El humo de la demagogia
09.01.11 @ 10:50:31. Archivado en sociedad
Se terminaron las fiestas navideñas y con ellas el periodo de paz que el submundo de algunos tertulianos se había dado. Hasta el próximo año quedaron guardados en los almacenes de atrezzo los trajes de pajes, reyes, y pastores del Belén y volvieron a tomar los platós televisivos las navajas cabriteras del odio y la ignorancia para seguir dando “palo al mono hasta que hable”. En algunos medios de comunicación cualquier excusa es buena para atizar leña al Gobierno, actualmente es un deporte nacional dar patadas al culo del gobernante de turno, y la verdad es que muchas veces se las merece. Pero, según mi parecer, las críticas a los políticos deben ser razonadas y expuestas con conocimiento y no desde la ignorancia y la demagogia más pura que es lo que durante esta semana he visto en algunos conciudadanos. Los italianos dicen aquello de “piove, porco Governo”, aquí no ha hecho falta que llueva, ha sido más fácil, y el humo del tabaco se ha convertido en un arma arrojadiza para culpar a Zapatero de que no podamos fumar con tranquilidad un faria mientras tomamos en el bar el carajillo matutino.
Desde el día 2 de Enero está prohibido fumar en la mayoría de lugares públicos, tan sólo quedan excluidos la calle y los parques siempre que en éstos no haya instalado mobiliario para juegos infantiles. La prohibición se veía venir desde que en 1988 se dictó la primera prohibición que afectaba a colegios y hospitales, cuatro años más tarde, en 1992, se decidió que no se podría fumar en aquellos vuelos que durarán menos de hora y media, ya en 1999 está prohibición se amplio a los vuelos que tuvieran origen y destino en territorio español y en el 2005 RENFE pasó a prohibir el fumar en sus trenes cuando el trayecto tuviera menos de cinco horas de duración.
Estudios de la Organización Mundial de la Salud llevan años alertando del peligro del tabaco, tanto para los fumadores activos como pasivos. Son muchos los millones que la sanidad pública gasta anualmente para paliar las consecuencias producidas por el tabaquismo en la población. Los fumadores cada día eran más mal visto por una parte de la sociedad, especialmente por los que habían dejado de fumar, y, finalmente, llegó en el 2006 la prohibición casi total de andar por ahí expeliendo humo por las fosas nasales. La Ley 28/2005 amplió la prohibición a casi todos los lugares públicos haciendo una excepción con los establecimientos hosteleros, en este gremio en aquellos locales con menos de 100 metros cuadrados era el propietario el que tenía la potestad de vetar o no el uso del tabaco en su local, en los de extensión superior a la citada si querían que se pudiera fumar tenían que aislar a los fumadores del resto del personal por lo que muchos hosteleros se endeudaron para realizar las obras de acondicionamiento necesarias.
Alguien, el Gobierno, no hizo bien los deberes en aquel entonces y de aquellos polvos han venido los actuales lodos, de la improvisación al hacer una excepción en los locales hosteleros ha resultado un prejuicio en forma de gastos innecesario para los hosteleros que reformaron sus locales para adaptarlos a una Ley que tan sólo ha durado cuatro años, nadie les va a pagar ahora aquel dispendio económico y es lógico que se quejen. Lo que ya no es tan lógico es que clamen al cielo, todavía es pronto para valorar la situación, diciendo que van a arruinarse porque los fumadores no acudirán a sus establecimientos. Habrá que esperar un tiempo prudente para ver si esto es así, personalmente opino que la gente seguirá acudiendo a bares y cafeterías, que las terrazas se verán más concurridas y que quien quiera fumar un cigarrillo saldrá a la calle a hacerlo mientras pueda. La Ley ha entrado en vigor y ya se han producido algunas insumisiones a la misma en forma incluso de carteles que algunos hosteleros han colocado en sus fachadas invitando a entrar en su local a los fumadores, incluso alguno en Valencia ha dicho que no acata esta Ley, no creo que se atreva, ni él ni nadie que no sea un delincuente, ha mostrarse igual ante otras leyes emanadas del parlamento democrático.
En algunos programas televisivos se han puesto a despotricar contra la prohibición tertulianos sin ninguna preparación en el tema, a grito pelado, como acostumbran, han decidido que el Parlamento no es nadie para prohibirles fumar donde les de la gana, el caso es culpar a alguien, y si ese alguien es un Gobierno legítimamente elegido mucho mejor. No estamos ante una prohibición, aunque lo parezca, la Ley lo que hace es regular aquellos lugares en los que, por respeto y el bien de los no fumadores, se prohíbe fumar, ni más ni menos. El tiempo pasará y las aguas volverán a su cauce y los tertulianos de algunos platós volverán a husmear en braguetas ajenas para seguir manteniendo su silla y sus estipendios aunque sean con mentiras.
El árbol del tabaco nos ha ocultado, al menos durante una semana, el bosque de la crisis económica, desde Enero vamos a pagar más caros algunos servicios y productos básicos pero parece ser más importante divagar sobre la no existencia de humo en ciertas áreas que de ello. Siempre he sido partidario de educar más que de prohibir y durante años se nos mal educado en la cultura del cigarrillo, desde los galanes y las starlettes del mundo del celuloide a los anuncios televisivos hemos sido bombardeados por la magia del tabaco. Hoy aquella total permisividad se ha acabado pero nadie, ningún Gobierno mundial, hace nada para que la industria tabaquera deje de poner veneno envuelto entre las fibras de tabaco y el papel de fumar, los lobbys tabaqueros tienen mucho peso en la economía de los Estados y, a mayor abundamiento, los Gobiernos recogen una buena parte de los impuestos de las cajetillas de tabaco vendidas. Esta debería ser la verdadera preocupación de los gobernantes, si hay que fumar que al menos sean con las mayores garantías sanitarias, si es posible, y que la industria tabaquera deje de envenenar lentamente a la población fumadora. Mientras, fumen o no lo hagan, pero sean respetuosos unos con otros. Mientras escribía este artículo humeaba en mi boca una pipa cargada con rubio tabaco danés, pipa que, naturalmente, nunca sale de casa para evitar que personas ajenas a mí se molesten por mis humos.
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Rafa Esteve-Casanova
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