El amor al prójimo
31.08.07 @ 14:20:01. Archivado en ´Religión
Hermanos míos, yo no os aconsejo el amor al prójimo: yo os aconsejo el amor al lejano.
En cambio, los cristianos basan su moral en dos pilares fundamentales: el amor a Dios y el amor al prójimo. Dos amores complementarios, pues sin el uno no tendría razón de existir el otro. Es decir, si amamos a Dios, ¿cómo no vamos a amar a sus creaturas? Por otra parte, ¿cómo amar a esas creaturas, tantas veces repelentes, si no recordáramos que aunque pueda no parecerlo han sido creadas por el Sumo Hacedor?
He ahí, pues, el binomio perfecto. Porque el altruismo para el cristiano no existe por sí mismo, tan sólo como resultado del egoísmo. Y ese egoísmo, un egoísmo fundamental, como me parece recordar que dijo Kant, es el que nos hace soportar las imperfecciones, la maldad incluso, de nuestro prójimo sabiendo que gracias a ese bondadoso comportamiento recibiremos ciento por uno, si no es más alta todavía la proporción.
¿Por qué amamos a Dios? Sobre todo porque es poderoso, todopoderoso, y siendo así sería harta imprudencia no reconocerle otras virtudes, como la de justo, la de sabio, etc. Si pensáramos que era injusto o necio un señor tan potente y que además es capaz de leernos el pensamiento hasta en tecnicolor, mal se presentaría nuestra relación con él.
Entonces, ¿cuándo recibo amor de un cristiano puedo sentir alguna satisfacción? La verdad es que no porque no soy amado por mi mismo, por mis cualidades singulares, por mis valores personales, sino tan sólo porque soy hijo de Dios y porque a dicho cristiano le conviene amarme para procurar su salvación. Ya se sabe, recibirá ciento por uno. Por eso no sólo me amará por amor de Dios, sino que también me “redimirá”. Es decir, a cambio de sus favores materiales, me convertirá a su religión. Lo que significa que se aprovechará de mi ignorancia y de mi necesidad para añadir un número más al gigantesco rebaño de creyentes. Eso es lo que han hecho y hacen los misioneros en el mundo, salvar cuerpos, sin duda, pero a cambio de llevarse las almas.
Cierto que ellos se las llevan pensando que las llevan a la salvación, que lo hacen desde el más absoluto convencimiento de estar haciendo el bien. Es posible incluso, quiero creerlo, que respeten la libertad de creer o no creer de esas pobres gentes, que no les obliguen a cambio de un plato de comida a escuchar sus sermones. Pero, de cualquier modo, esas personas, que carecen de bienes materiales, también se ven desposeídas para elegir su religión desde la libertad.
Y a eso contribuyó, sin duda, la beata Teresa de Calcuta, quien amó al prójimo como lo aman los cristianos, por amor de Dios, y que en sus cartas manifiesta claramente la angustia de sus dudas. Angustia, por otra parte, que revela que nunca dejó de ser creyente, pues si hubiera sido así la angustia se habría disipado necesariamente.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
autor
Contacto


