Periodismo

Rupert Murdoch: toda la comunicación está en sus manos

22.06.06 | 18:39. Archivado en Personajes
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(PD).- "Soy un catalizador del cambio. No se puede ser un outsider y haber tenido éxito durante más de 30 años sin dejar una cierta cantidad de cicatrices en los sitios". Todo Murdoch está compendiado en esta frase.

Desde que, en 1952, empezó sus andaduras en el universo mediático, su trayectoria ha sido una permanente escalada hasta convertirse en el magnate más poderoso de los últimos tiempos, el Ciudadano Kane de la era tecnológica, el hombre capaz de regular la estrategia de los Gobiernos de Tony Blair y de George W. Bush. Éste es el perfil que hace de él la revista Época.

Por si quedaban algunas dudas, éstas se esclarecieron el pasado otoño, cuando Lance Price, antiguo integrante del primer círculo de asesores de Blair, reveló en un libro que el actual inquilino de Downing Street no modificaría la política europea de Gran Bretaña sin antes consultar con el euroescéptico Murdoch.

¿Podría haber aguantado Bush una guerra y tres años de presencia en Irak sin el apoyo constante de la cadena Fox News? Sin embargo, antes de alcanzar semejantes cuotas de influencia, Keith Rupert Murdoch (Melbourne, Australia, 11 de marzo de 1931) tuvo que volver a empezar casi desde cero, pues los impuestos de sucesión redujeron el entramado mediático montado por su padre, Sir Keith, a la propiedad de un diario local, The Adelaide News, que acabaría dando nombre nada menos que a su imperio, la News Corporation.

Ni corto ni perezoso, el joven Rupert -a quien su progenitor consideraba incapaz de regentar su legado- logró, en algo más de una década, convertirse en uno de los editores más dinámicos de Australia. Poco tardó en adquirir el vespertino de Sydney The Daily Mirror y una pequeña compañía de discos, The Festival Records.

Su primer gran golpe de audacia tuvo lugar con el lanzamiento de The Australian, primer periódico del país de tirada nacional. A partir de entonces, su voracidad no ha conocido límites. El método: reducir costes y aumentar beneficios allá donde sea necesario, sin contem- placiones, ni paternalismo ni fibra social.

Que se lo pregunten a los jerifaltes de los sindicatos británicos de la edición, que mantenían un férreo control sobre el proceso de sus periódicos británicos. Su retahíla de privilegios inamovibles acabó en 1986, cuando Murdoch se hartó y mudó la sede social de la News Internacional London al East End. Hubo incluso batallas campales nocturnas, pero los sindicatos acabaron rindiéndose.

De esa manera, inició una revolución tecnológica en el periodismo británico que culminó el año pasado, cuando la agencia Reuters se marchó de la mítica Fleet Street. Ya había hecho sus primeros pinitos empresariales en Gran Bretaña en los años cincuenta vendiendo publicidad a una publicación de Oxford, donde estudiaba.

Pero no desembarcó realmente en las islas hasta 1969, con la compra del tabloide News of The World, hoy suplemento dominical de The Sun. Ambas cabeceras permiten a Murdoch navegar sobre el estiércol y sembrar el campo de minas abyectas, gracias a su culto al erotismo basto y su capacidad para destruir reputaciones.

La familia real británica y sus vicisitudes son un blanco favorito de ambos periódicos; no hay que olvidar que uno de los anhelos de Murdoch es la instauración de la república en Australia.

Pues a disparar por debajo del cinturón hasta que sea necesario. Que el Partido Liberal se opone a la Guerra en Irak, pues a desvelar la homosexualidad de uno de sus portavoces, Mark Oaten. Qué más da, mientras el tabloide facture algo así como un millón y medio de euros a la semana. Dicho esto, no hay que distanciarse de las élites ni del relumbrón social, y qué mejor para ello que comprar The Times, el sanctasanctórum de la prensa británica. Cosa que hizo en 1981, entre la hostilidad de los más tradicionales, que acabaron fundando The Independent. Pero como si nada.

Sin embargo, el canal de pago Sky fue deficitario durantemuchos años y subsistió gracias a inyecciones de dinero procedentes de las otras compañías del grupo hasta que Murdoch logró hacerse con su principal competidora, BSB.

Hoy, el canal resultante de la fusión, BSkyB, es líder de su sector. Otra vez Murdoch en estado puro: no cejar hasta eliminar al enemigo. Estados Unidos es otro pilar, si no el principal, del imperio del magnate. Allí puso su pica en 1973 con la compra del San Antonio News, a los que se fueron añadiendo, entre otros, el Nacional Star y el New York Post o el muy beligerante Weekly Standard, que en los últimos años ha jugado un papel decisivo en la difusión del pensamiento neocon.

Todavía quedaba por superar un escollo: adquirir la nacionalidad estadounidense para poder gestionar televisiones en ese país, algo que se hizo realidad en 1985. Tras ganar otro pulso a la poderosa Comisión Federal de Comunicaciones, Murdoch ha hecho de la Fox News Channel una temible agitadora de ideas a favor de la Casa Blanca que ha logrado en menos de una década erosionar el liderazgo de la CNN. Hasta el punto de autoproclamarse “primer canal informativo por cable”.

Su más reciente aventura al otro lado del Atlántico es el lanzamiento de la edición norteamericana de The Times, con una tirada inicial de 30.000 ejemplares. Una cifra casi ridícula, pero suficiente para hacerse con las élites de la Costa Este; luego, ya habrá tiempo de aumentar el negocio.

Sus tentáculos se extienden igualmente al mundo de la edición con la Harper & Collin, fruto de una fusión entre la estadounidense Harper y la escocesa Collins.

Ha sido protagonista de una anécdota que revela perfectamente el modus operandi de Murdoch en la aldea global. El último gobernador británico de Hong Kong, Chris Patten, pactó con la Harper unas memorias sobre sus años en el archipiélago pero, al mostrarse críticas con el Gobierno chino, tuvo que publicarlas en otro lugar: Murdoch estaba en plena penetración delmercado de aquel país.Osea, que censuró el libro de un político inglés en una editorial con sede en Nueva York para que no peligraran sus negocios en China. Porque, como no podía ser menos, la política ocupa un lugar central en la trayectoria de Murdoch. Y es ahí donde sus contradicciones afloran de manera nítida.

Tras un breve idilio con los laboristas, en Australia lleva más de 30 años apoyando a los conservadores, aunque algunos atribuyen la negativa de John Howard a cambiar la ley que restringe la concentración de medios a la decisión de Murdoch de trasladar la sede de la News Corporation a Estados Unidos.

Allí, su apoyo incondicional a Bush no ha sido óbice para que el mes pasado participara en una colecta de fondos a favor de la candidatura de Hillary Clinton. ¿Habrá olfateado el final de los republicanos? Porque intuición política no le falta.

En Gran Bretaña, tras hundir -a través de The Sun- al laborista Kinnock en 1992 cuando estaba a punto de ganar, lleva tres elecciones generales pidiendo el voto para Blair. ¿Hasta cuándo? Rupert Murdoch se ha adaptado a los vientos como pocos y ha sabido detectar antes que muchos los beneficios que podría reportar la globalización a la comunicación, pero sus métodos y sus cambios de bando le han granjeado numerosos enemigos.

Incluso dentro de su propia familia, pues su ex mujer Anna no está dispuesta a modificar los estatutos de la News para favorecer a los hijos que Rupert ha tenido con su actual esposa, la china Wendi Deng. Puede que a sus 75 años, no todo le haya salido redondo.

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