Semana Santa en Lorca, un mix entre lo religioso y una superproducción de Hollywood
19.02.08 @ 14:44:49. Archivado en Curiosidad rural

Carreras de cuádrigas, carrozas que ensalzan a Nerón y Cleopatra, alardes de caballistas vestidos de romanos... La Semana Santa en Lorca (Murcia) es una fiesta declarada de Interés Turístico Internacional que une como ninguna la pasión de la celebración religiosa y la vistosidad de un tardío carnaval. Es lo más parecido a una de esas películas que dieron fama a importantes directores de cine americanos como Cecil B. de Mille o Samuel Bronston.
Una de las singularidades de la Semana Santa lorquina es la peculiar mezcla que ofrece de exaltación religiosa y superproducción al mejor estilo de Hollywood.
Personajes de las culturas precristianas como Ptolomeo IV, Vespasiano, Domiciano, Tiberio, Moisés y hasta los mismísimos Julio César, Nerón o Cleopatra pasean en espectaculares carrozas por las calles de Lorca en un alarde politeísta y un batiburrillo histórico difícil de imaginar. Y junto a ellos, las acrobacias de carros y caballos que serían la envidia de Ben-Hur o del propio Búfalo Bill.
Tras este espectáculo visual está el trabajo de todo el año, la búsqueda de los mejores caballos andaluces, gallegos y murcianos y la contratación de los más arriesgados especialistas en acrobacias.

Pero, junto al espectáculo único, se impone la pasión junto a corros de personas a la puerta de las iglesias, donde están la Dolorosa de los Azules o la Virgen de la Amargura de los Blancos, corros en donde las gargantas se jalean unas a otras, se calientan tratando de ver quién llega más lejos y más fuerte en el viva.
Cada pueblo, cada ciudad, cada barrio la vive de una forma diferente. Con pasión, con recogimiento, con devoción, incluso con alegría. Pasos, cirios, nazarenos, Vírgenes y Cristos de todo tipo conmemoran, siempre en la semana de luna llena tras el equinoccio de primavera y este año más temprano que nunca, la pasión y muerte de Jesús.
La Semana Santa de Lorca tiene todo eso, y mucho más. Y es ese mucho más lo que la hace totalmente diferente a cualquier otra en España y en el mundo. Aquí las Vírgenes compiten en belleza y devoción. La Virgen de la Amargura y la Virgen de los Dolores arropadas por los seguidores y cofrades del paso blanco y el paso azul, respectivamente, no sólo muestran sus galas, con mantos bordados en oro y sedas por pacientes lorquinas que se afanan en esta secreta tarea durante todo el año, sino, sobre todo, en magnificencia, imaginación y despliegue de medios.
Filigrana artesana, bordados de oro y seda
Y junto a la pasión, el fervor artesano. Se ofrece en los mantos de las Vírgenes o de los personajes históricos en forma de bordados que a lo largo de la carrera se exhiben como auténticas joyas eruditas, urdidas con primor, en silencio, y en secreto. Las manos de las bordadoras lorquinas, sus labores de oro, seda y tejidos finos, son un bien cotizado cuyos resultados, en estandartes, capas y distintos ornatos, arrancan el aplauso espontáneo del público.
Detrás de las caballerías, de los grupos que desfilan a pie, de las carrozas y cuádrigas, de las filigranas que hacen unos y otros ante los miles de espectadores, llega el momento del auténtico éxtasis colectivo. El momento en que los tronos de la Virgen de los Dolores y de la Virgen de la Amargura pasean ante el pueblo. Lorca es un clamor, un ascua viva.
Cada cual aplaude a su imagen, pero el respeto hacia la del bando opuesto es tan formidable que no cabe más que pensar que allí, cada año, desde hace mucho tiempo, tiene lugar uno de los momentos más sublimes a los que nadie pueda someter sus sentidos.

Una larga historia
La Semana Santa de Lorca, se remonta al siglo XIX cuando la cofradía "de los Azules" decide salir en procesión con túnicas de rico terciopelo bordado en oro. La cofradía "de los Blancos" no podía rivalizar en este terreno, ya que sus ordenanzas determinaban que el uniforme debía ser de sencillo lienzo, por lo que optó por una innovación capaz de atraer la atención de los fieles. La innovación consistió en la escenificación de "La entrada de Jesús en Jerusalén", en la que intervinieron treinta personas.
Al año siguiente, los Azules representaron "la calle de la Amargura, compuesta por guardias pretorianos, el pueblo deicida armado con los instrumentos del martirio, Gestas y Dimas, y unos cuantos personajes más extraídos de los autos sacramentales todavía vigentes en los pueblos huertanos.
La rivalidad entre las cofradías se encargaría de poner la nota de suntuosidad en lo que hasta entonces había sido una sencilla sucesión de actos penitenciales. Los gustos de la época, se responsabilizaron de que la Semana Santa lorquina quedara integrada entre las tradiciones populares con un aire de esplendor operístico, probablemente muy ajeno a la atmósfera mantos de las imágenes, las capas de los jinetes, las vestimentas de todos y cada uno de los personajes y hasta los capirotes de los nazarenos son auténticos muestrarios de un arte delicadísimo y, al mismo tiempo, son la demostración de que la Semana Santa de Lorca es algo que va más allá de lo puramente teatral.

Para más información:
Oficina Municipal de Turismo de Lorca
Tel.: 968 441 914
Fax: 968 466 157
www.lorca.esultural que se respiraba cotidianamente en la ciudad. Entre unos y otros se fue formando una escuela de bordado que, sujeta a materiales tan preciosos como la seda, el oro y la plata, desarrollaría un repertorio de técnicas exquisitamente difíciles y de composiciones tan efectistas como las de la mejor pintura académica.
Comentarios:
Yo estuve el año pasado y éste repito. Estoy harto ya de Marbella... Me he vuelto más asceta.
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Pilar Carrizosa
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