(PD / Redacción).- La obsesión por la muerte ha marcado la existencia de este genio del cambio de siglo. Y su cien. El realizador abandona su amada Gran Manzana para rodar en España. Un sueño hecho realidad.
Soy lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para triunfar por mí mismo”. Así de claro lo tiene Woody Allen. Así lo recuerda Belén Lorenzana en Época.
Su reconocible sentido del humor y su característica capacidad autocrítica le han llevado a ser padre del personaje cinematográfico de mayor trayectoria en la historia del cine: él mismo.
Su neurosis y obsesión por la muerte, las películas de Bergman, el sexo, la religión, los judíos y el exterminio nazi, el psicoanálisis, los agentes de seguros o lo sobrenatural se repiten una y otra vez, sin que a su público fiel -que lo es y mucho- le importe.
Y es que los filmes de Allen son, pese a quien le pese, pequeñas radiografías autobiográficas
de un genio del cambio de siglo al que le duele el mundo -parece que el protagonista
de Desmontando a Harry (1997) es el que más habló por él-, pero, sobre todo, evitan insultar
la inteligencia del espectador, que disfruta con su esperadísima entrega anual.
La próxima, El sueño de Cassandra, rodada en Londres el pasado verano con Collin Farell y Ewan McGregor, se estrenará en España el 26 de octubre. Para el preestreno mundial, antes de su presentación oficial en el Festival de Cine de Venecia, el cineasta ha escogido la ciudad asturiana de Avilés, sede de la escuela de cine de autor de la Fundación Niemeyer, de cuyo consejo asesor es miembro.
Es cierto que mucho se puede conocer de Woody Allen a través de sus películas -su relación
con la actriz Diane Keaton, por ejemplo, la contó en Annie Hall (1977)-, aunque también lo es el que suele llegar al límite y “los personajes que creo para mí tienden a ser exagerados para resultar graciosos”, diría el cineasta.
Se han malinterpretado en muchas ocasiones, por ejemplo, sus innumerables referencias a la infancia -“Mis padres no solían pegarme; lo hicieron sólo en una ocasión.
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El sr. Allen como muchos de los artistas cinematograficos en general aprovechan el tiron de sus obras en otros paises de tercer orden cuando les llega en el suyo el ocaso y lo unico que les interesa es ganar dinero. Aprovechando el provincianismo de esos paises menores se dejan utilizar de una manera indigna, aupando, por ejemplo, a actores de su misma linea politica,con la ayuda economica de algunos desaprensivos politicos de ciertas autonomias, gastando el dinero a espuertas de todos los españoles.
Viernes, 17 de febrero
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Antonio Pérez Henares
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
Casimiro López González
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Mercedes Guiot| Febrero 2012 | ||||||
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