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Magdalena Lasala, escritora

«En Al Andalus la tolerancia se asentada en el interés económico y político»

Por Vicente Torres
Miércoles, 17 de enero 2007
Magdalena Lasala conoce muy bien una interesante época de Al Andalus, lo que le ha permitido escribir varias obras basadas en las vidas de las más grandes figuras de nuestro pasado andalusí. Fue finalista del Premio Nacional Alfonso X el Sabio de novela histórica en su edición de 2002 y le fue otorgado el Premio Sabina de Plata del Club de Opinión Las Sabinas. Cultiva todos los géneros literarios y dispone de una web (magdalenalasala.com ), en la que se puede seguir su trayectoria. En su última novela publicada aborda la vida de Doña Jimena, mujer de gran talla personal, que permanece oculta en la historia, como otras mujeres de ese y de todos los tiempos. Desde la muerte de su esposo, El Cid Campeador, en 1099, hasta 1102, Doña Jimena logró defender la plaza de Valencia, lo que viene a demostrar su indudable valía.
Su poesía es, a mí me lo parece, embriagadora, llena de vida y de optimismo. En sus poemas habla mucho del amor y de la felicidad. ¿Qué le motiva a escribirlos?
La poesía es la expresión que entronca con lo más esencial del ser humano. Mi motivación parte de la necesidad de esa expresión. A veces la percibo como un magma volcánico que si no pudiera encauzar a través de la palabra podría estallar dentro de mí.
También cultiva el teatro y el ensayo, además de la novela. Supongo que se encuentra cómoda en todos los géneros y que no hay ninguno que no le proporcione satisfacciones, pero me aventuraré a afirmar que disfruta más con la poesía.
Es que la poesía es la palabra madre; de ella nacen las demás expresiones. La poesía es una actitud ante la literatura, ante la vida. Partiendo de esta postura, me puedo transportar a cualquier género sin cambiar la esencia con que abordo la palabra. Los géneros literarios son sólo soportes para la expresión. El mensaje elige también el soporte y por eso los formatos se adaptan a él, aunque el posicionamiento, el punto de partida, es el mismo: buscar esa esencia.
Especializada en la época dorada de Al Andalus, escribió las biografías noveladas de Almanzor, Abderramán III, Boabdil. ¿Qué le impulsó a escribir la de Doña Jimena en lugar de la del Cid?
No se había dicho nada de ella y a la vez, no había casi nada de ella, simplemente unas ideas vagas sobre lo que correspondía que fuese la esposa de un caballero legendario como El Cid. Si bien desde hace ya un tiempo se intenta recomponer la información acerca del Cid y su presencia real en la vida política y militar del reinado de Alfonso VI, Doña Jimena seguía esperando a la sombra de estas investigaciones, sólo reflejada en líneas anecdóticas, en la carta de arras, documentos firmados aquí o allá, pero que podían hacer intuir que Doña Jimena no era para nada esa mujer invisible que nos había llegado a través del arquetipo en la que se enmarcó su existencia, y de la que sí había mucho que decir.
Aunque ya es ampliamente sabido, no estaría de más, dado su conocimiento de la época, que explicara como era la convivencia de moros, judíos y cristianos.
Hablar de la Edad Media en España supone situarnos en un contexto muy concreto, en el que la diversidad cultural fue un hecho insoslayable pero que sobre todo, constituyó en su momento una realidad distinta a la del resto de Europa. En España y desde el año 711, la extensión del poder musulmán dio origen al estado hispano-musulmán de Al Andalus marcó una preponderancia de la religión islámica sobre un territorio hispano-visigodo desmembrado que ya tenía habitantes cristianos y judíos desde antes y que todavía conservaba creencias del período romano; un territorio que pasó en su mayor parte a profesar la religión musulmana por conveniencia, y a mezclarse con el componente autóctono árabe y musulmán que llegaba del exterior. Al Andalus, el estado hispano-musulmán, poder dominante en la península ibérica desde el siglo VIII y hasta el XI, abarcaba la mayor parte de la península, mientras que el territorio hispano-cristiano, sin un poder centralizado y además dividido por las guerras entre los reyes cristianos, ocupaba la cornisa del norte a partir de la frontera natural del río Duero. Al Andalus, fue un particular mosaico de tres piezas ensambladas, tal como la vieron algunos viajeros de la época, una misma cultura con tres credos distintos, donde la tolerancia partía de una convivencia asentada en el mutuo interés económico y político de la supervivencia. Esta situación se mantuvo hasta el reinado de Alfonso VI, -aunque entonces ya vemos cómo el poder político andalusí se iba perdiendo a la vez que lo ganaba el emergente estado cristiano-, y durará hasta la invasión de Al Andalus por los almorávides (integristas islámicos) al final del siglo XI, que coincide con el inicio de las cruzadas y la entrada del cristianismo intolerante europeo en los reinos hispánicos del norte.
Aunque las mujeres estaban en un segundo plano, parece evidente que su importancia era mucha. Sancho era consciente de que si Urraca le hubiera apoyado a él en lugar de aAlfonso, hubiera tenido las cosas mucho más fáciles.
Doña Urraca, la hermana de Alfonso VI, fue la verdadera luz de la primera parte del reinado de este monarca, pero la historia la silencia por todo el aspecto oscuro que envolvió la relación entre ambos. En referencia al mundo femenino, sucede que existe muy mala información de cómo era el mundo de la mujer en la alta edad media española. La existencia de documentación escrita es muy escasa porque apenas se sabía leer y escribir, aspectos que quedaban sólo en manos de los poderosos y ricos. A partir del final del siglo XII, la imagen de la mujer se tiene que adaptar a unas premisas que tienen que cumplimentar las pautas del héroe, o lo que es lo mismo, a la sumisión, y quedar en la parte oscura de lo masculino, y es esa imagen la que predomina en los documentos ya escritos que heredamos en relación a ella.
Doña Urraca desempeñó un papel decisivo en las disputas entre hermanos. ¿Cómo hubiera podido ser la historia si ella hubiera sido reina?
Eso no puede saberse, sólo puede elaborarse una deducción fantástica o fantaseo sobre esa posibilidad, por otra parte, en su contexto, remota.
Parece ser que Vellido Dolfosmató a Sancho por amor a Urraca. ¿Cómo es posible que alguien capaz de ofrecer su vida por una causa, sea al mismo tiempo capaz de matar a traición?
Estamos tomando ahí la hipótesis histórica más comúnmente aceptada sobre la circunstancia que pudo envolver la muerte del rey castellano. En el otro orden de cosas, la condición humana es capaz, como ya sabemos, de todas las contradicciones y paradojas posibles.
Se ha dicho que el Cid no fue más que un “robagallinas”. ¿Qué opina usted de este aserto?
El calificativo me parece impropio e innecesario. Rodrigo Díaz era un profesional de la guerra a quien hay que situar en su contexto. No era ese caballero de cartón piedra que nos retrata Menéndez Pidal, ni el héroe del cantar de gesta que relata hechos inexistentes, ni el mercenario sin escrúpulos con el que algunos le identifican hoy en día. Era, repito, un profesional de la guerra, en un momento en el que la guerra consistía en la mera conquista de la tierra, el poder sobre un territorio. Los acontecimientos y los personajes que los protagonizaron hay que contextualizarlos, de lo contrario se cae en errores que no nos ayudan para extraer las enseñanzas que puede aportarnos la Historia. Rodrigo Díaz era un caudillo cotizado porque era un gran estratega con ejército propio, que él mismo mantenía, y elegía el señor a quien servir. Tenía claro que le debía lealtad a Alfonso VI; también tenía muy claros sus intereses y sus objetivos, sabía también lo que no iba a poder conseguir, y con esos mimbres jugó las bazas que pudo, igual que Alfonso. Rodrigo Díaz miró cara a cara al rey Alfonso ?también una persona con mucho carácter-; tuvo luces y sombras en la relación con él, pero ambos obtuvieron beneficios el uno del otro.
El Cid tenía una posición predominante con Sancho, que perdió al acceder Alfonso al trono. Decidió no tratar de recuperar lo perdido. ¿Entendió Doña Jimena esa digna actitud?
Doña Jimena fue una mujer culta, que llevó las riendas de su hogar y que en las prolongadas ausencias de su esposo El Cid administró las posesiones y la fortuna particular del matrimonio, pues eran magnates de la época, eran ricos.. Educada como era habitual en una muchacha de su linaje, fue consciente de que su unión con Rodrigo Díaz suponía la consolidación de la política de unificación de los territorios del rey Alfonso: Rodrigo, de origen castellano y Jimena, de origen astur-leonés, serían símbolo del nuevo reinado de Alfonso. Doña Jimena vivió en primera persona uno de los momentos más intensos e importantes de la Historia de España: testigo de la política de su tío el rey Alfonso VI con los reyes musulmanes de las taifas, fue intermediaria en la conflictiva relación de la corte castellana con su esposo Rodrigo Díaz El Cid.
El Cid tuvo que soportar las intrigas y las envidias de muchos cortesanos. La ayuda que recibió de Doña Jimena en este caso fue esencial. ¿Hubiera podido enfrentarlas él solo?
Rodrigo Díaz sabe muy bien con quién se había casado. Doña Jimena pertenecía a un linaje regio pues era biznieta del Rey Alfonso V y sobrina segunda del Rey Alfonso VI. Ella podrá ser intermediaria entre él y Alfonso VI y sus nobles, pues Rodrigo no es de la clase de cortesanos que rodean al monarca pensando solamente en sus propios intereses.
Tras la muerte de su esposo, Doña Jimena logró defender la plaza de Valencia durante algún tiempo. ¿Cree usted que se ha valorado suficientemente esta proeza?
Doña Jimena colabora con Rodrigo en todo: tiene un proyecto común con su esposo y le ayuda a conseguir sus objetivos. En 1095 Doña Jimena se traslada a Valencia con sus dos hijas, acudiendo a la llamada del Cid, junto al que regirá la vida civil de la ciudad. A la muerte de su esposo en 1099, Doña Jimena pasa a gobernar el reino de Valencia (adscrito a la corona de Alfonso VI) que El Cid había conseguido conquistar a los almorávides. La mitificación del Cid Campeador ha actuado sobre el conocimiento de la historia de nuestro siglo XI como una inmensa pantalla que deslumbró nuestros ojos, relegando a la sombra a los otros grandes personajes coetáneos de Rodrigo Díaz, como la propia Doña Jimena y como Alfonso VI, uno de los monarcas más importantes e insólitos que ha tenido la tierra hispana, pero también relegó a la sombra la propia época histórica en la que vivió, un siglo XI definitivo y crucial para la historia de España. Es el desconocimiento una de las cosas que nos impiden valorar adecuadamente las cosas.
Tuvo que ser emocionante el momento en que Doña Jimena manifestó su decisión de defender la ciudad y fue aclamada por todos. Instantes antes había tenido que dominar al caballo del Cid, en el que iba montada que, nervioso, se había encabritado. Igual que el Cid ha sido modelo para tanta gente, también merecería serlo ella. ¿Es normal que haya pasado tan, relativamente, inadvertida?
Doña Jimena nos llegó a través de el arquetipo de ?esposa del héroe? que nos relata el Poema de Mío Cid, el cantar de gesta transmitido oralmente en sus inicios, y que sirvió de modelo no sólo para los valores que encarnaba el Cid, sino también para los aplicados a ella. Las mujeres que se reflejan en el Poema de Mío Cid son prototipos femeninos típicos de la idea medieval sobre lo femenino que se tenía en la época: se daba por sentada la inferioridad de la mujer, pues la sociedad medieval fue arrolladoramente masculina y misógina, relegando a lo femenino a la parte oscura de todos los aspectos de la vida. No hemos de olvidar que los arquetipos son personificación de valores morales, y se crean modelos con esa intención: la de fomentar ciertas pautas de conducta y favorecer ciertas formas de ser. La mujer sobre todo en la Baja Edad Media, está obligada a saberse como un complemento del hombre, a su servicio y bajo su mando. Esa idea es la que ha perdurado hasta hoy, no sólo sobre Doña Jimena, sino en general, también en relación a los valores femeninos familiares. De ahí que Doña Jimena sea, en efecto, la gran desconocida en la historia del Cid.

    Biografía

  • Finalista del Premio Nacional Alfonso X el Sabio de novela histórica en su edición de 2002.
  • Premio Sabina de Plata del Club de Opinión Las Sabinas.
  • En su última novela publicada aborda la vida de Doña Jimena.
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