Contestando a mi amigo Julio que, a su vez, responde a Javier
29.06.07 @ 00:52:13. Archivado en ´Religión
Comenta Javier, en su blog, una frase que el “ínclito Sr. Cañizares” ha dicho sobre Educación para la Ciudadanía y con la que título este post. La frase, “colaborar con el mal” referida a esa asignatura, para la actual sociedad, resulta excesiva, trasnochada, fuera de lugar. Es casi incompresible que se pueda decir algo así. De hecho, Javier la plantea, corrígeme si me equivoco, como algo que por si solo lo descalifica. Descalificación, por otra parte, evidente, ya que no necesita más explicaciones.
En primer lugar, se haría muy mal en descalificar a Monseñor Cañizares. Simplemente es un genuino representante de la Iglesia Católica española. Quizás también de la mundial, pero digo de la española porque es la única que conozco bien. Así que lo que dice es perfectamente comprensible y además, en estos tiempos de ambigüedades es de agradecer una toma de posición tan clara, tan prístina, tan valiente.
Pues, querido Javier, para mi todo esto no es más que un síntoma claro de una sociedad enferma, decadente y desnortada. Echo de menos a Rafael, el de Logics, que, con mucho más fundamento, nos podría ilustrar en estos temas. A pesar de ello, voy a intentar desarrollar mi opinión con el desparpajo que da la ignorancia.
Vivimos en una sociedad descreída en la que “el mal” es un concepto difuminado, exagerado en el mejor de los casos. Un concepto superado. Hablamos de “un mal”, indefinido; “el mal”, concreto, no existe. Así podemos decir que ETA es “un mal”, pero nos parecería desproporcionado decir, del grupo terrorista, que es “el mal”.
Afortunadamente vivimos en una sociedad así. Ya nadie cree en el demonio ni se queman brujas, etc. Y el mal y el bien son conceptos relativos, no absolutos. Pero cualquier relativista sabe que el relativismo también es relativo. Luego existen conceptos absolutos, muy pocos, pero existen. Por ejemplo, asesinar es absolutamente malo, como lo es también imponer por la fuerza nuestras ideas o nuestras creencias, como se hacía en las sociedades antiguas. Así que moralmente hemos avanzado, no retrocedido como defienden, naturalmente, los retrógrados.
Cuando la moral no existe o no tiene unos contornos nítidos, perdidos entre las brumas del relativismo, todo es justificable. Cuando no se tienen unas referencias morales sólidas, “el mal”, que sería lo opuesto a esas referencias, desaparece. Y eso, si ocurre en términos sociales, nos da una sociedad enferma, decadente, en la que todo es posible. Es posible ser indiferentes ante el aborto y rasgarnos las vestiduras ante la más mínima sospecha de maltrato animal. Es posible pedir el diálogo con ETA y, a renglón seguido, descalificar al Sr. Cañizares por dar una opinión, que, seguro, está muy fundada. Es, en una palabra, una sociedad frágil, fácilmente manipulable.
Nunca la moral ha tenido esos contornos nítidos más que en la calenturienta imaginación de algunos. La sociedad antigua que defendía la esclavitud, en la que amplios sectores sociales carecían de derechos, en la que grotescos fantoches religiosos imponían sus creencias, era profundamente inmoral, más todavía que la actual con todos los fallos que existen y que no es necesario enumerar. Por cierto, luchar contra el aborto no es lo que hacen ciertos beatos hipócritas, sino contribuir a que las estructuras sociales, la educación, etc., hagan imposible que ninguna madre desee abortar. Y maltratar a los animales revela crueldad en quien lo hace, maldad cobarde porque estos difícilmente se pueden defender. Y lo negro es negro y lo blanco es blanco por mucho que se empeñe el poeta en decir que todo es según del color del cristal con que se mira. Un poeta relativista, por cierto, en tiempos en los que todavía no imperaba esa teoría filosófica.
En un mundo relativo, lo absoluto no tiene cabida. Lo malo es que las sociedades, para subsistir, necesitan tener certezas. Lo contrario produce sociedades débiles condenadas a desaparecer.
Un mundo relativo es imposible per se. Veamos, es pura lógica, si todo es relativo también esta afirmación será relativa, luego no es verdad que todo sea relativo. Lo que pasa es que hay que saber distinguir lo relativo de lo absoluto y saber bien qué certezas debemos defender a capa y espada y cuáles no. Eso produce sociedades civilizadas, modernas, avanzadas tecnológicamente y humanísticamente. Y ante ese tipo de sociedades es de esperar que mengüen las otras, las compuestas por fanáticos religiosos.
Por eso, me parece hasta prudente, calificar esa asignatura, sólo, como “colaborador” del mal, ya que profundiza en el pensamiento relativista. El matrimonio, institución forjada durante siglos, es un concepto absoluto, basado en la procreación, por eso está formado por un hombre y una mujer. El diálogo, que esta sociedad quiere convertir en un dios capaz de solucionar todo, está muy bien en su contexto, pero es ineficaz para defender, por ejemplo, a una sociedad amenazada. Está muy bien intentar solucionar las cosas por esa vía, pero presentarte con dos matones talla armario empotrado, como argumentos, en ese hipotético diálogo, ayuda mucho a que la conversación sea más razonable. Porque una cosa es el mundo que nos gustaría y otra cosa es el mundo real. No olvidemos que somos seres humanos, no ángeles.
Pues sí, a mi me alegraría mucho que Monseñor Cañizares y la Iglesia que representa y todas la iglesias del mundo denostaran esa asignatura que pretende o debe pretender, oh monstruosidad, enseñar a los jóvenes a vivir en paz con los demás, a discutir sin insultarse, a respetar las creencias de los otros, pero sin admitir imposiciones… en fin, a vivir en una sociedad democrática. Y sin que ello signifique debilidad alguna, sino por el contrario fortaleza. Antes de pelear hay que cargarse de razón, pero eso sí, cuando el diálogo no baste, cuando alguien pretende reducirnos por la fuerza, se imponen otros procedimientos que no por contundentes dejan de ser razonables. Por cierto, sólo un creyente puede creer que alguien sea un ángel.
Y me alegraría porque así no sería necesario descalificarlos, ellos por si mismos lo harían del mismo modo que ya se ha anticipado a hacerlo el ilustre representante de la Iglesia hispana aludido en un principio.
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