La adolescente chilena o una víctima más
04.08.07 @ 14:17:43. Archivado en Actualidad
Una muchacha en flor, de dulce y perturbadora belleza, llegada del otro lado del océano al archipiélago canario. Un tipo lascivo, violento, sexualmente obsesivo, dispuesto para la violación y el rapto, como existen antecedentes de ello. Una pizca de inconsciencia juvenil, de rebeldía con los padres que le decían una y otra vez que no se aventurara por ese camino solitario en donde, tras tantos recorridos, se truncó terriblemente una vida apenas vivida.
Ahora sólo queda el reinsertar a su asesino. ¿Asesino? Quizás tan sólo homicida. Él no la esperaba en el camino para matarla, sólo quería violarla. Y no pudo hacerlo. Al resistirse la víctima, esto le exasperó. Hay que tener en cuenta que en su “cultura” la mujer suele ceder a los deseos del varón. Es necesario comprenderle, educarle para que viva en una sociedad civilizada. Y para eso con unos pocos años de cárcel y con la debida orientación psicológica es suficiente, se le puede convertir (¡y qué a nadie se le ocurra dudarlo!) en un hombre de provecho, en un joven gentil y caballeroso con las damas.
Porque allí, en prisión, comprenderá que las mujeres tienen derecho a decir que no. Y entonces, cuando sus educadores informen favorablemente al respecto, habrá que dejarle salir aunque sea provisionalmente, darle permisos… ¿para qué vuelva a intentar violar o a violar de verdad? No, puede que sea lo suficientemente inteligente para contenerse o para no dejarse coger. Él sabe que si sigue siendo “bueno” pronto alcanzará la libertad. ¿Qué son siete, ocho, diez años para un chico de 28? Saldrá de la cárcel sano y salvo, hasta quizás con un oficio aprendido o sino habrá aprendido a delinquir con más técnica.
Pero eso sí: Fernanda no saldrá jamás de donde él la ha puesto.
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