Todas con chándal, pero ancho
18.01.09 @ 11:40:48. Archivado en sociedad
Hace unos días les hablaba en una de estas columnas, con motivo de los autobuses ateos que recorren Londres y Barcelona, de la cortedad de miras en materia sexual de la Iglesia Católica, aunque también las otras son miopes en este tema. Desde hace siglos se nos ha venido amenazando con el fuego eterno del infierno en el caso de que nos saliéramos de la manada y no cumpliéramos con las reglas establecidas desde El Vaticano, más de una generación creció con el miedo en el cuerpo por culpa de las amenazas del gremio de los meapilas de turno. No se podía bailar pegados, como cantaba hace algún tiempo Sergio Dalma, el beso tenía que ser furtivo, los primeros tiempos de noviazgo la pareja siempre tenía que cargar con la chaperona de turno vigilante y guardiana del pudor de la moza, algunas películas eran calificadas como gravemente peligrosas y se nos amenazaba con la ceguera si se nos ocurría hacer de alguna parte de nuestro cuerpo objeto del placer sexual. Menos mal que, por aquel entonces todavía éramos católicos y siempre nos quedaba el fácil recurso de acudir al confesionario para contarle a aquel viejo sacerdote, cuya sotana color ala de mosca olía al repollo cotidiano, nuestras cuitas y pecados y como por ensalmo volvíamos a quedar otra vez en la línea de salida de la carrera del pecado una vez olvidados los rezos de la penitencia y el espíritu de enmienda que habíamos declarado tener mientras arrodillados ante aquel cajón de madera íbamos narrando nuestras primeras peripecias en materia de sexo.
Rafa Esteve-Casanova
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