directores espirituales: «A esa chica tan guapa y que tanto te gusta... ¡imagínatela en el retrete!» Aunque, verdaderamente, el rey de los argumentos para echar a correr fue: «El matrimonio es para la clase de tropa», soberbia descomunal vestida de elitismo.

...y el sacerdocio.- La reflexión central sobre esta incompatibilidad entre la homosexualidad y el sacerdocio católico es que la homosexualidad es una atracción hacia el mismo sexo no originada en un enamoramiento transitivo sino en un deseo homologador e invertido. Amor del propio ego. Un deseo sensual porque la atracción está siempre encaminada a la posesión del “otro yo”, sosias o ”alma gemela”. Los homosexuales protestan de que se trata de amor, pero está claro que esconde un egoísmo arrollador. "Homo” significa igual.

Un seductor experto, el miedo a las exigencias de la vida, el desencuentro paterno-filial o cualquier otro origen más o menos culpable pueden explicar el desvío de la naturaleza, pero, sea lo que sea, lo que triunfa sobre toda supuesta inocencia es la egolatría, el amor de sí mismo. Y eso, ese egoísmo, es lo que hace antagónico el Orden sacerdotal. Es imposible que el amor a Dios y a las almas surja de una tal pasión involutiva. Es una fantasía pensar en el sacerdocio para tal sujeto puesto que la adicción homosexual es el efecto de algo más grave y definitivo: el narcisismo que impide salir de sí. La homosexualidad es efecto del desorbitado, patológico amor de sí mismo proyectado en el amante homólogo. Justamente, el mito griego nos dice que el despreciativo muchacho, convertido en narciso, no quiso apartarse de la contemplación de su propia imagen porque el reflejo de las aguas le enamoró de sí, le “en-si-mismó”.

Debe mirarse a la homosexualidad tal como es, una concupiscencia aun cuando el sujeto la ignore. No es el narcisismo sólo una hipócrita rama del “amor a la belleza humana”, sino la vulgar exageración de la propia. He ahí el problema, tanto para el homosexual práctico como para el escondido. La homosexualidad procede frecuentemente de un espíritu vano que se ama en el sujeto igual, el "otro". Sin esta morbosidad no podrian explicarse consecuencias infractoras adornadas de lascivia que apartan del orden natural hasta los umbrales de la locura. Así esos Don Juan presuntuosos de conquistas, los envanecidos políticos que ascienden sin esfuerzo, el gigoló, el playboy, el... suelen ser homosexuales disimulados.

No casualmente el leit motiv de los Evangelios es vacunarnos de tal onfalitis cuando Jesucristo afirma (Mt 19, 21) que si queremos ser perfectos, es decir, santos, deberemos negarnos a nosotros en el amor que damos, sin preocuparnos de que sea correspondido. Digamos de paso que esta abnegación es un poderoso combustible de supervivencia hasta las etapas más duras de la vejez. Parecidamente que el muchacho del mito griego o que, con sus diferencias, el joven rico de la cita, el homosexual es un Peter-Pan sin esperanzas, ya que alcanzarlas le exigirá renuncias que en su fuero interno no acepta. Así, según aumenta en su práctica, el amor de sí mismo no sólo le impide amar al sexo complementario sino a toda otra persona, inclusive la supuesta homologable.

Este egotismo que todo buen cristiano compadece, es lo que aparta al homosexual ontológicamente del sacerdocio y, peor aún, de la salvación de su alma. Esa incapacidad para trascender de sí es lo que le niega para el sacerdocio católico.

Por otra parte, ¿es pensable que a quien ha de actuar en la persona de Cristo se le acepte con tales desviaciones? Imposible celebrar Misa, indeseable como confesor, engañoso como compañero. No; claro que no; porque una cosa es reconocer humildemente las debilidades de la criatura humana y otra dar a la Iglesia sacerdotes afectados por la involución homosexual. Jesucristo, el mejor de los jueces, pues sabe de toda conciencia, ya hará con cada vida lo que a Él le mueva, pero los católicos tenemos el deber de prevenir y preservar a la Iglesia.

San Juan Crisóstomo, en su Homilía IV sobre la Epístola a los Romanos, argumentó contra la demagogia homosexual. Y San Pablo advierte que no cabe otra actitud: «¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los homosexuales [...] heredarán el Reino de Dios.» (1 Co 6, 9-10). Esto no es crueldad. Cruel sería, y lo es por desgracia, manchar adrede la Iglesia por no saber prevenir a los fieles de este mal social. Omisión no cometida por el obispo - epi-skopo significa "vigilar en derredor" - Reig Pla vergonzosamente ignorado por no pocos de sus colegas.

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17 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por DueleNuri 10.12.12 | 20:05

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  • Comentario por carlos 26.06.12 | 02:27

    Se me ocurre pensar que si esta Doctrina Moral sobre la sexualidad con mirada de santificación no la hubieran dejado de impartir los obispos y la teología CATÓLICA,seguríamos con suficiente abundancia de sacerdotes y no se hubiera dado la escandalera hasta llegar a pandemia que ha salido a la vergüenza pública y exposición de piedras de molino en espera. Una lección la de un seglar, usted señor Rizo, modesta pero contundente ante tanto silenciamiento clerical hasta parecer que ya no saben qué decir. Les han comido la moral las psicologías profanas. Gracias, señor. por su valor y su valía. Es usted un católico que no se ha dejado contaminar por las ecumanías interreligiosas que inevitablemente se ven obligadas a aceptar todas las morales. Y por eso mismo están atados de pies y manos nuestros obispos porque ahora el primer mandamiento es no molestar a los hermanos separados ni a nuestros hermanos mayores los judíos. Doctrina sacramental al congelador.

  • Comentario por Geroteo de Segovia 25.06.12 | 16:02

    Cuando en el SXI san Gregorio VII quiso volver a la norma apostólica, se dió cuenta de que no podría acabar con la decadencia clerical si no ponía los medios adecuados, es decir, los que señalaba toda la Tradición de la Iglesia. Y como la vida común apostólica había empezado a decaer precisamente faltando a la pobreza, el grito de todo ese siglo fue ¡Pobreza!Pero claro, no como se lo imaginan los cátaros de entonces y ahora, que la Iglesia se despojara de sus bienes, sino que los clérigos vivieran desprendidos de bienes, esposa y propia voluntad, para poder identificarse mejor con Nuestro Señor, y luchar contra las tres concupiscencias.Tuvo gran éxito, pero luego, los clérigos dejaron de vivir en comunidad, de ser pobres, y de obedecer religiosamente, por lo que al final, lo único que les queda de la institución apostólica, es el celibato. Y como han olvidado su sentido, cada vez cuesta más vivirlo.

  • Comentario por Geroteo de Segovia 25.06.12 | 13:42

    Ya sabía yo que vendría alguno(a) oponiendo la moral sexual a la moral socio-económica. Tal vez convendría recordar que el católico, a diferencia del hereje, no opone (aut, aut), sino que conjunta(et, et), lo que es complementario. Así, dirá Escritura Y Tradición, Gracia Y Libertad, o Castidad Y Pobreza.
    Claro que referente a los clérigos, es necesario saber exactamente a qué se ha referido la Iglesia.
    Nuestro Señor formó a los Apóstoles como modelos de todos los clérigos futuros, y quiso que vivieran según los tres consejos evangélicos de pobreza,(no tener nada propio individualmente, aunque sí colectivamente), castidad perfecta(lo que evidentemente entraña el celibato), y obediencia(que implica vivir en comunidad canónica, obedeciendo a una Regla, obispo y demás superiores), conformando todo ello lo que se conoció más tarde como la vida de los canónigos regulares.

  • Comentario por Pedro Rizo [Blogger] 25.06.12 | 09:22


    Maria de argentina.- La "fijación" que motiva el post es rechazar que un homosexual pueda ser sacerdote de la Iglesia católica, ministro de su culto y de sus sacramentos. Lo lógico es que quien quiera ser sacerdote debe comprometerse a serlo de acuerdo a los cánones de la Iglesia católica. El que se quiera proteger con el periodo de los Borgia y los Casanova que se vaya a otro lado; en la Iglesia prefiero se prescinda de esas nostalgias. Aunque usted no sea católica me gusta lea mi blog. Gracias.

    Antonio.- Aunque se aparta usted del tema le agradezco sus aportaciones, muy valiosas.

  • Comentario por Antonio 25.06.12 | 03:31

    La Iglesia Católica es un temible enemigo potencial de la élite de financieros internacionales, prestamistas de último recurso, que son los propietarios de los Bancos Centrales y cuyo negocio consiste en prestar por a los Estados y a los Bancos,
    Hay analistas que piensan que dichas élites –en un mundo dominado por el dinero- son las que realmente mandan, por detrás de los gobiernos elegidos.
    Su principal negocio se habría debilitado si las Cajas de Ahorros (que canalizaban el 50% del ahorro nacional) hubieran dedicado una parte de sus beneficios a obra social asistencial -como en sus primeros tiempos, en lugar de dedicarse a obras suntuarias- y la otra parte a repartirlo entre los impositores. A nadie le interesaría llevar sus ahorros a una cuenta bancaria, pagando comisiones de mantenimiento si podía sacar beneficios en una Caja. Por eso las hicieron desaparecer con el conocimiento del Banco de España.

  • Comentario por Antonio 25.06.12 | 01:39

    Es muy acertado el comentario de Geroteo de Segovia “ La Iglesia lleva siendo asaltada por las fuerzas del infierno según un plan bien meditado y constantemente actualizado, desde hace por lo menos tres siglos.” (*)
    Aunque el ataque del maligno a la Iglesia sea desde sus comienzos, a partir del Renacimiento hay una persecución organizada a la Iglesia Católica, al iniciarse la Edad del Dinero -con el traslado desde los castillos a las ciudades del poder político-administrativo que interactúa con el económico, tecnológico, comercial y cultural-, y extenderse el uso masivo de la moneda y el dinero de papel (dinero deuda).
    En ese momento la Iglesia se opone a la emisión de dinero sin respaldo, una operación que en opinión de escolásticos de Salamanca como Luis de Molina, debe ser considerada pecado mortal. (**)

  • Comentario por Antonio 25.06.12 | 01:37

    (*) Documentos históricos: Máximas de la masonería egipciana
    http://biblioteca.ayuncordoba.es/BibDigital/OCR/1824_esp_union_alert-OCR.pdf
    http://www.criteriaclub.com/fichalibro.php?id=1116

    (**) J Huerta de Soto http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=X1fR3ZhFDkQ
    Minuto 17:33 “Es una desgracia, porque 300 añós antes, de este debete y de esta Ley [aprobación de la Ley de Peel en el parlamenteo inglés] esos grandiosos pensadores de nuestro Siglo de Oro, los escolásticos de la Universidad de Salamanca, ya habían descubierto que los depósitos a la vidsta forman parte de la Masa Monetaria. Concretamente Luis de Molina, se refiere en latín –y utiliza el término quirografis pecuniarum-, dinero escriturario, que genera de la nada la banca en forma de asientos en sus libros de contabilidad“

    http://www.romereports.com/palio/foro-de-intelectuales-debate-como-llevar-la-etica-al-sistema-financiero-spanish-7125.html#.T-UhHB...

  • Comentario por María de Argentina 25.06.12 | 00:56

    ¡Otra vez lo mismo! ¡Qué fijación que tienen con el sexo un montón de católicos! ¿Qué les pasa? La Iglesia tiene más problemas por no ser fiel a la Palabra de Jesús de preferir a los pobres de VIVIR EN LA POBREZA, de buscar la unión entre todos los cristianos (ecumenismo), etc que con el tema de si un obispo tiene o no amantes. Y menos mal que tiene una amante mujer ! Porque eso corresponde a la Naturaleza. Lo que no es tan natural es permanecer célibe toda su vida (aunque no es criticable quien así lo desee. Sí lo es que se imponga como condición sine qua non a quienes ejercen el sacerdocio). después de todo Jesús tuvo discípulos solteros y casados. Es un asunto no importante. Esta jerarquía prepotente quiere hacer creer que lo que ella dice es palabra de Dios. pero ya no es tan fácil convencernos. Geroteo: leyó alguna vez la historia de la iglesia? Solo 3 siglos?? no vio todo lo que pasaba en tiempos de los Borgia, hace más de 3 siglos? Muchos añoran q el papa siga siendo un principe

  • Comentario por Jose Antonio 24.06.12 | 19:54

    "No todos pueden con no casarse, sólo los que han recibido el don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres y hay quienes se hacen eunucos por el reinado de Dios. El que pueda con eso que lo haga"
    Mateo 19, 12

  • Comentario por carmen 24.06.12 | 00:17

    a Diodoro...."Una Iglesia para la que es más importante con quién se acuesta uno que la injusticia que reina en el mundo no es seria ni es de Dios..."
    ¿ qué es o no injusticia para usted? Me interesa mucho saberlo sobre todo de alguien que sabe lo que le importa o no a Dios.
    Desde luego que no ha pillado nada de lo que aqui se habla. Qué injusto comentario. A la Iglesia lo que más le importa no es el sexto mandamiento,( si no sería el primero) lo más importante es el primero: amarás a Dios sobre todas las cosas y de ahí se derivan los demás.
    "..Pedir perdón por la homofobia.." uff!las demagogias de moda quedan obsoletas enseguida, pues son palabras vacías, fundadas en ecos facilones.

  • Comentario por Diodoro 23.06.12 | 20:02

    Este artículo es una vergüenza. ¿Creen acaso que a Dios le preocupan más los clérigos gays que los clérigos rapaces, soberbios, avariciosos e hipócritas que abundan para escándalo de los fieles? Parece que que todo el Decálogo se resume sólo en una parte del sexto mandamiento y todo el resto, empezando por la caridad no importa. ¡Venga ya, hombre! Además, la Iglesia, con papas, cardenales, obispos y curas homosexuales haría mejor en callarse y pedir perdón, como lo ha hecho con otros colectivos, por la homofobia que ha fomentado a lo largo de los siglos. Una Iglesia para la que es más importante con quién se acuesta uno que la injusticia que reina en el mundo no es seria ni es de Dios.

  • Comentario por Pedro Rizo [Blogger] 23.06.12 | 17:19

    Geroteo.- Su aporte complementa y enriquece el post. Muchas gracias. Añadiría que ya Santa Teresa dijo de los conventos femeninos que era mejor que se lo pensaran los padres de las novicias de mandarlas porque estarían mejor guardadas en sus casas.
    Lowe.- Cierto en cuanto a nuestra parte animal. Pero puede superarse por la semilla sobrenatural. En la parte animal el instinto bastaría para regular nuestra sexualidad, con lo que no podriamos ser castos ya que no dependería de nosotros. Pero nos distinguimos de los animales en que podemos dominar o dirigir los instintos y de ahí la libertad que se nos concedió para usarlos y someterlos según nuestro interés. No rechace el componente alma que procede de Dios.

  • Comentario por Löwe 23.06.12 | 14:48

    La castidad es antinatural.
    La naturalea animal-humana exige el sexo, homo o hetero.
    La castidad va contra esas palabras: "Creced y multiplicaos"
    Al torcer esa naturaleza, unos podrán dominarse y otros no, y cuando entre el clero hay gente que no puede dominarse, la ICAR no los expulsa de la institución que, una de sus normas, obliga a ello.
    El que puede dominarse, de pensamiento y obra, es la excepción.
    El sexo, homo o hetero, no "ha entrado" en los últimos tiempos, sino que ha sido algo normal, y hasta oficial, durante toda la historia de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Papas, cerdenales, arzobispos, obispos y curas han usado a las monjas y a las mujeres como las podría usar cualquier seglar.
    Solo que ahora el pueblo, analfabeto e ignorante antes, ha adquirido más seguridad en sí mismo y exige, creyentes o no, responsabilidades. "Antes" hubiera significado torura y hoguera.
    ¿Bueno, malo? Simplemente es así.

  • Comentario por Geroteo de Segovia 23.06.12 | 14:05

    Así se entiende que ya en 1869, Nuestra Señora, apareciéndose en La Salette, llamase a buena parte del clero "cloacas de impureza", y a ciertos conventos y monasterios, "pastizales de Asmodeo", (el demonio de la lujuria). Y no se refería tanto a los de 1869, sino proféticamente, a los de un siglo más tarde, cuando la infección que ya hacía estragos estallase a la luz del día.
    Como ejemplo, pueden leer "The rite of sodomy" de Randy Engel, que pasa revista a tres generaciones sacerdotales norteamericanas en que se aprecia el avance del homosexualismo clerical.
    O la novela "Windswept house", de Malachi Martin, en español como "El último Papa", o E2025, de Marie Carré, que en forma de novela, cuenta la infiltración de un espía comunista como novicio en un conocido convento dominico, trasunto de los miles de agentes "Romeo"especialistas en subversión doctrinal, espiritual y sexual, como los que fundaron ETA en el seminario de Derio, en 1950.

  • Comentario por Geroteo de Segovia 23.06.12 | 13:55

    Felicitaciones por poner esta pica en Flandes, lo suscribo de la cruz a la raya.
    Lamentablemente, la inmensa mayoría de los católicos aún no se ha dado cuenta de que su Iglesia lleva siendo asaltada por las fuerzas del infierno según un plan bien meditado y constantemente actualizado, desde hace por lo menos tres siglos. Visto que la persecución exterior se revela infructuosa, se trata de pudrir las estructuras eclesiásticas desde su interior, pero dejando subsistir su exterior hasta que caigan por sí mismas. Y ese pudrimiento es complexivo y omniabarcante: Había que subvertir el dogma, la liturgia, la formación religiosa y sacerdotal, la comprensión de la autoridad política, etc..., pero por otro, había que pudrir el cuerpo, el alma y el corazón de los cristianos, y sobre todo de los sacerdotes y religiosos, que luego pudrirían el resto mucho más eficazmente.

  • Comentario por Carmen Bellver [Blogger] 22.06.12 | 19:34

    Decir esas cosas en este portal que es premio Arco Iris de Crismhon, es arriesgarse a recibir el calificativo de homófobo. Valor, amigo.

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