Esta es mi historia.
Nací el 13 de julio de 1961 en Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial. La cuarta de nueve hermanos (seis chicas, dos chicos y un tercero adoptado), mi padre murió cuando yo tenía seis años.
Era agricultor y mi madre apenas podía mantenernos, por lo que a los 15 años tuve que dejar el colegio y ponerme a trabajar como chacha.
Estuve de asistenta interna hasta los 17 años, en que me fui a vivir por mi cuenta, aunque seguía trabajando como asistenta en varias casas.
A lo 19 años decidí irme a vivir a España. Malabo es una ciudad pequeña, de menos de cuarenta mil habitantes (todo Guinea apenas llega al medio millón). Conocía a un alto cargo del gobierno porque frecuentaba el bar de una amiga mía. Le pedi que me ayudara con los papeles y él gestionó el visado.
Así que cogí un avión y aterricé en Madrid. Me esperaba una tía mía, hermana de mi madre, que me matriculó en una academia de peluquería. Su situación económica no era buena así que me puse a trabajar de interna.
Primero en Madrid, pero luego, a través de una empresa de trabajo temporal, fui encontrando mejores oportunidades. En los años siguientes, tuve oportunidad de trabajar en Barcelona, en el Puerto de Santa María, en Alicante, hasta regresar finalmente a Madrid.
Fue cuando conocí a Noah, también de Malabo. Disfrutaba de una beca gracias a la cual estudiaba música en el conservatorio. Yo tenía 22 años y él 27. "Noah" significa "serpiente" en Bubi, el dialecto de mi etnia. Y el nombre le iba bien, porque se relacionaba como un encantador de serpientes. No muy alto, era delgado y de pelo corto y resultaba muy atractivo a las mujeres. Empezamos una relación.
Durante un viaje a Valencia, vimos un local fantástico y decidimos montar una pequeña cafetería. Nos gustó la experiencia, así que traspasamos el negocio y volvimos a Madrid. Cogimos un local para montar una discoteca de salsa en la calle San Felipe.
Entre tanto, Noah seguía su carrera musical. Grabó varios discos con Kilimanjaro Producciones, una empresa que montado Noah y yo. Sólo para los discos de Noah. Yo hacía de representante artística.
Nuestra situación económica mejoró mucho. La discoteca de salsa iba bien, la productora no tanto (apenas vendíamos discos de Noah). Abrimos un pequeño restaurante de comida tropical en la calle Fuencarral. Poco después, también inauguramos un asador de pollos en Vicente Ferrer.
Incluso una pequeña discoteca en Alicante. Noah se encargaba de todos los temas de empresa y yo de controlar el día a día de los negocios, aunque estaba más dedicada a la discoteca, donde hacía desde camarera a pinchadiscos.
También, siempre que tenía ocasión, me encargaba de promocionar a Noah como músico a través de Kilimanjaro Producciones. Un día, en 1989, quedé en Antena 3 Radio con Emiliano Alaiz, el encargado del tema musical, para entregarle unos discos de promoción de Noah. Estaba en la sala de espera pendiente de que me recibiera, cuando entró en la habitación un hombre. A los pocos segundos se dirigió a mí.
--Hola, qué tal. ¿Cómo te llamas?
--Emma --respondí yo.
--¿Sabes quién soy?
--No... no sé quien eres
--¿No me has visto en la televisión?
--Pues.... no.
--Vengo a una entrevista....
--Ah... ¿Y cómo te llamas?
Me dijo su nombre.
Cap. II: Nuestro primer, e insatisfactorio, encuentro