La copla entre rejas
06.05.07 @ 01:30:28. Archivado en politica, sociedad
La llamada “Operación Malaya” sigue su curso sin prisas pero sin pausas y poco a poco, como con cuentagotas, va aumentando el número de imputados en el sumario que, desde hace meses, viene instruyendo el juez Torres. Con un imputado más llegaremos al centenar de personajes y personajillos que han visto cómo su nombre engrosaba la lista de los “malayos”, desde exalcaldes de ambos sexos hasta constructores de postín pasando por alguna consorte que ha lucido generosamente sus cuernos por los platós televisivos el gremio de implicados ha ido creciendo día tras día. Y para completar la imagen de esa oscura España de “pandereta y olé” sólo nos faltaba en el sumario judicial una folklorica. Pues bien, ya la tenemos. La detención de Isabel Pantoja, esperada y anunciada por casi todos los medios, se produjo la noche del miercoles al jueves de la primera semana de mayo.
La coplera no hizo caso de aquella vieja canción que la advertía: “niña Isabel ten cuidado”, y su desmedida ambición la ha llevado a las puertas de la cárcel. A pesar de las ayudas y subvenciones de la Junta de Andalucía el negocio de restauración que montó la cantante no llevaba buen rumbo y la tonadillera vio el cielo abierto cuando le ofrecieron ser la imagen de Marbella a golpe de talonario municipal. El que más tarde sería su novio, Julián Muñoz, quiso tener en exclusiva la voz de I.P. en su domicilio particular y le ofertó un suculento contrato, la canzonetista fue más allá y pensó que no sería mal negocio llegar a alcaldesa consorte de la ciudad estrella de la Costa del Sol. Pero para ello era necesario que ese dechado de elegancia que es Julián Muñoz volviera a ganar la alcaldía marbellí y era necesario que ella siguiera siendo, de momento, “la otra”, esa que no tiene derecho “a un anillo con una fecha por dentro”. Así con sus amores ocultos tras los intereses monetarios esceneficó el beso de Judas con Maite Zaldivar a la sazón legítima del candidato Muñoz. Una y otra olvidaron cualquier retazo de ética y delante de las cámaras ofrecieron su mejor sonrisa ante la atenta mirada del hombre con el que ámbas aspiraban a compartir el sillón de la alcaldía marbellí.
Los ciudadanos de Marbella otorgaron a Muñoz su confianza y una vez sentado en la poltrona municipal se descorrió el telón y llegaron aquellos besos en pleno camino polvoriento del Rocio, aquel cerrar zapaterias para que “niña Isabel” se probara un par de sandalias, o ese inefable “dientes, dientes, que es lo que les jode” impropio en la boca de una señorita de buena familia. Y con el tiempo Julián Muñoz acabó en la cárcel, su antigua esposa Maite Zaldivar se hartó de pasear sus cuernos por todos los programas televisivos y de contar aquello de las bolsas llenas de dinero que entraban en su casa hasta que fue imputada en el caso Malaya. Y desde hace meses todo el mundo estaba pendiente del paso de Isabel Pantoja por el juzgado del juez Torres. Era cuestión de tiempo y datos.
El paso de la coplera por los calabozos y por el juzgado marbellí desató el morbo de todas las cadenas televisivas que hicieron un amplio despliegue de medios ante los citados juzgados, aunque en algún caso ni los recursos técnicos ni humanos estuvieron a la altura de las circustancias,señoras con chandal y niño incorporado u otras paseando al caniche se mezclaban con reporteros de programas del corazón y la entrepierna mientras los más afines a la tonadillera intentaban reunir los 90.000 euros que el juez Torres había impuesto para eludir el ingreso en prisión. En muy pocas horas, y con los bancos cerrados, encontraron los quince millones de pesetas que liberaron a Isabel de cantar “carceleras” entre las rejas de la prisión, cuestión esta, la de la reunión de tal cantidad de dinero, dificil para los ciudadanos de a pie a no ser que se tengan los ahorros de toda una vida guardados debajo de un azulejo o entre la lana de un viejo colchón. También se podría contemplar la opción de que el dinero viniera de alguna futura exclusiva en alguna revista dispuesta a invertir en jugosas declaraciones de la cantante ahora imputada en la operación Malaya.
Pero también aquí, como en el atentado del 11-m, los miembros de la “brunete mediática” han querido ver conspiraciones extrañas y no han faltado los tertulianos que han hablado de órdenes del Gobierno a la judicatura para detener en este momento a la folklorica y desviar la atención de cuestiones que tan sólo están en su cerebro como la legalización de Batasuna o el caso De Juana Chaos, cuestiones estas que el Partido Popular piensa seguir explotando al máximo. Respetemos tanto la presunción de inocencia, aunque se nos haga dificil, de Isabel Pantoja como la independencia del juez Torres, olvidemos las patrañas de la conspiración a las que tan acostumbrados están algunos medios de comunicación y pensemos que estamos ante una, presunta, delincuente a la que el juez no ha imputado por cantar mal los boleros sino por presunto blanqueo de dinero.
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De la operación Malaya, quedan aún, abogaduchos y presidentes de club que siguen impune de sus delitos de mejores y supuestos letrados que han cobrado en demasía con abusos y estafa sus servicios como asesores jurídicos del Ayto de Marbella a costa del contribuyente y con beneplácito del político de turno. Esperemos que se llegue hasta el final, y no solamente sea Marbella, el ejemplo de cabeza de turco. Hace falta la regeneración de honestidad en toda la vida política municipal de nuestro país, y cuanto antes se haga mucho mejor, estaremos limpios de alimañas y vividores del cuento político.
La coplista, ya se sabía, aparte de su ignorancia y pusilánime falta de valor para tener el raciocinio más equilibrado y la valiente actitud de desenmascarar a sus ladrones amigos, ha obviado por seguir el ej contrario. A la cárcel con ella,pero sin libertad condicional. El dinero robado no puede ser de ninguna manera garantía de su libertad.
Estupendo leer tu artículo: vaya seguimiento más "perfestisisisisismo".
Pero te confieso: me alegro no estar en el pais: de la que me he librado, jeje
Te envío un saludo afectuoso.
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Rafa Esteve-Casanova
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