Periodismo

Suárez Trashorras no es una víctima de nada ni de nadie

12.09.06 | 14:08. Archivado en Personajes, Periodistas, Prensa papel, El Mundo

Enrique de Diego -. (Época/Periodista Digital) Parece haber algún interés en conocer mi opinión –así me lo transmite Periodista Digital- sobre la entrevista José Emilio Suárez Trashorras, por si mi crítica, mi recelo y mi repulsa hacia la teoría conspiracional hubieran sufrido algún quebranto. Lejos de ello, muy al contrario, he visto reafirmadas mis sombrías sospechas de que algunos están convirtiendo en dogmas estrictas suposiciones sin pies ni cabeza.

A cuantos han trabajado conmigo les he dicho que una noticia, cuando afecta a la verdad, basta que vaya a media columna en página par para que cause un impacto imparable. Como ejemplo a la inversa, la desmesura tipográfica concedida a las declaraciones del imputado por haber presuntamente suministrado los explosivos al grupo de islamistas que perpetró la masacre del 11 M es, en sí misma, un ejercicio de banalidad.

Pasados unos pocos días, lo que algunos situaban como un antes y un después, no ha causado efecto ninguno y ni el medio de referencia del esotérico dogma conspiracional ha podido darle la más mínima continuidad. Desde ese punto de vista, no merecería más comentario.

Con todo, voy a romper el tiempo de prudente expectativa que me había señalado, en aras a la clarificación de mi postura.

Suárez Trashorras no es una víctima. La utilización de ese concepto con honores de titulares de portada me parece una grosera inmoralidad. El auto del juez Juan del Olmo señala que

Respecto a José Emilio Suárez Trashorras se ha acreditado que resulta ser el generador de la trama organizativa y humana que presuntamente facilitó la recepción de las sustancias explosivas y detonadores por parte de la célula terrorista islamista.

Está imputado en el caso Pipol, por tráfico de drogas y se le piden 17 años. Nadie parece negar que, sin oficio ni beneficio, se ganaba la vida con el narcotráfico. Ha sido acusado por tres colaboradores –el Gitanillo, Iván Reis Palicio y Sergio Álvarez Sánchez- y dos confidentes Rafa Zouhier y Lavandera- de ser el suministrador de los explosivos.

Y él mismo dijo ante el juez que había visto los explosivos en el vehículo de su amigo Mowgli –le llegó a dejar unas botas, presuntamente para que fuera a recoger los explosivos. Los informes tanto de la Policía como de la Guardia Civil le incriminan. La consideración de víctima resulta cuanto menos obscena y ofensiva.

SOSPECHAS DESDE EL 12 - M

En la entrevista, de hecho, el propio Suárez Trashorras hace afirmaciones que resultan sospechosas e igualmente podrían incriminarle. Así dice que “mis sospechas de que Mowgli tenía algo que ver con el 11-M comenzaron en la noche del 12 de marzo”. La razón aducida es que se hablaba en la Cadena Ser de un terrorista suicida y

Yo había recibido, a primeros de marzo, una extraña llamada de Mowgli desde Ibiza, en la que me decía que si no nos veíamos en este mundo, nos veríamos en el cielo.

Esto parece indicar que, en efecto, Suárez Trashorras era consciente de la militancia islamista y del fanatismo de El Chino, al que en otro apartado de la entrevista, sin embargo, y en una de las numerosas contradicciones, señala como alguien que no daba el tipo de un integrista. ¿Cómo se le ocurrió entonces pensar que era el suicida?

En el terreno de los hechos, la entrevista –a pesar de su extensión- no da más de sí. Salvo el desmentido, al que concede mucha importancia, de que a su boda asistieran invitados algunos de los integristas. Poca cosa.

Hay numerosas imputaciones a Manuel García Rodríguez, Manolón, el jefe de estupefacientes de la comisaría de Avilés, mas ninguna se sostiene en pruebas, documentos o aporta ni tan siquiera testigos que corroboren su versión.

Al margen de que las contradicciones en las que cae son muy numerosas. Por ejemplo, que se ofreció a ir de lanzadera por delante de El Chino y que Manolón estaba informado de que transportaba “sustancias ilícitas”. Pero cuando se le pregunta si cree que Mowgli se llevó explosivos de Asturias, afirma:

Lo desconozco sinceramente. No tengo información ni en un sentido ni en otro.

También indica que

El día 17 de marzo e incluso antes me ofrecía para montar un operativo para localizar a Jamal Ahmidan y detenerlo. No se quiso hacer.

Pero antes se ha establecido que desde el día 5, El Chino no se ponía al teléfono.

Desde el 5 de marzo, los teléfonos de Mowgli estaban todos apagados. Yo sabía además que a Rafa Zouhier, Rachid Aglif y Mowgli les había explotado un detonador mientras lo probaban.

O que recibió órdenes de Manolón para entablar negociaciones para la venta de explosivos, aunque él no los ha tenido nunca (el sumario de la operación Pipol parece indicar lo contrario).

Según el Suárez Trashorras que se desdice de lo declarado ante el juez, “fue más tarde cuanto introdujeron a Mowgli en la versión que querían que yo diera” y “el día que más me presionaron para que inculpara a Mowgli fue el 23 de marzo de 2004”. Pero si ya ha dicho que sus sospechas fueron muy fuertes el día 12, cuando no había hablado con policía alguno. No parece que fuera preciso obligarle mucho.

Desconcertante resulta la explicación de por qué no pudo colaborar con los terroristas, pues él no es islamista, no coincide en su religión y, además, vota al PP. Es sabido que el móvil habitual de Suárez Trashorras es el económico.

TEORÍAS VARIAS, DIVERSAS Y CONTRADICTORIAS

En lo que se muestra prolijo y confuso Suárez Trashorras es en explayarse en interpretaciones. Puede decirse que sienta cátedra de ideólogo de la teoría conspiracional o, al menos, de alumno aventajado. Lo que sucede es que sus teorías son varias, diversas y contradictorias (en eso se parece a sus maestros y apuntadores):

a) “Soy una víctima de un golpe de Estado que se ha tratado de encubrir detrás de las responsabilidades de un grupo de musulmanes y de los confidentes cuando estaba todo perfectamente controlado por los Cuerpos de Seguridad”.

Teoría conspiracional máxima. Eso no es que lo firme Luis del Pino, es que lo ha escrito antes, aunque los dos sin pruebas, sin nombres, sin ni tan siquiera siglas o la más mínima pista.

b) “El atentado del 11 M no ha sido más que una operación policial que se descontroló y se les fue de las manos a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Ésta es la única explicación coherente, a no ser que existan complicidades ocultas, al igual que ocurrió con el GAL”.

Entre el golpe de Estado –que exige planificación- y la operación policial descontrolada hay una notable diferencia, un abismo, incluso en el plano que se mueve Suárez Trashorras –para el que se piden tres mil años de cárcel- de las estrictas suposiciones.

c) “No pongo en duda que los autores materiales fueran musulmanes, pero seguro que recibieron ayuda externa. Es imposible que se lleve a cabo una operación de esta envergadura estando todos, absolutamente todos, controlados por el CNI, UDYCO, UCO, UCIE, por las comandancias de la Guardia Civil de Gijón y Oviedo y por la Comisaría de Avilés. Es imposible que los autores actuaran sin el beneplácito de las Fuerzas de Seguridad, teniendo como tenían seguimientos telefónicos y personales, y a confidentes infiltrados”.

Una versión muy distinta a las dos anteriores. Aquí hay islamistas en primer plano, nada de cortina de humo. No hay golpe de Estado planificado, ni operación policial que se va de las manos, sino suposición de negligencia generalizada.

“Y ahora nos quieren responsabilizar a los confidentes de su negligencia, incompetencia o complicidad”.

Para abrirse la entrevista con algo tan rotundo y unívoco como “golpe de Estado encubierto”, el abanico de posibilidades es, después, muy amplio. No es lo mismo negligencia que incompetencia ni mucho menos que complicidad.

d) “Desde el primer momento en que comenzaron las conversaciones con los agentes de Madrid y del Centro Nacional de Inteligencia, cuando me llamaron a Comisaría el 17 de marzo de 2004, les comuniqué que Mowgli tenía contactos con ETA y que me había dicho en una ocasión que uno de los etarras que luego resultaron detenidos en Cañaveras era amigo suyo. Los agentes de la Policía y del CNI tomaron nota de ello, aunque ya me hicieron expresa mención a que a ellos les interesaba implicar a los moros y dejar a ETA aparte, alegando el momento político que se estaba viviendo en España”.

Esta parte sí me parece verosímil. Que hubiera contactos con ETA en origen entra dentro de lo lógico, que sus fines eran coincidentes, es obvio. Eso explicaría las coincidencias cronológicas entre la caravana de la muerte de ETA y la de los islamistas y ese dato inquietante del robo de un coche en Avilés por parte de ETA, en la calle donde Suárez Trashorras tiene un local.

No es descartable, aunque carecemos de pruebas fehacientes, que ETA pudiera sugerir a los islamistas la existencia de un mercado negro de explosivos en Asturias y posibles proveedores.

Para los más fervorosos e histéricos –pues con facilidad recurren al insulto personal, de lo que darán muestra a renglón seguido- partidarios de la teoría conspiracional, que relean a sus gurús de referencia para caer en la cuenta de que ellos descartan la participación de ETA, para referirse a una esotérica conjura de los cuerpos policiales, sin aportar nunca nombres, fechas de reuniones, ni tan siquiera organismos implicados.


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