Enrique de Diego (Periodista Digital)-. Algunos seguidores de Pedrojota, tanto en su diario como en la radio confesional donde predica, han interiorizado cosas terribles. Dicen en los cenáculos, por las umbrosas calles, cosas bien curiosas.
Unos afirman que la conspiración es obra de Alfredo Pérez Rubalcaba, otros que de Rafael Vera y el clan del GAL, (porque se reunieron en los días de infamia de visita a Rodríguez Galindo), e incluso algunos buscan nombres de diputados socialistas de Asturias, próximos a Zapatero, como ideólogos de la masacre.
Como el periódico ultraprogre, si bien vergonzante, El Mundo lo leo, entre semana, por obligación profesional, y en cuanto a radio, no oigo ni mi programa ‘El país de las maravillas’, desconozco hasta qué punto se ha dado pábulo a tan desquiciadas y nauseaubundas elucubraciones. Lo curioso y lo grave es que se dicen.
No me extraña que algunos están que bramen y lo único raro es que Pedrojota, inquieto por sus cifras de venta, a lo que se ve, no haya tenido la decencia profesional de retornar a la cordura y pedir disculpas por las infumables entradillas a la entrevista de Suárez Trashorras o por su abyecto artículo solicitando a los lectores si veían entre Suárez Trashorras y Dreyfuss -¡nada menos que Dreyfuss!- alguna similitud.
A fuerza de que a uno no le lleven nunca la contraria, se cae en estas inmundas ridiculeces.
COMPLEJO DE INFERIORIDAD
Para mi compulsivo interés por el análisis, lo curioso es descubrir un inmenso e insonsable complejo de inferioridad en una parte de la derecha pastueña. Porque el dogma máximo de la teoría conspiracional –como corresponde a toda teoría de tal tipo- es que nunca se descubrirá, salvo en la parusía, dada su impronta holística.
Condenados, pues a la ignorancia los devotos, sólo les queda el curioso efecto perverso mental de asumir que sus adversarios políticos son tan inteligentes –y tan malos, eso sí- que han sido capaces de urdir una tremenda conspiración en la que asesinaron a 192 compatriotas. Además tuvieron los santos ...., de, entre el 11 de marzo y el 3 de abril (cuando la ‘farsa’ de Leganés), de borrar todas las huellas, dejando in albis a los seguidores de Pedrojota hasta que éste les desvele de una vez, más pronto que tarde, el GAL 2 que les tiene prometido y que anunció el año pasado cuando declaro en Son Servera que “cada vez son más los indicios de que el 11 de marzo se urdió en los cuerpos de seguridad”. Manda huevos, que diría Federico Trillo.
Rubalcaba ha sido elevado en el imaginario de esta pesudoderecha lasciva y ramplona a la categoría de gran satán. No me gusta nada el personaje. Nunca le perdonaré su abusiva violación de la jornada de reflexión, bien que le dio pie un ingenuo, hasta la saciedad, Mariano Rajoy.
Pero, por supuesto, no le considero, ni mucho menos, capaz de cometer asesinato, ni tan inteligente como se predica en las sombrías catacumbas de quienes se creen a pies juntillas, como estrictos dogmas, lo que se aventura desde las ondas de una radio confesional y lo que se publica en un diario que se pretendía serio y de referencia.
Por ejemplo, la esotérica hipótesis de Luis del Pino, publicitada como versión oficial de Libertaddigital, la COPE y El Mundo de que los islamistas ya estaban muertos –asesinados por los ignotos policías de la conspiración- cuando los geos iniciaron el asalto, deja en pésimo lugar al Ministerio de Interior de la época, desde Ángel Acebes al último mono de la compañía, pasando por Agustín Díaz de Mera, que fue quien dio la orden y que no ha tenido la decencia, todo sea dicho de paso, de poner los puntos sobre los íes a la indocumentada diputada Alicia Castro cuando ¡en pregunta parlamentaria! ha escrito “presuntamente suicidados”.
“POBRECITOS MUSULMANES”
Manda, pero que manda huevos. Ni un profesional como la copa de un pino como Jesús de la Morena, comisario general de Información entonces, ni Pedro Díaz Pintado, subdirector general operativo, ni Ignacio Astarloa, secretario de Estado, ni media Policía Nacional que allí se dio cita, con el jefe de los geos, y los doce de la unidad de élite que participaron en el asalto fueron capaces de apercibirse de que todo era una farsa y de que los pobrecitos musulmanes –chivos expiatorios- estaban ya tiesos.
Hemos de suponer que cuando Torrontera conminó a rendirse a los suicidas y estos respondieron, era porque dentro del piso había una cinta grabada que, los de la conspiración ignota, hicieron después desaparecer.
En suma, y como elemento descorazonador, resulta que después de estar, una hora sí y otra también con lo de ‘maricomplejines’, hete aquí que una parte de la derecha vive instalada en supinos complejos y que algunos en vez de promover ciudadanos críticos e ilustrados han ido generando hooligans con un complejo de inferioridad abrumador, sin parangón. Pensaba que había mucho por regenerar, pero, la verdad, una parte de la derecha social parece haber quedado inservible.
Algunos de los que dicen querer saber la verdad hace tiempo establecieron conclusiones sin atender a premisas, ni mucho menos pruebas. “La mentira domina el mundo”, decía el maestro Jean Françcois Revel. Y debe ser combatida, venga de donde venga, aunque se revista de los oropeles de la derecha.
Lunes, 23 de noviembre
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