Poética: Soyez bons pour le poète
12.04.06 @ 10:33:28. Archivado en literatura
En estos que antes eran días de recogimiento y visita a “los monumentos” y hoy son de lanzarse a la vorágine de las autovías para poder coger un buen lugar en la playa, dejo aparcados los temas cotidianos de la política que cada día nos sorprende con algo nuevo para meditar un poco sobre la poesía y el porqué sobre las sensaciones que nos produce el leerla o escribirla. De entrada creo que hay tantas poéticas como poetas. Cada cual puede, como un sastre de la palabra, fabricarse su propia poética. Y a pesar de ser propia, particular y exclusiva siempre será deudor de todos aquellos que le precedieron en ese arte innato, y al escribir innato quiero decir que no puede aprenderse, de buscar las palabras más aptas para hablar de las cosas más sencillas.
Para muchos de los de mi generación, la del pan negro, censura y posguerra, cuando miramos en la más profundo de nuestra alma aparecen raíces de las viejas canciones de Concha Piquer o el prohibido durante años Miguel de Molina durante aquellos largos veranos, sin escuela, cuando pasamos de perseguir libélulas a seguir a las primeras muchachas en flor mientras nuestras madres hacían la colada sobre una tabla ondulada de madera- todavía no habían lavadoras- y cantaban al viento todas sus frustraciones
Mira su nombre de extranjero
escrito sobre mi piel,
si te lo encuentras marinero
dile que yo muero por él.
León, Valerio y Quiroga, autores de la letra de este “Tatuaje”, fueron los poetas más conocidos de toda una época, la del “nacionalconzonetismo”. Mientras, y conforme íbamos creciendo, comenzamos a leer, de escondidas y en editoriales sudamericanas como Losada, muchos de aquellos poetas que el final de la guerra incivil nos había escondido. La generación del 27 y, por encima de todos y como una manera de homenaje y cierta aura de malditismo García Lorca y Miguel Hernández. Tardaríamos años hasta llegar al resto, en la escuela no pasábamos de alguna cosa de Antonio Machado y las “Rimas” de Bécquer.
De los poetas que escribían en valenciano ni hablar en esos grises años. Fui alumno del poeta Carles Salvador en una escuelita de Benimaclet, a las afueras de Valencia, y no conocí sus poemas hasta los años setenta. Llegaría, una vez más, la canción y con ella los poetas franceses y Andrés Estellés, Martí Pol o Gabriel Ferraté entre los más próximos. Mi poética es deudora, también, de Serrat, Lluis Llach, Brel, Moustaki o Luis Eduardo Aute entre otros. Tal vez por eso sigo pensando, como escribió ya hace más de treinta años SerPi de la Serra que
La poesía ha de salir a la calle y coger el tranvía
con cara de sueño
y ha de bostezar el poeta.
Porque si la poesía se queda encerrada en el núcleo de los “iniciados” no conseguiremos nada, hay que sacar los poemas a las calles y plazas con un lenguaje claro y llano. Si tan sólo nos dedicamos a escoger palabras del jardín del diccionario para hacer bellos ramos de flores sin ningún aroma quedaremos autosatisfechos en un precioso ejercicio onanista pero nada más. Es necesario llegar a los demás, yo al menos escribo con esa idea, y pienso que mientras, al menos, una persona nos escuche o lea, como dice una buena amiga, vale la pena continuar el trabajo de unir palabras para expresar sentimientos. Es por ello que, como canta Moustaki, pido que
Soyez bons pour le
poète le plus doux des animaux.
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Rafa Esteve-Casanova
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