(PL).- Cristina Fernández de Kirchner y su marido perdieron el pulso. Este viernes por la tarde, el Gobierno anunció la derogación del decreto que fijó un 'impuestazo' a las exportaciones de cereales, tras cuatro meses de protestas populares, el rechazo en el Parlamenteo —'traición' del vicepresidente incluida— y la defenestración del anterior ministro de Economía.
El anuncio fue realizado por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, después de la polémica desatada por el rechazo del Senado a esa medida, con el voto decisivo del vicepresidente, Julio Cobos.
La subida de impuestos a la exportación de granos fue decretada por el gobierno de Cristina Fernández en marzo pasado y desencadenó una ola de movilizaciones y protestas del sector agropecuario que provocó pérdidas millonarias y un severo desgaste a la presidenta.
Precisamente, la prensa bonaerense especula en sus ediciones del viernes con la presión que habría recibido la presidenta Cristina Fernández por parte de su entorno, especialmente de su marido, Néstor Kircher, para que renunciara a su cargo.
SATISFACCIÓN EN EL CAMPO
El campo reaccionó con satisfacción a la derogación, que retrotrae el impuesto a la soja al 35% y elimina las devoluciones tributarias para pequeños y medianos agricultores, que el Gobierno y la Cámara de Diputados habían introducido en los últimos meses para convencerlos. "Es una buena noticia", dijo el presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, que defiende los intereses de pequeños y medianos productores.
Si bien la reducción impositiva implicará la pérdida de 1.000 millones de euros para las arcas públicas, se pondrá en marcha la comercialización de granos, dado que la mitad de la cosecha permanecía almacenada a la espera de un cambio normativo. Las exportaciones de soja y sus derivados (harina y aceite) suponen un tercio del total de las de Argentina.
Pero no todo será primavera en el invierno argentino. Además del problema de una inflación de alrededor del 25%, subsiste la pelea política dentro del kirchnerismo. En la noche del jueves, Cristina Fernández habló por primera vez después de la derrota parlamentaria que provocó el voto de su vicepresidente.
"Nunca hemos traicionado [a nadie]", dijo la presidenta con relación al vicepresidente Cobo, que le acompañó en las listas electorales en octubre pasado después de haber abandonado la Unión Cívica radical.
También se refería a los senadores y diputados peronistas y aliados que votaron contra su iniciativa. "Algunos tal vez no hayan entendido a la gente allá por octubre. Alguna vez entenderán o, a lo mejor, algún día se darán cuenta", se envalentonó la jefa de Estado en un acto público en la ciudad de Resistencia (noreste de Argentina). Ayer, se reunió en Buenos Aires con su ministro de Economía, Carlos Fernández, para definir la derogación y, más tarde, con legisladores fieles para evaluar los pasos por seguir.
Cobos, que había aclarado el jueves que no planeaba renunciar a su cargo, le respondió ayer a Cristina Fernández: "El mensaje de octubre es bregar por un país con más institucionalidad, inclusión social, trabajo, generación de riqueza y distribución de la misma.
Por lo menos en mi caso, no me he salido de eso. Deseo que el Gobierno que encabeza la presidenta sea el mejor. Hay que acompañarla". De acuerdo con la Constitución argentina, el presidente no puede destituir al vicepresidente.
El número dos de la República sólo puede ser destituido en un juicio político del Poder Legislativo, con el voto de dos tercios de las cámaras de Diputados y Senadores. Pero los leales a Cristina Fernández y a Kirchner, presidente del peronismo, no son tantos, como quedó en evidencia en la discusión del impuesto a la soja.
Viernes, 5 de septiembre
Paul Monzón
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