He trabajado en 13 empresas en mis 50 años de cotizar a la Seguridad Social. Entre ellas dos multinacionales, en suma de 21 años. La primera para España, Portugal y el Magreb territorio que se amplió a Francia e Italia. He viajado por deber a medio planeta y sigo activo. Por tanto, con poco tiempo que dedicar a este blog.
Conocí a mucha gente de gran talla moral - la que más importa -, así como social y del ámbito empresarial con la que conservo aún buenas relaciones; es así incluso, y con más fuerza, con aquellos amigos que ya no pueden morirse. De estas personas, de esos viajes, de aquellas responsabilidades y del afán siempre vivo por conocer mi entorno y mi tiempo es de donde supongo que mis experiencias y reflexiones podrían ser de utilidad. Especialmente en este siglo en que los media son riquísimos y las opiniones paupérrimas.
Me preocupa la visible degeneración de la doctrina católica y, consecuentemente, la pérdida de nuestra fe milenaria y, por ello mismo, la gradual descomposición de la Iglesia. No he sido ni una hora seminarista, ni consagrado a ninguna obra religiosa, pero agradezco a la Compañía de Jesús - aquella de mi edad de estudiante en ICADE - que me enseñara a pensar y "gustar de las cosas internamente".
A este blog le saco el título del lenguaje cinematográfico: "Plano picado y contrapicado", que induce a mirar las cosas de arriba a abajo y de abajo a arriba. Creo que mi caso no es muy raro en el periodismo: escribir sin ser periodista. Al estilo - Dios me perdone tomar su espejo - de Wenceslao Fernández Flórez, César González Ruano o un postrer Julián Marías.
Someto todas mis opiniones al magisterio tradicional de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, en su unidad de enseñanza, es decir, en lo mismo que se ha creído por todos los bautizados, en todas partes y en todos los tiempos.
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La vida eterna es la oferta fundamental de todas las religiones habidas en la historia. No ofrecer respuesta a ese innato deseo puede ser muchas cosas, pero no religión. De las diversas propuestas yo fui distinguido - y la España Romana desde su conversión con San Pablo - con el cristianismo. Aun sin mérito propio y sólo por el lugar y tiempo en que nací. Es una fe heredada de mis antepasados que me provocó curiosidades muy positivas.
Las religiones pueden fundamentarse en la investigación histórica, abrazarse por la experiencia interna, aceptarse como fruto de la filosofía, o por apuesta final que trasciende el presente personal. Pero no pueden probarse porque el misterio de adónde vamos nace ya de no saber ni de dónde venimos, ni por qué.
En todo caso, señor Veterano, "la idea de que el alma sobrevive al cuerpo, incluso si no fuera verdad, ayuda a hacer llevadera la vejez". (Cicerón, De senectute, cfr. 85)
Atentamente
PR
Veterano, va a ser que no es lo mismo.
Aunque claro antes de haber hablado, debías haber estudiado (al menos un poco) que es y que dice tanto la iglesia católica como el islam, cosa que se ve claramente que no has hecho.
Un saludo.
P.D. Deja de ver y leer tanta basura informativa y cultural (que hoy abunda en exceso)
D. Pedro: Dice Vd. que los jesuitas le enseñaron a pensar y yo le añadiría que con orejeras en el cerebro ya que es Vd. de piñón fijo.
A su edad, posiblemente más de 70 años, no haberse hecho preguntas sobre la supuesta trascendentalidad de lo sobrenatural, en lo que parece que Vd. cree a pie juntillas, suena a una autolimitación muy grande de su capacidad intelectual, que sin duda posee.
Le voy a trasladar a Vd. una pregunta que se ocurre para hacérsela a cualquier miembro del episcopado español y por extensión a toda la jerarquía de la Iglesia católica.
Pregunta: ¿Que consideración le merece a Vd. la promesa que los islamistas radicales hacen a los que ellos han preparado para que se inmolen con una carga explosiva, de que en el cielo disfrutarán de 40 huríes vírgenes?
Seguramente en su rostro aparecerá un sonrisa conmiserativa, pero ¿no cree que eso es lo mismo que la vida eterna que ofrece la Iglesia Católica?
Miércoles, 19 de junio
Jose Gallardo Alberni
Francisco Baena Calvo
Josemari Lorenzo Amelibia
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Pedro Tarquis
José de Segovia Barrón
Carlos F. Barberá
Guillermo Gazanini Espinoza
Alejandro Córdoba
Juan Fernandez Krohn