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César Quevedo NavarroCésar Quevedo Navarro

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¿Para qué modificar la ley cuando con cumplirla es suficiente?

Permalink 03.03.13 @ 13:44:51. Archivado en Actualidad

El título del presente artículo me lo ha sugerido el debate que existe actualmente en la sociedad española sobre una cuestión jurídicamente crucial: la dación en pago con carácter retroactivo. Y es que aunque estoy plenamente a favor de las personas que se vieron obligadas a hipotecarse por el hecho real de no existir un mercado de alquiler suficiente y por el bombardeo alienante de las entidades financieras para que la gente se endeudara muy por encima de lo que hubiera sido razonable, no por eso dejo de comprender que tal solución produciría una grave inseguridad jurídica. ¿Cómo pactar con alguien, hacer un contrato, si el marco legal en el que se establezca el mismo puede cambiar diametralmente? Creo que esto puede ser comprensible incluso para las personas que no estamos demasiado versadas en Derecho.

Sin embargo, no hacerlo así, es condenar de por vida a multitud de personas a arrastrar una deuda que jamás podrán pagar dado que esta se acrecienta con sus correspondientes intereses hasta una cantidad cuasi astronómica.

Cierto que esas personas tampoco han de preocuparse demasiado, puesto que con las perspectivas de ganancia que el actual mercado de trabajo les ofrece, es decir, con unos salarios que en poco casos superarán los mínimos que son inembargables, muy poco les podrán detraer de rentas del trabajo. Ahora, eso sí, quedan condenados a no poder poseer nunca nada pues inmediatamente el banco puede proceder a embargárselo.

Difícil solución, pues. Salvo una revolución social con todos los costes que conllevan tales situaciones. Mejor sería, por tanto, llegar a una solución razonable y absolutamente legal.

Por eso me atrevo a recordar un artículo de la Ley de Enjuiciamiento Civil cuyo contenido e interpretación podría cambiar totalmente esta negra situación.

Y me refiero al artículo 606 de la mencionada ley y cuyo apartado 1º reproduzco a continuación:

“Artículo 606. Bienes inembargables del ejecutado.
Son también inembargables:

El mobiliario y el menaje de la casa, así como
las ropas del ejecutado y de su familia, en lo que no
pueda considerarse superfluo. En general, aquellos bie-
nes como alimentos, combustible y otros que, a juicio
del tribunal, resulten imprescindibles para que el eje-
cutado y las personas de él dependientes puedan atender
con razonable dignidad a su subsistencia.”

¿Y no creen ustedes que la vivienda es algo imprescindible para que el ejecutado y las personas de él dependientes puedan atender con razonable dignidad a su subsistencia, como en dicho artículo se dice?

Considerándolo así, como no puede ser de otra manera, las viviendas para uso personal que no sean lujosas, sino tan solo dignas, no deberían de poder ser embargadas.

Y no creo que se pueda hipotecar un bien inembargable porque eso también produciría grave inseguridad jurídica ya que los contratos sean estos cuales fueren no pueden ir en contra de la ley. ¿No es así, señores juristas? En consecuencia, estamos asistiendo a una serie encadenadas de abusos de derecho cuya conclusión última no puede ser otra más que la anulación de todos los embargos realizados a viviendas que se puedan estimar de primera necesidad.

Criminales, ladrones, asesinos...

Permalink 14.02.13 @ 14:51:15. Archivado en Actualidad

Reconozco de antemano mi absoluta ignorancia sobre el tema cuyo desarrollo estoy iniciando en el presente artículo. Si lo escribo es porque me gustaría entender si las palabras pronunciadas por una representante de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), la señora Ada Colau, contra el representante de los bancos y contra los señores diputados, pudieran considerarse como insultos o calumnias.

Veamos, calumnia es imputar a alguien un delito que no ha cometido y que además es perseguible de oficio. Insulto, en cambio, tan solo es decir algo desagradable a alguien aunque sea cierto. Naturalmente, además de ser desagradable ha de llevar ímplicita la intención de ofender, de injuriar. Ese animus injuriandi del que hablan los expertos en Derecho. Por cierto, yo no lo soy.

A mí me parece evidente que esa señora no pretendió nunca decir que los bancos se habían apropiado de los ejeno con violencia o con fuerza, que es lo que dice, más o menos, el DRAE cuando define lo que es “robar”, cosa que hacen los ladrones. Tampoco creo que pretendiera decir que el digno representante de los bancos y sus representados había matado a alguien con alevosía, ensañamiento o por una recompensa. Quizás sí quiso decir que había causado viva aflicción y disgustos a muchas familias... Porque también el DRAE da esta acepción al verbo “asesinar”. Y claro, obviamente, es asesino quien asesina.

Igualmente, criminal es aquel que comete un delito grave, que, naturalmentente, es perseguible de oficio; y nada de lo enumerado se halla tipificado en el Código Penal. ¿Insulto, quizás? ¿Había animus injuriandi o simplemente el propósito firme y claro de describir unas determinadas conductas?

Veamos cuáles son dichas conductas.

Hubo un tiempo en España que parece ya muy lejano, pero que está muy próximo, en el que milagrosamente reinaba una relativa abundancia. Este país que no hace tanto tenía que emigrar a Alemania resurgió merced la fuente de ingresos que nos proporcionó el turismo. Esto sucedió en las postrimerías del franquismo, pasamos, pues, de una miseria más o menos dignamente llevada a una cierta bonanza económica. Y claro, el capitalismo mundial se dio cuenta de que aquí había negocio. Pero se encontraron con un problema: el franquismo. Curiosamente, este régimen surgido de un golpe militar financiado por el capitalismo nacional, que reprimió duramente a los trabajadores, que alentó a la burguesía, que procuró a los proletarios cierta movilidad social para que así se alejaran de la hidra comunista cuando esta podía ser amenazante.., en fin, que era un sistema claramente conservador y despótico, pese a lo cual había creado puestos de trabajo inamovibles e impedía la libre circulación de capitales, y eso no resultaba muy atractivo para el capitalismo internacional y globalizador.

Este capitalismo había encontrado su panacea en la democracia. Claro que solo podía ser en la falsa democracia, en ese “Estado de Derecho”, como proclaman enfáticamente, o en esa igualdad ante la ley en la que existen infinitos resquicios para burlarla. Y se produjo el segundo milagro español, creo que el primero fue con Franco. Porque este milagro se basó en la ingeniería financiera. No se avanzó en nada sustancial, no se aumentó la productividad basándose en la buena formación del capital humano, no mejoramos nuestras técnicas,. Tampoco la juventud recibiò mejor enseñanza, sino todo lo contrario; aunque eso sí: se dieron títulos con facilidad. Ni los trabajadores mejoraron en derechos, sí en salarios en un principio. Pero, claro, esto último no se podía permitir y entonces vinieron los inmigrantes para abaratar la mano de obra, para proveer de esta a los constructores de viviendas. Una mayoría de estos inmigrantes eran personas honestas, trabajadoras y que habían sido expoliadas en sus respectivos países por los mismos aprendices espurios de Adam Smith que también invadían ya nuestro país.

Bien, a la sazón, en plena euforia económica empezaron a recortarse los derechos de los trabajadores, y colaboraron a ello, sin el menor rubor, los propios sindicatos. Muchos de cuyos miembros gozaban de cierta preeminencia en las empresas, siendo ascendidos a veces por méritos ocultos. Por otra parte, no se respetaba la Constitución en todos sus aspectos. Había uno, muy grave, que se incumplía notoriamente: el derecho a la vivienda.

La verdadera solución para resolver este grave problema hubiera sido promocionar el alquiler. Para ello lo único que se le ocurrió al Sr. Boyer fue pasar de que la duración del contrato de arrendamiento fuera indefinida a que durara tan solo un año. ¿Quién puede alquilar sabiendo que tan solo tiene garantizada la vivienda durante un año? ¿Qué transcurrido este va a encontrarse en la calle?

De modo que la gente, casi todos, se reafirmaron en que lo ideal era tener una vivienda propia, que alquilarla era tirar el dinero. No pensaban que el dinero del alquiler podría ser, más menos, equivalente a los intereses que tenía pagar por la hipoteca. Tampoco pensaban en que los empresarios pedían cada vez más fuertemente la movilidad geográfica. Es decir, en una empresa que tuviera distintas ubicaciones geográficas cualquier empleado podría ser trasladado. Además, aunque lo hubieran pensado hubiesen seguido queriendo comprar. Porque encontrar una casa en alquiler aun siendo solo para un año era como buscar una aguja en un pajar.

Y estas ideas las sustentaban tanto los españoles como los inmigrantes: todos querían comprar. Así que había que construir viviendas nuevas porque si bien todos querían comprar nadie quería vender. La vivienda era una inversión segura, pensaban cándidamente.

En este contexto, numerosos aspirantes a ser propietarios, grave escasez de vivienda en alquiler, contratos de arredamiento de duración irrisoria, construcción de viviendas en auge, salarios más elevados, muchas horas extra... se introdujo una nueva variable que iba a concatenar perfectamente con todo lo anterior: los bancos disponían de dinero en abundancia que les habían prestado a un bajo interés.

Entonces empezaron a hipotecarse casi todos. Nadie leía lo que firmaba, nadie pensaba que la historia de la economía se desarrolla en fases, de expansión y de depresión. Que la demanda de viviendas y la facilidad para obtener créditos disparaba el precio de estas muy por encima de su valor real. A nadie se le ocurría pensar en eso del valor real, la mayoría ni siquiera sabía lo que era. Los bancos, los profesionales, sí debían saberlo; pero callaban. Y no solo callaban sino que inducían a sus clientes a que pidieran incluso más dinero del que necesitaban para comprar el piso, pagar los gastos notariales (tan elevados) y, ¿por qué no?, celebrar el nuevo estatus de propietario adquiriendo nuevo coche o haciendo algún crucero. Por cierto, ¿no es robar apropiarse de lo ajeno mediante el engaño? Bueno, entonces no se apropiaban de nada, es evidente, pero sí lo han hecho luego. Han aprovechado al máximo una ley, la hipotecaria de 1908, que alguien debió cambiar. ¿Quién? Pues sus señorías, a las que también “insultó” la PAH.

¿Y en qué sentido se debió de cambiar? Se habla mucho ahora de la dación en pago. Pero nadie dice nada del sentido de la palabra hipoteca. No del jurídico, que ya sabemos que procede de una ley considerada como la más injusta y regresiva existente en la Unión Europea, sino de su significado según el DRAE. Copio literalmente:

"hipoteca.
(Del lat. hypothēca, y este del gr.
1. f. Finca que sirve como garantía del pago de un crédito.
2. f. Derecho real que grava bienes inmuebles o buques, sujetándolos a responder del cumplimiento de una obligación o del pago de una deuda."

Pero no hagan mucho caso, esta entrada va a ser cambiada. ¿Habrán previsto que alguien diga que el sentido de la palabra no se corresponde con su significación jurídica?

Antes se distinguían entre las hipotecas y los créditos personales o ad honorem. Ahora ya no: entra todo en el saco. Así que si las viviendas se han depreciado por la explosión de la burbuja, y esta se ha producido por la concesión de créditos abusiva e irresponsable, y si quienes los concedieron sí podían prever lo que iba a suceder, como cualquier persona razonable puede comprender, y si muchos de los que los tomaron lo hicieron en un estado grave de necesidad de tener un techo, ¿por qué ahora una persona que no tiene trabajo, que no tiene posibilidad de encontrarlo, que no puede pagar, ha de perder el derecho a la vivienda?

Tras esta digresión vuelvo a lo de la dación en pago. Hay que preguntarse, en primer lugar, si va a tener carácter retroactivo o no. Si no lo va a tener, no sirve para nada. Ningún banco ahora dará dinero a nadie si no garantiza plenamente su cobro mediante la venta de la vivienda. Y eso porque la precariedad del empleo es tal que no puede ofrecer garantía alguna. De ahí que haya disminuido drásticamente la concesión de créditos.

Y si es con carácter retroactivo, se hablará, y será cierto, de la inseguridad jurídica que eso crearía. También se dirá que muchos que están pagando ahora por unas viviendas que valen mucho menos de lo que tienen que pagar, preferirán entregarla al banco. Así que no creo que se acepte tal opción.

Pero, en fin, para terminar me pregunto: ¿es o no un ladrón, un timador, un estafador quien ahora consuma el engaño que hizo tiempo atrás? Y si dicha estafa provoca suicidios se le podrá considerar, de acuerdo con la segunda y tercera acepciones del verbo “asesinar” como un asesino?

Ni lo afirmo ni lo niego, solo dejo esto como una simple reflexión, como una pregunta para la que yo me reservo la respuesta. Otros, con mucha mejor formación jurídica, con mayor capacidad de juzgar, los jueces, evidentemente, deberían dilucidarlo. Claro que primero necesitarán quizás que se reformasen algunas leyes, cosa que corresponde a los legisladores. Y si después de todo este proceso se obtuviera una respuesta afirmativa, sin duda se debería de indemnizar a las víctimas, de resarcirlas.

Los prejuicios anglosajones

Permalink 13.02.13 @ 11:15:57. Archivado en Actualidad

(El presente artículo lo publiqué en otro blog el día 22 de diciembre de 2006. Y como ahora vuelve a ser de actualidad me permito ponerlo aquí)

Sorprendentemente, la sensibilidad ante el dolor de los animales, la capacidad para distinguir entre la racionalidad y la barbarie, el afán de superar brutales tradiciones, el justo deseo de someter al imperio de la ley las conductas que atenten gravemente a los valores propios de una sociedad que pretende evolucionar hacia la civilización… todo eso, tan digno,se califica de “prejuicios anglosajones”. En suma, que la civilización es un prejuicio y que este prejuicio tiene una determinada procedencia geográfica. Y esto lo ha afirmado, en respuesta a unas declaraciones de la Sra. Narbona, no el representante de algún partido de los trogloditas de España (en el supuesto de que existiera tal partido), como sería de suponer, sino de la Izquierda Unida, el Sr. Llamazares. Entiéndase, pues, mi estupor.

Porque lo que ha dicho, según la prensa, la Sra. Narbona, muy coherentemente con una posición de izquierdas, es simplemente que la denominada fiesta nacional es incompatible con el nuevo Código Penal, en el que se contemplan los delitos de maltrato a los animales. Y lo ha dicho muy valientemente ya que con la cantidad de problemas que tiene el PSOE ahora no está la cosa para añadir los que le crearán los taurófilos, y sobre todo los que de un modo u otro viven de este espectáculo denigrante.

Por eso el Sr. Blanco, prestamente, se ha desmarcado de tales declaraciones, y ha prometido luchar con su acerada elocuencia, con su gracioso verbo, para que semejante disparate, el de no matar a los toros en la plaza, el de convertir nuestra sangrienta fiesta en un edulcorado espectáculo circense, se incluya en el programa electoral del partido socialista. No tendrá ocasión, pues, la derecha, de explicar a la izquierda que España sin toros no es nada, que el toro no sufre en la plaza, que el morir convertido en acerico es lo que soñaba en la dehesa y que lo que pide su noble bravura (así se llama a su ceguera y a su estupidez) es morir en la plaza, bajo el ardiente sol, cubierto de sangre y mirando con sus ojos miopes bultos que se le aproximan, le pinchan cruelmente y huyen.

El Sr. Rajoy lo ha dicho bien: “Este debate le baja a uno la moral”. Claro, como si la moral no estuviera ya lo suficientemente baja mirando a quienes nos gobiernan y a quienes tienen la posibilidad de gobernarnos sustituyendo dignamente a los actuales. Por otra parte, no creo que ningún demócrata pueda considerar despectivamente, como él ha hecho, una cuestión que interesa aproximadamente a la mitad de los españoles. Es decir, que interesa que se suprima, y lo digo juzgando por la encuesta que se está haciendo en "El Mundo". Con fecha de hoy, un 46% ha votado afirmativamente a lo que dice la Sra.Narbona.

Pero, aunque la Sra. Narbona pertenezca “a quienes nos gobiernan” me ha dado cierta esperanza. Ojalá haya muchos socialistas coherentes con su origen ideológico, como ella ha demostrado ser al menos en esto. Porque ser de izquierdas y aficionado a los toros es una incongruencia. Ser de izquierdas es querer una sociedad justa, solidaria, culta, ecológica… En la que la violencia y la crueldad merezcan el repudio general y en ninguno caso puedan aflorar. Sin embargo, el espectáculo taurino es de una crueldad inaudita. Se martiriza, se humilla a un animal exclusivamente para divertir a una masa de gente que muestra ostensiblemente los más brutales instintos. Y no digo que se pone en grave riesgo la vida de los lidiadores porque estos acometen esta tarea voluntariamente. No así el animal, al que se puede torear porque apenas ve y porque su cerebro es muy rudimentario. Es verdad que el toro bravo ha disfrutado antes de llegar a su espectacular sacrificio de una vida envidiable para cualquier otro animal. Eso dicen, al menos, los taurófilos. Vive libre, no en un establo, disfruta de un excelente pienso y hasta tiene la posibilidad, si demuestra una gran bravura en la plaza y se le perdona la vida – pocas veces ocurre eso- o si es elegido para este menester en la propia dehesa, de terminar sus días convertido en semental, es decir, regaladamente, bien alimentado y complacido dócilmente por un gran número de hembras. Pero eso no justifica el triste espectáculo de su muerte ni el que haya personas que no sepan ver tras el esteticismo indudable del espectáculo, el suplicio del animal que se manifiesta bien claramente por los horribles mugidos que emite en el transcurso de la lidia.

Tampoco es admisible justificar ese espectáculo en el hecho de que numerosos intelectuales, escritores y artistas lo hayan elogiado. Escritores tan prestigiosos como Freud o Baudelaire han defendido el uso de las drogas e incluso la pederastia tiene entusiastas panegiristas entre grandes filósofos de la antigüedad clásica. Lo que hayan dicho esos escritores tan solo es una vergüenza para ellos, jamás un ejemplo a seguir.

Es natural que la Unión Europea, como ha dicho la Sra. Narbona, se manifieste en contra de tan horrible espectáculo. Esperemos y deseemos los que también somos contrarios al mismo, que los intereses existentes para integrarnos más en Europa sean superiores a los que mueve nuestra mal llamada fiesta nacional. Y que sirva este debate para dejar a cada uno en su sitio. A la izquierda auténtica, la que es progresista e idealista, la que no quiere saber de arreglos y mañas electorales, a un lado; a los trogloditas y a los hipócritas, al otro.

¿Santiago Carrillo, la Transición pacífica o la guerra civil aplazada?

Permalink 20.09.12 @ 14:28:41. Archivado en Actualidad

En el año 1975, fecha en la que muchos entienden, y yo entre ellos, que se inicia la Transición española de un régimen autoritario a otro democrático, yo era un hombre maduro por la edad pero políticamente joven. Es decir, poco o nada fogueado en la lucha política. Eso sí, tenía ideales.

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¿Gestación subrogada o contrato de compraventa de hijos?

Permalink 12.07.12 @ 20:03:43. Archivado en Actualidad

Eso de “gestación subrogada” es el eufemismo que se emplea para evitar llamar vientres de alquiler a las mujeres que por circunstancias de penuria económica o por falta de principios morales sólidos se ponen a disposición de las parejas que no pueden tener hijos, bien sea por alguna patología o malformación genital, o por ser homosexuales.

Según el DRAE “subrogar” significa lo siguiente:

Sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa.

Es decir, en el caso que nos ocupa subrogar la gestación es sustituir a la persona que desea ser madre padre por otra a la que generalmente se le suele pagar ya que, aunque se habla de subrogaciones altruistas, no parece ser que estas prosperen en demasía. Por fortuna, claro, pues sería un altruismo muy mal entendido el que para hacer feliz a una pareja que no puede tener hijos se le quite al propio hijo el derecho a tener madre y padre.

Sin embargo, aunque en todos los casos reciba el mismo nombre no en todos lo casos es lo mismo. Si los que quieren ser padres y no pueden son una pareja heterosexual o dos lesbianas entonces cabe la posibilidad de que se implante un embrión concebido por esta pareja, o por uno de sus miembros, en el vientre de alquiler. Entonces este vientre solo actuará de incubadora. ¿Solo? Porque yo me pregunto: ¿el hecho de que ese embrión permanezca durante nueve meses en su nuevo alojamiento no creará ningún lazo de parentesco? Pero comprendo que esto es una elucubración mía un tanto peregrina, así que no insisto en ello. Lo que sí afirmo es que solo en este supuesto cabe hablar de gestación subrogada y no de compraventa de hijos. Pasaré a los otros supuestos.

Puede ser también que no exista embrión, que el componente masculino de la pareja heterosexual insemine bien artificialmente, bien por el procedimiento todavía habitual, al vientre de alquiler. Y creo que no cabe la menor duda que lo que está haciendo esa pareja es comprarle el hijo a la mujer que lo ha concebido, lo ha gestado y lo ha parido.

Lo mismo sucede en el caso de las parejas homosexuales, pues será uno de los que integran la pareja quien fecundará al vientre de alquiler. O ni siquiera eso, es posible que también contraten al inseminador. Sea como fuere, también aquí se tratará de un caso claro de contrato de compraventa de hijos y no de gestación subrogada.

Para justificar tamaña monstruosidad se dan argumentos que hacen dudar de la solidez mental de quienes los esgrimen. Veamos:

1. Que así se hace feliz a una pareja.
2. Que en los países en donde no existe esa posibilidad se produce un vacío legal puesto que a pesar de no estar permitido se hace.
3. Que los verdaderos padres son los que contratan la gestación subrogada.

A lo primero yo les respondería que la felicidad no se puede obtener a costa de cualquier cosa, que no es admisible obtenerla quitándole un derecho que debería ser fundamental para todos los niños como es el de tener verdaderos padres.

A lo segundo, que el hecho de que no se cumpla lo que está legislado jamás debe servir para suprimir una ley, lo lógico sería exigir su cumplimiento, no derogar la ley.

Y por último que los verdadero padres son los biológicos. Es más, en la actualidad se emplea demasiado frecuentemente eso de “padre o madre biológicos” cuando el decir “padre o madre” tiene el significado implícito de serlo biológicamente. Solo en el caso de ser adoptivo se debería añadir esta palabra. Sin restar ningún mérito, todo lo contrario, al hecho de criar y educar a un niño sin ser hijo propio, la función del verdadero padre o madre no puede ser menoscabada jamás. De hecho los hijos adoptivos cuando son mayores suelen querer conocer a sus padres verdaderos, perdonándoles muchas veces el haberles abandonado quién sabe por qué circunstancias.

De modo que en lo referente a los hijos provenientes de vientres de alquiler, quienes los compraron deberán explicarles a estos, cuando lleguen a una edad adecuada, su verdadero origen. ¿Y qué esperan que ocurrirá cuando lo hagan? ¿Les mostrarán esos jóvenes profundo agradecimiento por haberse aprovechado de la miseria de sus madres para concebirlos o gestarlos? Yo creo que no. Entonces posiblemente empezarán a pagar el crimen que ahora están cometiendo.

En respuesta a Mario Vargas Llosa sobre los toros

Permalink 20.04.12 @ 17:51:33. Archivado en Actualidad

¡Qué pobre la argumentación en defensa del espectáculo taurino la del Sr. Vargas Llosa! Empieza diciendo, en respuesta a la pregunta de la periodista, que él sí se pone en lugar de los toros, pero de los toros bravos, los cuales, si se suprimieran las corridas, dejarían de existir. Pues bien, el toro bravo no es una raza sino el producto de una selección.

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La donostiarra a la que le hedía el sexo

Permalink 22.08.11 @ 20:19:34. Archivado en Actualidad

Hace años conocí a una señora de San Sebastián que, circunstancialmente, vivía en Valencia, como yo. Aunque en mi caso, el hecho de vivir en Valencia, no es precisamente una “circunstancia” en el sentido de hecho fortuito u ocasional, sino más bien a que yo soy nacido en esta bella ciudad del Levante español. Pues bien, como decía, conocí a esta señora que, según me dijo, era natural de San Sebastíán, bellísima ciudad también, y que, de más joven (ya era algo madura) había trabajado como administrativa de una importantísima academia de enseñanza por correspondencia ubicada en la capital donostiarra.

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Antimanifiesto taurino (2)

Permalink 23.04.11 @ 20:23:40. Archivado en Actualidad

Y sigue escribiendo el Sr. Ignacio Mejía:

“Con el toro no sólo salvamos su raza. Con él protegemos, salvamos y perpetuamos un ecosistema único: la dehesa mediterránea, paraíso y vergel de más de medio millón de hectáreas en la península en donde encontramos a cientos de especies animales y vegetales protegidas o en peligro de extinción como pueden ser: el águila imperial, el lince ibérico, la cigüeña negra, el sapillo partero ibérico, la codorniz torillo, el buitre negro, el palmito o la peonía. El toro juega un papel clave como guardián del último paraíso ibérico, de la última frontera frente a la especulación inmobiliaria, del último oasis de vida salvaje de nuestra España en donde aún permanece el misterio de lo cotidiano frente al balanceo magistral de la vida y la muerte sujeto por un soplo de incertidumbre.”

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Antimanifiesto taurino (1)

Permalink 23.04.11 @ 15:24:19. Archivado en Actualidad

En esta dirección se encuentra el manifiesto del Sr. Ignacio Mejía que voy a rebatir seguidamente punto por punto: http://t.co/HwnvAGm

Y lo hago pensando en que muchas personas pueden ser engañadas por las falacias, falsos argumentos, que en él se contienen. Y pensando también, quizás ingenuamente, que algunos aficionados a los toros pueden, mediante el razonamiento, llegar a la conclusión de que este espectáculo es inmoral y por tanto rechazable para toda persona honrada.

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Sostres, el repugnante

Permalink 08.04.11 @ 10:29:18. Archivado en Actualidad

La verdad es que no pensé en escribir nada sobre este turbio asunto y no menos turbio personaje. Ayer, al leer lo sucedido en twitter, estuve tentado, incluso, de comprar El Mundo puesto que ya había sido borrado en la Red el articulillo de marras, pero no cedí a esta tentación pues consideré que el dinero que iba a gastar era una mala inversión y que, por otra parte, tampoco estaba dispuesto a caer en una posible añagaza para vender más periódicos. Porque, la verdad, a mí me resulta muy extraño que el director de un periódico en el que escribe un tipo como el susodicho, no lea antes de publicarlos, unos contenidos siempre sospechosos de suscitar, cuando menos, graves controversias. No olvidemos el escándalo que provocaron las declaraciones de este sujeto cuando dijo aquello de las vaginas y el ácido úrico. Con aquellas manifestaciones, aunque fueran a micrófono supuestamente cerrado, ya se reveló este señor, además de como un experto catador de secreciones vaginales, como alguien muy poco respetuoso con las mujeres.

Pues bien, como decía, al final no compré el periódico, pero más tarde pude satisfacer mi malsana curiosidad en Periodista Digital. Leí la capciosa argumentación del señor Sostres, quien, por una parte. afirmaba no ser partidario del maltrato a las mujeres ni a nadie, de no defenderlo jamás ni justificarlo; pero al mismo tiempo decía que el asesino de la mujer embarazada era “un chico normal”, que no era "un monstruo”.

Claro, y es verdad, tiene su parte de razón el señor Sostres: un asesino no es un monstruo propiamente dicho, que es algo ajeno a la “producción regular de la naturaleza”, como dice el DRAE, aunque también dice, en otra de las acepciones admitidas, que es “una persona muy cruel y perversa”. Y aquí sí que cabría llamar “monstruo” a alguien que por celos, por despecho, por amor propio herido es capaz de segar la vida de una mujer gestante y de una inocente criatura.

Pero también cabría llamar “monstruo”, aunque el DRAE todavía no lo recoja, a quien es capaz de intentar justificar lo injustificable, de mentir diciendo que no dice lo que dice y a quien llama “chico normal” a un despiadado asesino. Y todo para salir en la prensa, aunque sea para recibir denuestos de las personas verdaderamente normales.

Google, los hipocondríacos y los malos médicos

Permalink 05.04.11 @ 20:52:36. Archivado en Actualidad

Desde siempre han existido personas que se preocupan sin verdadero motivo del estado de su salud. Todos conocemos esa deliciosa obra de Molière titulada “El enfermo imaginario”, en la que se pone de manifiesto la penosa aprensión de un burgués que cree estar enfermo y de unos médicos que tratan de complacerle dispensándole todo tipo de remedios para unos males que en realidad tan sólo existían en su imaginación.

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Santiago Segura, el Cervantes de nuestra época

Permalink 24.03.11 @ 13:05:30. Archivado en Actualidad

He dudado mucho antes de poner el título que antecede al presente artículo. Soy un profundo admirador del inmortal autor del Quijote y aunque también soy seguidor entusiasta de Santiago Segura, siempre he pensado que este último no podría jamás compararse con el ilustre manco de Lepanto, que Santiago es un gran humorista, pero nada más que eso.

¿Nada más? ¿Y qué fue Cervantes sino otro gran humorista? Alguien ha dicho que es más fácil hacer llorar que hacer reír, y yo creo que es verdad. Cierto que existe un humor grosero, chabacano, carente de ingenio y que, por tanto, no debería merecer mención alguna. Y muchos piensan que Santiago Segura es un humorista de ese tipo, pero yo creo que se equivocan. Por el contrario, lo que hace el genial cineasta es exactamente lo mismo que lo que hizo nuestro genial escritor cuando gestó su obra más conocida: El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Porque, ¿qué hizo éste sino desmitificar las novelas de caballerías, tan en boga en aquel entonces? Pues bien, en el momento presente no son las novelas de caballerías ni ninguna otra creación literaria las que sorben el seso de una mayoría de gente. No son aquellos caballeros legendarios cuyas hazañas eran seguidas con fruición por menestrales e hidalgos de la época, que penetraban en todas las casas, desde las de más rancio abolengo hasta las más humildes, para llevar un hálito de ilusión en una época de nuestra historia de España en la que la miseria más o menos disimulada era la tónica general. Recuérdese el comienzo de nuestra gran novela:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.

Es decir, la historia que se comienza a narrar es la de un hidalgo de medio pelo, cuya humildad económica era suplida por su gran imaginación y la nutrida biblioteca en la que tenían su asiento las obras más fabulosas de todos los tiempos y en las que valientes caballeros luchaban contra la injusticia, contra el mal. Porque pese a la mezquindad real existente a la sazón la verdad es que la gente de la época, al menos los que se distinguían del pueblo llano, sustentaban profundos ideales, poseían una elevada espiritualidad.

Pero el idealismo cuando no se fundamenta mínimamente en la razón se transforma en locura. Aunque eso si, una locura que produce risa a todos, necios y discretos, pero que a estos últimos pronto la risa se transforma en respeto, en comprensión, triste reconocimiento de las nobles causas que originaron dicha locura. Y esa es la tesis de nuestra inmortal novela: el hombre superior que se vuelve loco en medio de la mezquindad reinante y que contagia con su locura al pueblo llano representado por el bueno de Sancho.

Santiago Segura, como don Miguel de Cervantes, posee aguda inteligencia y una tremenda capacidad de observación. Pero el tiempo que le ha tocado vivir a nuestro genial cineasta es muy distinto al que vivió Cervantes. Los ideales murieron, el más grosero pragmatismo lo impregna todo, los caballeros de la época, es decir: los líderes no tratan de corregir entuertos sino de aprovecharlos en su propio beneficio. Y para eso crea un personaje muy peculiar y yo creo que bastante alejado de la verdadera idiosincrasia de su creador. Creo que todos conocemos ese personaje, por tanto obviaré el describirlo. Pero, ¿no es cierto que tiene grandes similitudes con muchos de los que mueven el mundo en la actualidad? Naturalmente, como en toda parodia de pro, se exageran notablemente los rasgos; pero, en definitiva, no es difícil reconocer en él a tantos que han ocupado y ocupan puestos claves en nuestra sociedad. Además, para mayor inri, este repugnante personaje se rodea de otros no menos repugnantes, a veces: Belén Esteban, Paquirrín, y un largo y variopinto etcétera. También, como no podía ser menos, de grandes actores humorísticos. En suma, mezcla a estos grandes actores con la flor y nata de la basura y basurilla nacional, formando un cóctel verdaderamente explosivo que atraviesa las estragadas papilas gustativas del público provocando hilarantes y saludables risas.

Así ocurrió con el Quijote, que no fue en principio una obra para sesudos pensadores, sino para solaz y enseñanza del pueblo que con la risa alcanzó la comprensión de lo absurdo de las hazañas de aquellos caballeros tan admirados. Ojalá la genial obra de Santiago Segura logre el mismo loable propósito: el de abrir los ojos de muchos para que vean la desvergüenza de esta elite nacional, para que capten la granujería que esconden, para que, en definitiva, los numerosos esperpentos que acaparan nuestras televisiones tan sólo les provoquen risa y jamás se dejen seducir por sus falsos oropeles.

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¿Habrá un juicio final? (26.11.17)

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